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El emprendimiento titulado Vitivinicultura como cultura viva del Uruguay”, para el cual existe un fuerte empuje brindado desde el gobierno y desde del sector privado, fue presentado en la sede de la Cancillería del país, donde se firmó la Declaración del Palacio Santos.

Allí, al mediodía de este miércoles 22 de abril, rubricaron el vínculo el ministro de Relaciones Exteriores, Mario Lubetkin; el ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahía; y el presidente del Instituto Nacional de Vivitinicultura (Inavi), Diego Spinoglio.

La Declaración del Palacio Santos es una expresión del compromiso con la gobernanza y el desarrollo de una agenda que contempla la proyección internacional de la vitivinicultura como cultura viva del Uruguay, a través de acciones de diplomacia cultural, con el apoyo de las embajadas y consulados uruguayos.

“Vitivinicultura como cultura viva del Uruguay” tiene como objetivo posicionar a la vitivinicultura uruguaya en la agenda pública nacional como una expresión de la cultura viva del país, destacando su vínculo con los saberes y oficios, la memoria, los paisajes, la arquitectura, los archivos y las comunidades, entre otras manifestaciones asociadas.

En la presentación de este emprendimiento participaron la subsecretaria de Relaciones Exteriores, embajadora Valeria Csukasi; la subsecretaria de Educación y Cultura, Gabriela Verde; el subsecretario de Ganadería, Agricultura y Pesca, Matías Carámbula; otras autoridades nacionales y departamentales; integrantes de familias referentes en la vitivinicultura uruguaya; y se observó una presencia relevante de integrantes del cuerpo diplomático, tanto del acreditado en el país como uruguayo.

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La firma de la Declaración del Palacio Santos.

El contexto

En la actividad, además de las oratorias de Lubetkin, Mahía y Spinoglio, se emitió un mensaje especial que envió John Barker (director general de la Organización Internacional de la Viña y el Vino – OIV), hubo una narración de la escritora y catadora Amanda Barnes sobre los vinos uruguayos como expresión de memoria, territorio y proyección, se estrenó una muestra de obras de la artista plástica Gabriela Rieiro titulada “El alma del vino” (abierta al público hasta el 30 de abril, en la Sala Figari), hubo una degustación de vinos y aportó su show el trío Bandoneonas.

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Colectivo musical Bandoneonas.

Lubetkin: “Cuando se abre una botella de vino se cuenta una historia”

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Mario Lubetkin, canciller de la República.

Lubetkin, en el inicio, elogió cómo quedó el salón –con su icónico vitral– y el patio del Palacio Santos donde se desarrollaron las actividades, tras una reciente restauración: “Este patio, que ya era maravilloso, combinado entre lo cultural, lo productivo y la energía que todos tenemos, se ha transformado en algo mágico”.

Añadió que para el Ministerio de Relaciones Exteriores era “un gusto albergar el lanzamiento de esta idea de la viticultura como cultura viva del Uruguay”, una iniciativa que “no solo busca proyectar nuestro vino al mundo, sino posicionar el modelo uruguayo como un referente internacional”.

Para esta Cancillería integrar la gobernanza de este programa liderado por el Inavi y en colaboración con diferentes instituciones del Estado es y será una prioridad Para esta Cancillería integrar la gobernanza de este programa liderado por el Inavi y en colaboración con diferentes instituciones del Estado es y será una prioridad

Tras señalar que la función del ministerio es actuar como articulador institucional y potenciar la proyección exterior del país, señaló que “la iniciativa vitivicultura como cultura viva es muy ambiciosa”, instando a promover esa actitud: “No tengo temor a que tengamos la audacia de ser ambiciosos, así tenemos que ser, a veces somos menos de lo que tenemos que ser, pero este es un país potente y nos tenemos que convencer cada día más de la potencia que tiene Uruguay”.

“No buscamos simplemente vender un producto, sino transmitir un concepto (…), la cultura de la producción vitivinícola reúne valores tradicionales, paisajes, patrimonios, arquitectura y, sobre todo y cada vez más, y eso no estaba planteado en el pasado, identifican con nuestra identidad”, indicó.

El canciller mencionó que “la historia de la viticultura uruguaya es la historia justamente de nuestros inmigrantes, de la inmigración, que sin duda ha sido una componente constitutiva de un país que nació abierto al mundo y que mantiene hasta el día de hoy esa misma vocación”.

Dijo, en una sala desbordada por el público, que “cuando se abre una botella de vino uruguayo, en el mundo y eso lo hemos vivido, se cuenta una historia, la historia de nuestros emigrantes españoles, vascos, gallegos, asturianos, catalanes, de nuestros emigrados franceses o italianos que vivieron en el Uruguay, una tierra fértil y pacífica que los abrazó, los acogió, donde pudieron cosechar y soñar el fruto del esfuerzo, el fruto de la presencia, de la reconstrucción de la familia y pensar al futuro”.

