Las 4 fuerzas que van a definir los mercados en 2026: guerra, IA, energía y deuda
La economía global entra en una nueva fase: el gasto militar emerge como principal motor ante la debilidad del crecimiento privado, la inteligencia artificial absorbe capital a escala récord, la energía se convierte en el principal cuello de botella y la liquidez empieza a mostrar límites.
En 2026, la economía global se encuentra con cuatro fuerzas que se encadenan con una lógica cada vez más evidente: la tensión geopolítica impulsa el gasto, la IA devora capital, la energía emerge como el principal límite físico y la liquidez tensiona el ritmo de expansión. Más que tendencias aisladas, se trata de dinámicas interdependientes.
En primer lugar, asistimos al nacimiento del “keynesianismo militar” en Europa. Ante la falta de motores privados, el crecimiento del continente depende de impulsos masivos, como el plan alemán de 1 billón de euros en infraestructura y defensa. Esta urgencia converge con una apuesta de US$ 500.000 millones en inteligencia artificial, una cifra récord liderada por los hyperscalers que, en 2026, deberán cruzar el umbral de la monetización para demostrar su rentabilidad real.
Sin embargo, esta ambición digital está chocando con los límites de la realidad física. La estrategia “Power First” domina el tablero: la búsqueda de energía para centros de datos, que podrían consumir cerca de 1.000 TWh para 2030, está estresando las redes eléctricas y elevando los costos para los usuarios.
Finalmente, todo este despliegue ocurre bajo una creciente tensión crediticia, especialmente en sectores como infraestructura, donde el agotamiento de la financiación pública y el alto costo de la deuda amenazan con frenar el ritmo de expansión.
Entender cómo interactúan la defensa, la inteligencia artificial, la energía y la liquidez es clave para interpretar el escenario global.
Cambios Geopolíticos y Mercados de Defensa
El sector de defensa se consolida como una de las principales palancas de crecimiento global. Los choques geopolíticos de 2025 pusieron en duda el liderazgo de Estados Unidos, provocando un desplazamiento de capital hacia empresas de defensa europeas.
Daniel Rodríguez Asensio señala que Europa enfrenta un “estancamiento secular” y que su retorno al crecimiento depende de un impulso masivo en infraestructura y defensa, fenómeno que define como “keynesianismo militar”.
En la misma línea, un informe de Michael Roberts para el IADE sostiene que las expectativas de la eurozona están puestas en el gasto financiado con deuda ante la debilidad de otros motores económicos.
Esto se refleja en el caso de Alemania, que aumentará un 32,5% su gasto en defensa en 2026, pasando de 62.430 millones a 82.700 millones de euros, en el marco de un plan más amplio de 1 billón de euros en infraestructura y defensa.
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Además, dentro de la OTAN comienza a consolidarse la idea de reducir la “codependencia” con Estados Unidos, reforzando la estrategia de autonomía en defensa.
En un contexto de crecimiento débil, con Alemania y Francia proyectando apenas un 1%, el gasto en defensa aparece como el único motor público relevante.
La brecha de crecimiento
El escenario global muestra una divergencia clara.
Estados Unidos se encamina a crecer por encima del 2% en 2026, impulsado por la inversión en inteligencia artificial y estímulos fiscales, mientras que el resto del G7 apenas se ubicaría en torno al 1%, manteniéndose cerca del estancamiento.
Esto configura una brecha donde EE.UU. avanza con mayor dinamismo mientras sus aliados quedan rezagados.
El comercio global también enfrenta tensiones: distintas proyecciones anticipan que su crecimiento podría moderarse en torno al 2,3% en 2026 (desde el 3,5% en 2025), en un contexto donde Estados Unidos mantiene aranceles elevados en sectores estratégicos.
Este escenario encarece el comercio y afecta especialmente a economías exportadoras de materias primas, como las de América Latina.
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2. Inversión en Inteligencia Artificial (IA) a Escala
La inteligencia artificial se ha convertido en el mayor sumidero de capital de la historia corporativa.
Goldman Sachs proyecta que el capex de los hyperscalers superará los 527.000 millones de dólares en 2026, frente a los 400.000 millones de 2025. Este gasto está liderado por Amazon, Microsoft, Alphabet, Meta y Oracle.
Solo Amazon planea invertir 125.000 millones de dólares, principalmente en capacidad energética y desarrollo de chips propios como Trainium.
Este flujo de capital está actuando como un estímulo indirecto para sectores como semiconductores, construcción y servicios públicos.
Al mismo tiempo, la ocupación de centros de datos podría alcanzar el 95%, generando una “prima de escasez” que eleva costos en componentes clave como sistemas de refrigeración y transformadores.
Límites físicos y estrategia “Power First”
La escala de inversión está chocando con restricciones materiales:
Saturación de infraestructura
Escasez energética
Limitaciones de espacio
Esto consolidó la estrategia “Power First”, donde asegurar energía es más importante que la ubicación del centro de datos.
Los centros de datos podrían consumir cerca de 1.000 TWh anuales para 2030, equivalente a aproximadamente el 3% de la demanda global.
