Lo que importa
- Luis Caputo anunció que en enero el Estado registró un superávit primario de $2,4 billones y un superávit financiero de $600.000 millones.
- El resultado se logró en un mes donde se pagan intereses de deuda en moneda extranjera y en medio de la eliminación de impuestos como el Impuesto PAIS.
- La recaudación tributaria creció 84,6% interanual, impulsada por Ganancias, IVA y Seguridad Social, aunque algunos tributos avanzaron por debajo de la inflación.
- El gasto primario aumentó 109,5% interanual, con subas en jubilaciones, asignaciones y subsidios, aunque en términos reales el ajuste sigue firme.
- El Gobierno sostiene su meta de equilibrio fiscal y busca mantener el superávit en los próximos meses, aunque enfrenta desafíos estructurales para 2025.
Contexto
¿Cómo fueron los números fiscales de enero?
El ministro de Economía, Luis Caputo, informó que el sector público nacional cerró enero con un superávit primario de $2,4 billones y un superávit financiero de $600.000 millones, equivalentes al 0,3% y 0,1% del PBI, respectivamente.
Estos resultados implican que el Estado tuvo más ingresos que gastos, incluso después de pagar los intereses de la deuda pública. El dato es significativo porque enero es un mes donde se abonan vencimientos en moneda extranjera, lo que históricamente genera déficits.
¿Cómo se logró este superávit?
El resultado fiscal se explica por una combinación de mayor recaudación y fuerte ajuste del gasto público.
Los ingresos crecieron, pero con cambios en la composición
Los ingresos totales alcanzaron $11,1 billones, con un crecimiento interanual del 80,6%. La recaudación tributaria fue clave, con un avance del 84,6%, impulsado principalmente por:
- Aportes y Contribuciones a la Seguridad Social (+152,9%), reflejando el impacto del aumento de salarios nominales.
- Impuesto a las Ganancias (+136,8%), debido a la reversión de la exención para trabajadores en relación de dependencia.
- Impuesto a los Débitos y Créditos (+103,9%), que creció por el mayor nivel de actividad bancaria.
- IVA neto de reintegros (+92%), aunque por debajo de la inflación.
- Derechos de Importación (+57,2%), reflejando la apertura comercial y la reducción de alícuotas en algunos sectores.
El dato clave es que el Impuesto PAIS, que en 2024 aportó 1,2 puntos del PBI, fue eliminado y ya no contribuye a la recaudación. Este factor pone en duda la sostenibilidad del superávit a lo largo del año.
El ajuste en el gasto sigue firme
Los gastos primarios sumaron $8,67 billones, con una suba interanual del 109,5%, inferior a la inflación estimada para el período. Esto implica una reducción en términos reales.
- Prestaciones de Seguridad Social: $5,67 billones (+112,5%), impulsadas por la movilidad jubilatoria y la adecuación dispuesta en el DNU 274/24, que ajusta aumentos en función de la inflación.
- Remuneraciones del sector público: $1,34 billones (+94,1%), reflejando los aumentos paritarios.
- Transferencias corrientes al sector privado: $2,7 billones (+91,8%), con incrementos en prestaciones sociales, PAMI y asignaciones familiares. La Tarjeta Alimentar creció 138%, mientras que el Plan 1.000 días se incrementó en 500%.
- Subsidios económicos: $164.260 millones (+64,7%), con subsidios energéticos aumentando 96,8% y los destinados al transporte 40,4%.
Si bien el gasto creció en términos nominales, el ajuste sigue en marcha, especialmente en subsidios, que avanzan muy por debajo de la inflación.
¿Hubo mecanismos financieros que influyeron en el superávit?
Sí. Un punto clave del superávit financiero es que el Gobierno postergó el pago de intereses de la deuda en pesos a través de la colocación de bonos capitalizables.
Esto significa que los intereses devengados no se registraron como gasto en el momento, sino que se suman al capital de la deuda y se pagarán en el futuro. Según la Asociación Argentina del Presupuesto y las Finanzas Públicas (ASAP), si se contabilizaran estos intereses, el superávit financiero real habría sido de $3,57 billones, en lugar de los $600.000 millones informados.
Este mecanismo mejora la presentación de las cuentas públicas en el corto plazo, pero genera mayores compromisos financieros a futuro.
¿Qué desafíos enfrenta el Gobierno para sostener el superávit?
Aunque el resultado de enero es positivo para la administración Milei, sostener el equilibrio fiscal en 2025 será un desafío.
- Pérdida de ingresos extraordinarios: en 2024, el Estado contó con el Impuesto PAIS, medidas del paquete fiscal (blanqueo, moratoria, anticipo de Bienes Personales), que representaron 1,5% del PBI. Estos ingresos no estarán disponibles en 2025.
- Menor impacto de la "licuadora": con la inflación bajando, el ajuste vía pérdida de poder adquisitivo de jubilaciones y salarios públicos perderá efectividad.
- Necesidad de mayor ajuste estructural: consultoras como Grupo SBS y Empiria advierten que el Gobierno deberá avanzar en nuevas reducciones de gasto, incluyendo más recortes en subsidios y empleo público.
Un informe de la consultora Empiria planteó que “repetir en 2025 el desempeño fiscal de 2024 será muy difícil”. Señaló que el déficit inercial obligará al Gobierno a buscar nuevas medidas para compensar ingresos que ya no estarán disponibles.
Cómo sigue
El Gobierno busca sostener el superávit fiscal en los próximos meses, pero enfrenta incertidumbre sobre el financiamiento de sus cuentas públicas en 2025. Sin los ingresos extraordinarios de este año, deberá encontrar nuevas fuentes de recaudación o profundizar el ajuste.
El Ministerio de Economía apuesta a que la recuperación económica mejore la recaudación impositiva y a reducir aún más el gasto público. Sin embargo, los analistas advierten que si la economía no crece al 5% estimado por el FMI y el Gobierno, el equilibrio fiscal podría estar en riesgo el próximo año.