6 de noviembre de 2026 21:05 hs

El papa León XIV aprovechó su visita a la Catedral Metropolitana de Montevideo para lanzar un pedido a los obispos de todo el mundo: que promuevan jornadas de oración y ayuno para fomentar las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. La propuesta surgió a partir de una experiencia de la Iglesia uruguaya, que comenzó a rezar con ese propósito después de que en 2024 el seminario diocesano no recibiera nuevos candidatos.

"Quisiera que esta experiencia de Uruguay encontrara eco en toda la Iglesia", expresó el pontífice durante la celebración de la oración vespertina.

Y agregó: "Desde esta catedral de Montevideo, invito a mis hermanos obispos de todo el mundo a promover en sus diócesis jornadas de oración y ayuno por el aumento de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada".

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León XIV pidió que las parroquias, las familias y las comunidades religiosas se sumen a la iniciativa y puso como ejemplo la perseverancia de los fieles uruguayos.

El papa recordó que, ante la ausencia de nuevos ingresos al seminario en 2024, un grupo de católicos comenzó a organizar jornadas de oración y ayuno para pedir nuevas vocaciones. Según señaló, esa práctica se mantuvo en el tiempo y actualmente varios jóvenes han comenzado su formación religiosa.

"¡Qué alegría saber que siguen habiendo respuestas generosas al amor de Cristo!", expresó.

El pontífice agradeció a quienes sostuvieron la iniciativa y consideró que los nuevos ingresos constituyen una respuesta a esas oraciones.

La referencia a Artigas y al beato Jacinto Vera

El discurso comenzó con una referencia a la historia uruguaya y al lugar donde se desarrolló la celebración.

León XIV destacó que la Catedral Metropolitana conserva recuerdos importantes para el país, entre ellos la pila bautismal donde fue bautizado José Gervasio Artigas, que definió como un "signo de la fecunda contribución de la Iglesia al bien del país". "Allí comenzó para él una vida nueva, como hijo de Dios", señaló.

Más adelante, el papa recordó al beato Jacinto Vera, primer obispo de Montevideo, cuyos restos descansan en la catedral. Destacó sus recorridas por el territorio uruguayo para llevar el mensaje cristiano, su cercanía con los pobres y su dedicación a quienes necesitaban ayuda.

Para ilustrar su figura, citó el testimonio de una religiosa que lo conoció durante años y que, al describir su comportamiento cotidiano, sostuvo que "de verlo nada más parecía que estaba siempre en oración".

León XIV utilizó ese ejemplo para transmitir que la evangelización no depende únicamente de las palabras, sino también de la manera en que los religiosos se relacionan con las personas.

El desafío de una sociedad donde muchos jóvenes crecieron lejos de la Iglesia

Otro de los ejes del discurso estuvo vinculado a las dificultades que enfrenta la Iglesia para transmitir su mensaje a las nuevas generaciones.

El papa hizo una referencia explícita a Uruguay como una tierra "donde muchos de nuestros contemporáneos apenas conocen a Jesucristo y tantos jóvenes han crecido lejos de la vida de la Iglesia".

Ante esa realidad, sostuvo que el testimonio personal de sacerdotes y religiosos puede resultar decisivo. Planteó que la forma de mirar, escuchar y acompañar a quienes sufren puede despertar en otras personas el interés por conocer la fe cristiana.

En ese sentido, pidió a quienes integran la Iglesia que no pierdan de vista el sentido de su vocación ni queden atrapados en la búsqueda de reconocimiento, en sus propias obras o en la necesidad de mantener todo bajo control. "Necesitamos preguntarnos dónde está nuestro corazón", expresó.

Un reconocimiento a los sacerdotes que envejecieron ayudando a los demás

León XIV dedicó parte de su intervención a reconocer la labor cotidiana de sacerdotes y personas consagradas, especialmente de quienes llevan décadas trabajando en sus comunidades.

Recordó a quienes acompañaron a generaciones enteras, escucharon confesiones, atendieron enfermos, prepararon alimentos y ayudaron a personas que atravesaban situaciones difíciles. "¡Qué hermosas son las manos que han envejecido haciendo el bien!", afirmó.

El pontífice también se refirió al desgaste que puede provocar el trabajo religioso, particularmente cuando los resultados no son visibles, las fuerzas disminuyen o es necesario comenzar de nuevo. Frente a esas dificultades, pidió perseverancia y unidad.

A los seminaristas y novicios les recomendó aprender de quienes llevan años dedicados a la vida religiosa. Y a los sacerdotes y consagrados de mayor trayectoria les pidió volver a lo esencial de su vocación.

Hacia el final, León XIV llamó a los religiosos a sostenerse mutuamente, incluso cuando estén separados por grandes distancias, y a mantener la comunión con el sucesor de Pedro. El papa cerró su intervención con una referencia a la Virgen María y una oración para que los fieles mantengan su vínculo con Jesucristo hasta el final de sus vidas.

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