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No te pido que hinches por Argentina. Pero a esta altura del Mundial 2026, ¿vale la pena hincharle en contra?

Me siento a contracorriente por Montevideo en estos días finales del Mundial 2026. La mayoría de los uruguayos quiere que Argentina pierda (y están alineados con buena parte del mundo). Lo quisieron contra Cabo Verde (difícil que no despertara simpatía con su historia de cenicienta, lo reconozco), contra Egipto (y las quejas al VAR), contra Suiza y las críticas por la roja a Embolo. Y también el miércoles ante los ingleses, en uno de los partidos más épicos de la historia de los mundiales.

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Hincho por Argentina, como lo hice en 2014 y 2022. No voy a volver a profundizar en las razones que están escritas en esas columnas: cercanía, cariño, amigos, pero también admiración por una forma de ser muchas veces contradictoria y que se autoboicotea, pero pasional y auténtica. También son como grupo, como idea futbolísitica, todo lo que no fue Uruguay en 2026. Ahora, además, mi hijo mayor, desilusionado tras el fracaso celeste, es más hincha que yo de Messi y sobre todo del Dibu Martínez, lo que hasta me hizo gritar alguno de los goles albicelestes de este torneo.

No pretendo lo mismo de los que los ven como un clásico rival (ellos nunca nos vieron así). Es cierto que cayeron aún peor al inicio del Mundial con la tontería en contra de las cuatro estrellas, un triste reflejo de cómo el vacío argumental de las redes suele copar la agenda. Y es cierto que a veces es difícil sintonizar los canales argentinos, con un ego del tamaño del Obelisco. Me pregunto si nosotros, en una instancia espejo, no estaríamos de un modo similar. Me acuerdo de 2014 y la irracionalidad de reclamos a la FIFA por la mordida de Suárez y me temo que sí. La comparación, reconozco, no es exacta: el problema es que en Uruguay no estamos acostumbrados a ganar, y por ende nunca nos hicieron la tonta acusación que pesa sobre Messi, de que Infantino lo lleva de la mano.

Pero, a riesgo de sonar como un atrevido, te recomiendo que al menos no le sigas hinchando en contra. No lográs nada, y te perdés de subirte a una experiencia única: la de dejarse maravillar viendo cómo la historia se escribe en vivo.

Además, esta final es muy diferente a aquella de 2014, e incluso la de 2022. Si lo que querés es ver el ego porteño derrotado, no lo lograrás. Este equipo ya tiene el cielo ganado, pase lo que pase. Si pierden verás algo de dolor, pero sobre todo mucho reconocimiento. Se lo ganaron en este tiempo. Y si ganan… bueno, ahí si tendrás que bajarle el volumen a la tele un rato, mientras ves clips de Messi en loop.

Estamos viviendo la era Messi. Como la de Pelé volviéndose la primera estrella global del fútbol, la de la Holanda del 74 y su transformación del deporte, la era Maradona, el Brasil de Ronaldo y sus estrellas, la era de Guardiola y la nueva reinvención del fútbol a partir de la posesión…

Ya vivimos la era Messi durante mucho tiempo mientras acumulaba récords en sus clubes. Y de 2021 a esta parte, como máquina de ganar con la selección argentina. En 50 años, cuando se repase la historia del fútbol, habrá un nombre marcado en negrita en estos tiempos: el del 10 argentino. Y será una de las eras más destacadas.

¿Te imaginás lo que deben haber sentido los contras de Pelé mientras levantaba copas? ¿Qué sentís cuando un inglés se queja de La Mano de Dios? Bueno, avanzá y llegá a 2026: ahí están los que gritan el gol de Inglaterra y se quedan mudos con las asistencias de Lionel Andrés Messi Cuccittini para los goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez.

Messi es símbolo y líder futbolístico a sus 39 años. Es también capitán y peleador, como no lo era a los 25. No canta el himno, lo grita. Se pone el equipo al hombro, va, juega, elude, pero también choca, se lleva jugadores por delante y los insulta. Aparece cuando debe, midiendo al límite un cuerpo que ya debería estar pasado de su fecha de vencimiento, y termina haciendo la diferencia. Como leí por ahí: juega con la urgencia de quien sabe que pronto ya no podrá hacer lo que más ama en el mundo. Y eso lo enciende más, incluso, que un segundo título del mundo.

Desafía las leyes de la longevidad deportiva, transformando su juego y el de su equipo. Pero también transformando el fútbol, táctica y estratégicamente. Hasta las estrellas jóvenes están copiándole eso de pararse, caminar y esperar el momento.

Por todo eso, quizás sea mejor mirar la final no en clave hincha del cuadro contrario, sino en clave de admirador del fútbol. De la historia más grande del fútbol escribiéndose en vivo y en directo.

Temas:

Lionel Messi Mundial 2026 Selección Argentina

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