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Un canciller tiene que viajar. Esa es su función, representar al país frente a gobiernos y organismos extranjeros.

Son viajes de Estado. Y por tanto, viajes de representación del país. A veces se viaja a lugares agradables para visitar y conocer, y a veces donde no se tiene más remedio que estar. Puede llegar a ser extenuante pasar mucho tiempo arriba de un avión, lejos del hogar y de la familia, cambiando de huso horario permanentemente, durmiendo en camas diferentes todo el tiempo. Quizás el hecho de volar en clase ejecutiva y contar con viáticos generosos para hospedarse en buenos hoteles le quita un poco de peso al desgaste físico que exige la tarea.

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Pero lo que uno espera de un canciller es que cada viaje que realiza redunde en beneficios para el país. Ya sea en acercamientos con otros gobiernos, en limar asperezas con el contacto diplomático directo, en allanar obstáculos para mejorar las condiciones comerciales, para acercar inversiones o cooperación en diversas áreas, para hacer escuchar la voz y los posicionamientos del país en temas sensibles, o para hacer marketing y promover la “marca país”.

Razones de Estado, fuera de intereses personales. No por nada son viajes que se pagan con los impuestos de los contribuyentes.

El semanario Búsqueda informó que en poco menos de un año, el canciller Mario Lubetkin estuvo 160 días en misión oficial por los que percibió viáticos por más de US$ 80.500.

El equivalente al valor de la camioneta Hyundai Santa Fe que compró el presidente Orsi y que tanto revuelo causó, aunque en ese caso no fuera con fondos estatales (sí con un suculento descuento y una camioneta donada a su campaña, pero ese es otro tema).

Además, Lubetkin fue autorizado a gastar hasta US$ 168.000 en pasajes de clase ejecutiva.

Los destinos y motivos de esos viajes fueron diversos, pero hay uno que se repite insistentemente: Roma.

Mario Lubetkin, canciller de la República

Es, casualmente, donde Lubetkin residió buena parte de su vida en el exilio, donde también desarrolló su carrera como periodista y se desempeñó luego en diferentes cargos en la FAO, la agencia de alimentación de la ONU en donde trabajó previo a asumir como canciller.

De los 160 días en misión, Presidencia de la República le autorizó viáticos para permanecer en Roma durante 48 días.

El 30% de los días de misión en un destino que no se destaca por ser sede de los principales organismos internacionales ni europeos, ni es una “ciudad diplomática” como podrían ser Ginebra o Bruselas.

Hay uno de esos viajes reseñados por Búsqueda que llama particularmente la atención.

Entre el 5 y el 22 de octubre de 2025, el canciller desarrolló en Europa una nutrida agenda que lo trasladó a Roma, Berlín, Bruselas y Barcelona.

Lo llamativo es que desde su llegada a Roma el 6 de octubre, cada visita a los restantes tres destinos europeos se hicieron por el día. En ninguno de esos 17 días de misión en cuatro ciudades europeas el canciller durmió fuera de Roma.

Desde Cancillería informaron que cuando el canciller viaja a Roma se hospeda en “hoteles y casas de amigos” porque “no tiene propiedades en Italia”.

Como todos los caminos conducen a Roma, según el dicho popular, seguramente exista algún motivo de economía en ese trajinar y eso se verá reflejado en la devolución de viáticos que percibe el canciller. De momento, esa información no está disponible, como también informaron desde Cancillería.

O quizás las almohadas de los hoteles italianos ofrecen un confort superior al que se encuentra en el resto de Europa. Si es así, que en la próxima visita incluya la almohada en la cuenta del hotel. Con los viáticos seguro que le alcanza.

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Roma Lubetkin Diplomacia

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