Los Juegos Suramericanos 2026 en Argentina, más conocidos como los Juegos Odesur no solo dejaron logros deportivos para la delegación uruguaya -y seguramente, seguirán dejando-, sino también conmovedoras historias de vida e integración. Dos atletas nacidos en el extranjero, que encontraron en Uruguay un nuevo hogar y una cálida bienvenida, se subieron al podio luciendo la celeste y escribieron páginas de gloria en sus respectivas disciplinas.
El primero de ellos, Sandy Caraballo, originario de Cuba y nacionalizado uruguayo, conquistó la medalla de bronce en la categoría de +100 kilos en judo.
Su logro no solo reafirma su gran nivel, sino que sostiene una impresionante tradición: el judo uruguayo mantiene la racha de ganar al menos una medalla en cada edición de los Juegos Odesur desde Santiago 1986, habiendo sido Rosario 1982 la única cita en la que no se obtuvieron preseas.
Desde Irán a Uruguay sin escalas
Otra de las historias involucra al luchador nacido en Irán e igualmente adoptado por Uruguay, Mohammadreza Beykzadehse, quien se adjudicó la medalla de bronce en la categoría de 125 kilos en lucha libre.
Su logro quiebra una sequía histórica de 32 años sin subir al podio en este deporte, desde que Germán Álvez obtuvo la plata en -68 kilos en 1994.
La única otra presea en la disciplina la había conseguido Willian Bouza en Lima 1990, también de bronce.
Más allá de los récords y las estadísticas, ambos deportistas encarnan el espíritu de superación y la gratitud hacia una sociedad uruguaya que los acogió con los brazos abiertos.
Hoy, devuelven ese afecto representando con honor a su bandera de adopción.