A ese legado histórico se ha sumado, apuntó, “la innovación y la transformación de la producción liderada por Inavi y las familias, sus familias y las empresas bodegueras”.

El resultado, complementó, “es un producto de alta calidad, con un perfil propio, que ya ocupa un lugar en las mesas selectas del mundo y por eso desde este ministerio impulsaremos el proyecto a través de acciones de diplomacia cultural y comercial, instrumentos de acción estratégica de nuestra política exterior y en una alianza muy estrecha con el Ministerio de Cultura y con el ministro, con quien tenemos este y otros tantos proyectos, porque van en la misma línea filosófica de lo que estamos expresando”.

Lubetkin anunció, sobre el cierre de su mensaje, que se reforzará la participación de Uruguay en ámbitos multilaterales, “donde la viticultura como sistema cultural vivo pueda ser presentado como un ejemplo de éxito”, señalando como espacios de referencia “la Unesco, donde somos miembros del consejo directivo, la Organización Internacional de la Viña y el Vino y otros, para dar este impulso”.

Finalmente, reiteró el compromiso de la Cancillería para seguir generando información comercial estratégica y abrir oportunidades para que las empresas nacionales conquisten más y mejor los mercados: “El acuerdo del Mercosur con la Unión Europea, nuestras acciones con los países asiáticos, que estamos construyendo como estamos construyendo con otras regiones, nos estimulan cada día más para reforzar este esfuerzo que no es individual, sino es colectivo”.

Mahía y un maridaje “que hace a la identidad uruguaya”

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José Carlos Mahía, ministro de Educación y Cultura.

El ministro de Educación y Cultura, tras generar risas en el auditorio al comentar que en un momento ideal para brindar con vino lo habían invitado a “tomar la palabra”, comenzó su exposición definiendo como “fantástico” al entendimiento con el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Inavi.

Aludió luego a una expresión del canciller Lubetkin, quien habló de una cuestión de identidades: “Sí, claro, es una cuestión de identidades, de relatos, de paisajes, de memorias”, identidades que “podemos potenciar”.

Enseguida, sobre el valioso aporte de las personas que emigraron a Uruguay y gestaron gran parte del desarrollo de la cultura vitivinícola –señalado también por el canciller–, destacó la existencia en el país, en la enorme mayoría de los casos, de bodegas pequeñas, familiares, emprendimientos que muchas veces van de generación en generación y narró una historia que involucra a su familia, a la bodega Spinoglio en el área de Las Piedras, de donde es originario el exintendente Marcos Carámbula (cuya presencia en la sala fue destacada por Mahía, “somos originarios, sus hijos también, conocen profundamente lo que es la identidad y la cultura del vino”, dijo en ese momento), resulta que el técnico vinificador (lo que hoy es el enólogo), así decía el carné, de la bodega Campomar, que era la predecesora de la bodega Spinoglio, era mi abuelo, que era emigrante español y llegó, como tantos, a construir este país con quienes son originarios de la Banda Oriental y quienes son originarios de otras diversidades y otros destinos”.

Luego, sobre por qué el ministerio, junto con Cancillería, hay un apoyo a la iniciativa que lidera el Inavi, afirmó que “todo lo que hace al vino, desde quien está al inicio de toda la cadena al final, hacemos, como dicen a veces las etiquetas, un buen maridaje, ese tipo de combinación que hace a la identidad uruguaya”.

El Ministerio de Educación y Cultura no podía estar ajeno porque, además tiene junto con ANEP el lugar donde se forman quienes hacen los vinos del Uruguay El Ministerio de Educación y Cultura no podía estar ajeno porque, además tiene junto con ANEP el lugar donde se forman quienes hacen los vinos del Uruguay

“Como la cultura es uno de los factores fundamentales de la integración de valores en la sociedad, vamos a seguir trabajando en el territorio nacional y en lo que nos competa a nosotros, apoyándonos en la Cancillería, en las identidades culturales que hacen al país y a todos nosotros”, concluyó.

Spinoglio: “La viticultura no se agota en la viña ni en la bodega”

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Diego Spinoglio, presidente del Inavi.

El presidente del instituto marcó que la jornada que se vivía “tiene para nosotros un valor muy especial”, porque “abre una agenda pública que busca reconocer a la vitivinicultura uruguaya como parte viva de la cultura del país”.

“Cuando hablamos de vitivinicultura como cultura viva hablamos de algo más amplio que la dimensión productiva del vino, hablamos de saberes de oficios transmitidos entre generaciones, de familias y trabajadores, de bodegas, archivos, herramientas, memorias y paisajes, hablamos en definitiva de una historia de trabajo, inmigración, transmisión y arraigo, ese es el corazón de esta iniciativa”, explicó.