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Riesgos de Sostenibilidad y Calificaciones Críticas
La escala de la IA plantea desafíos ambientales que las instituciones financieras están empezando a penalizar. S&P Global Ratings advierte que la mayoría de los centros de datos que no tengan conexión directa a energía baja en carbono, especialmente los utilizados para entrenar IA, recibirán una calificación de sostenibilidad "Naranja" debido a su desmedida demanda eléctrica.
Además, se proyecta que el consumo de agua para refrigeración y fabricación de chips suba a 1.200 millones de metros cúbicos para 2030, equivalente al consumo anual de una ciudad de 7,5 millones de personas
En hubs como Virginia, la demanda de los centros de datos está impulsando el primer aumento de tarifas eléctricas residenciales desde 1992 (proyectado en 8,51 USD adicionales al mes para 2026), lo que genera tensiones en las comunidades locales.
El Nuevo Monopolio Digital del Cómputo
La masividad de la inversión está creando una brecha competitiva que podría ser insalvable para otros actores. Para finales de 2026, la brecha de capacidad de procesamiento (compute) podría establecer un nuevo tipo de monopolio digital, donde solo un puñado de firmas poseerá la infraestructura necesaria para ejecutar los modelos más avanzados.
Gigantes como Google y Amazon están diseñando sus propios chips para reducir la dependencia de terceros y consolidar su control sobre la infraestructura física hacia 2027
Existe en este sentido, el riesgo de que gran parte de la rentabilidad actual sea "ficticia", basada en ganancias de capital en bolsa; si los retornos de la IA son menores a lo esperado, podría ocurrir una grave corrección del mercado en 2026
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Emisión de deuda sostenible en el sector de centros de datos* El gráfico solo incluye emisiones específicamente destinadas a centros de datos. Los emisores pueden financiar centros de datos con fondos “verdes” que no estén explícitamente etiquetados para este fin. Fuente: Base de datos de bonos de financiamiento ambiental; S&P Global Ratings.
El auge energético y los centros de datos
El eje de la inteligencia artificial se está desplazando desde el desarrollo de software hacia la infraestructura física, especialmente hacia los centros de datos y el acceso a energía.
En términos de demanda eléctrica, la brecha es cada vez más evidente. Mientras el consumo global crece a un ritmo cercano al 4% anual, los centros de datos lo hacen en torno al 15%, y los servidores optimizados para inteligencia artificial avanzan a una velocidad cercana al 30%. Esto implica que la demanda energética vinculada a la IA crece varias veces más rápido que la del sistema eléctrico en su conjunto.
geopolitica 8
Según la Agencia Internacional de Energía, los centros de datos podrían triplicar su consumo eléctrico hacia 2035. Para 2030, se estima que llegarán a consumir cerca de 1.000 TWh anuales, lo que representaría aproximadamente el 3% de la demanda global.
Frente a esta presión, las empresas tecnológicas están modificando su estrategia de expansión. Ante la escasez de capacidad disponible, el foco ya no está únicamente en la construcción de nuevos centros de datos, sino en asegurar el suministro energético necesario para operarlos. Esto implica priorizar contratos de energía firme antes de definir ubicaciones, invertir en generación propia bajo esquemas “behind-the-meter” y acelerar acuerdos vinculados a nuevas fuentes como reactores modulares pequeños (SMRs) y proyectos de energía geotérmica.
En este contexto, se estima que la geotermia podría cubrir hasta el 64% del crecimiento de la demanda de los hyperscalers en Estados Unidos.
La conclusión es clara: la carrera por la inteligencia artificial no la va a ganar únicamente quien tenga la mejor tecnología, sino quien pueda garantizar acceso a energía de forma más rápida y estable.
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Riesgos de liquidez en el crédito privado
El frente financiero aparece como uno de los principales factores de riesgo para 2026. El sector de infraestructura, clave para sostener el despliegue de energía y centros de datos, enfrenta una “tormenta perfecta” marcada por el agotamiento del financiamiento público, el encarecimiento del crédito en un contexto de tasas elevadas y los retrasos persistentes en la ejecución de proyectos. Esta combinación reduce el apetito inversor y limita la disponibilidad de capital para nuevas iniciativas.
Al mismo tiempo, el sistema financiero no bancario muestra señales crecientes de fragilidad. La mayor exposición al riesgo, la dependencia de capitales alternativos y la sensibilidad a cambios bruscos en las condiciones de mercado posicionan al crédito privado como uno de los focos de inestabilidad potencial. En este contexto, la financiación alternativa gana peso relativo frente a la banca tradicional, pero también amplifica los riesgos ante eventuales shocks.
La inversión masiva en inteligencia artificial agrega una capa adicional de presión sobre la liquidez. Las grandes tecnológicas están utilizando crecientemente sus reservas de efectivo y elevando sus niveles de endeudamiento para sostener el ritmo de inversión. Si los retornos esperados no se materializan, existe el riesgo de una corrección que impacte no solo en el mercado tecnológico, sino en el sistema financiero en su conjunto.
En este marco, parte de la rentabilidad observada en los mercados responde más a valorizaciones de activos que a mejoras en la productividad real, lo que incrementa la vulnerabilidad ante un cambio en las condiciones financieras.