Agradeció a esas familias de vitivinicultores, con varios integrantes de las mismas presentes en el Palacio Santos, “y a todos quienes sostienen cotidianamente de esta cultura viva”. “El programa que hoy presentamos propone abordar la viticultura uruguaya como un sistema cultural vivo, articulando patrimonio material, patrimonio material y paisaje cultural, y propone hacerlo desde mirada cultural, patrimonial e institucional orientada a reconocer, documentar, activar y proyectarse, esta agenda pone en el centro a las personas, comunidades, familias y trabajadores, no son un contexto secundario, son portadores y custodios de ese patrimonio vivo”, comentó.

Agregó que “esta visión integra además otras dimensiones que le dan espesor y sentido. El paisaje, la sostenibilidad, la gastronomía, la hospitalidad, la arquitectura, las artes asociadas. La viticultura no se agota en la viña ni en la bodega. Dialoga con la memoria construida, con el territorio y con las formas de compartir identidad”.

Spinoglio recordó el Día del Patrimonio 2024, con la vitivinicultura como eje temático, porque “confirmó que existe en Uruguay un patrimonio vitivinícola visible y una base social y cultural sobre la cual trabajar, esto para Inavi tiene una importancia estratégica en un momento donde la discusión internacional sobre patrimonio cultural vitivinícola, paisaje, comunidad y sostenibilidad es cada vez más relevante y es además una gran oportunidad concreta de cooperación técnica con la OIV”.

“Entendemos que Uruguay tiene condiciones para desarrollar una propuesta propia con identidad, rigor y vocación de diálogo internacional”, remarcó.

Luego informó, sobre el acuerdo alcanzado, que en una primera etapa, durante los próximos dos años, el objetivo es llegar a un resultado concreto, una gobernanza operativa, una base real de evidencia y documentación, experiencia de pilotos visibles en territorio, una agenda cultural nacional e internacional en marcha y una base sólida para una institucionalidad futura, “por eso, en primer lugar, debemos consolidar una gobernanza interior clara con corresponsabilidad entre el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Educación y Cultura e Inavi, e integrar a intendencias, academias, archivos, museos, actores territoriales y organizaciones del sector.

En segundo lugar, dijo, “debemos iniciar un proceso serio de inventario y documentación del Sistema Cultural Vitivinícola Uruguayo, relevar prácticas, saberes, relatos, bienes materiales, archivos, colecciones y paisajes, y construir una primera base de memoria organizada”.

En tercer lugar, agregó, “nos proponemos desarrollar una agenda de archivos, museografía viva y educación patrimonial”.

En cuarto lugar, “queremos impulsar uno o dos pilotos territoriales donde esta visión pueda expresarse en el territorio a través de paisaje cultural, memoria local, participación comunitaria y articulación entre cultura, vino y desarrollo territorial”, apuntó.

Finalmente, anunció Spinoglio, “buscaremos proyectar esta agenda hacia el exterior mediante diplomacia cultural, y cooperación técnica internacional con la OIV y otros organismos para intercambiar buenas prácticas, fortalecer conceptualmente esta iniciativa y posicionar a Uruguay como un caso de referencia en este campo”.

En ese recorrido, destacó, el rol del instituto será el de impulsar, como articulador técnico sectorial de esta iniciativa, para aportar conocimiento del sector, capacidades de coordinación, vínculos con bodegas, viticultores, comunidades, “y contribuir a que esta agenda tenga una base real, continuidad y capacidad de ejecución”.

Finalmente, afirmó que “este programa solo podrá crecer plenamente si es una construcción compartida, con legitimidad cultural, anclaje territorial y corresponsabilidad institucional, por eso para nosotros el acto de hoy es también una invitación a mirar la vitivinicultura uruguaya en toda su profundidad, a reconocer que en ella hay memoria, saberes, comunidad, paisaje, cultura alimentaria, patrimonio construido y proyección, y a entender que cuidar y proyectar esa cultura viva es también una forma de cuidar y proyectar una parte valiosa del Uruguay”.

Si tuviéramos que sintetizar el espíritu de esta iniciativa en tres palabras, serían estas: memoria, territorio y proyección, memoria de lo recibido y transmitido, territorio como paisaje vivido, comunidad y cultura, proyección como una identidad abierta y compartida con el mundo, ese es el espíritu con el que hoy damos este paso Si tuviéramos que sintetizar el espíritu de esta iniciativa en tres palabras, serían estas: memoria, territorio y proyección, memoria de lo recibido y transmitido, territorio como paisaje vivido, comunidad y cultura, proyección como una identidad abierta y compartida con el mundo, ese es el espíritu con el que hoy damos este paso

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