1 de abril 2026 - 19:44hs

SpaceX presentó este miércoles ante la Comisión de Bolsa y Valores de los Estados Unidos (SEC, por su sigla en inglés) una solicitud confidencial para realizar su oferta pública inicial de acciones, un movimiento que, si se concreta, podría convertirse en la mayor salida a bolsa de la historia. Según informaron Bloomberg, The Wall Street Journal y Reuters —que citaron fuentes familiarizadas con el asunto que pidieron no ser identificadas porque la información no es pública—, la compañía fundada por Elon Musk apunta a una valuación de entre 1,5 y 1,75 billones de dólares (entre 1,5 y 1,75 trillions en inglés), y podría recaudar hasta 75.000 millones de dólares en el debut bursátil previsto para junio. La SEC dijo que no haría comentarios sobre el asunto; SpaceX no respondió a los pedidos de información.

El registro confidencial es un mecanismo legal que permite a las empresas someter sus estados financieros a la revisión de los reguladores antes de hacerlos públicos, lo que les da margen para implementar ajustes sin exposición inmediata al mercado. Por ley, SpaceX deberá publicar su prospecto definitivo al menos quince días antes de comenzar el roadshow —la ronda de presentaciones ante inversores institucionales— lo que ubicaría esa divulgación en algún momento de abril o principios de mayo.

Las cifras, de por sí, son difíciles de procesar. El récord actual lo tiene Saudi Aramco, la petrolera estatal de Arabia Saudita, que en 2019 recaudó cerca de 29.000 millones de dólares en su salida a bolsa, en lo que fue hasta ahora el debut bursátil más grande de la historia. SpaceX aspira a más del doble de eso. Si la valuación objetivo se confirma, la compañía ingresaría al mercado entre las diez empresas más valiosas del mundo, a la par de gigantes como Apple, Microsoft o Nvidia.

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El negocio detrás del cohete

Para entender por qué una empresa que fabrica cohetes puede valer tanto, hay que mirar menos hacia el cielo y más hacia la tierra —o, más precisamente, hacia los millones de antenas satelitales instaladas en techos de casas rurales, barcos, aviones y bases militares en todo el planeta.

Starlink, la red de internet satelital de SpaceX, es hoy el motor financiero más potente de la compañía. Lanzada como un proyecto secundario hace menos de una década, la constelación de satélites en órbita baja terminó 2025 con 9,2 millones de suscriptores en todo el mundo y superó los 10.000 millones de dólares en ingresos anuales, aunque distintos informes proyectan que esa cifra podría alcanzar los 24.000 millones de dólares a finales de 2026. Para dar una referencia de escala: DirecTV, el mayor proveedor de televisión satelital de Estados Unidos, tardó décadas en construir una base de clientes comparable.

Lo que hace a Starlink especialmente relevante para inversores —y también para gobiernos— es que no compite en un mercado saturado sino que crea uno nuevo. Lleva conectividad de banda ancha a zonas donde no existe ninguna infraestructura terrestre: el interior de África, la Antártida, islas remotas del Pacífico, zonas de conflicto bélico. Ucrania fue uno de los primeros países en depender militarmente del sistema, algo que generó tanto admiración como controversia cuando Musk tomó decisiones unilaterales sobre el alcance del servicio en zonas de combate.

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El negocio de lanzamientos espaciales, aunque menos rendidor en términos de ingresos recurrentes, sigue siendo el núcleo de la reputación técnica de SpaceX. El cohete Falcon 9 es hoy el vehículo de lanzamiento más utilizado del mundo: superó los 400 lanzamientos exitosos y sus propulsores son reutilizables, lo que redujo el costo por kilogramo enviado a órbita de manera radical respecto de los estándares de la industria en los años 2000. La NASA, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos y decenas de operadores satelitales privados dependen de él. SpaceX recibió más de 24.400 millones de dólares en contratos federales desde 2008, según datos de FedScout.

Una empresa que no cabe en ninguna categoría

Ahí es donde la historia se complica y se vuelve más interesante a la vez. En febrero de este año, SpaceX completó la absorción de xAI, la empresa de inteligencia artificial que Musk fundó en 2023 como alternativa a OpenAI —la compañía que él mismo ayudó a crear y de la que luego se alejó en términos nada amistosos.

La operación fue enteramente en acciones y valuó al conjunto de las dos empresas en 1,25 billones de dólares. Con esa fusión, SpaceX dejó de ser lo que era: pasó a ser simultáneamente una empresa aeroespacial, el mayor proveedor de internet satelital del mundo y un laboratorio de inteligencia artificial con recursos computacionales propios.

Ninguna categoría bursátil existente la contiene del todo. No es Boeing ni Lockheed Martin —las grandes del sector defensa aeroespacial, de capital esencialmente estatal y ciclos de negocio lentos. No es una telco tradicional. No es Google ni Meta. Es algo diferente, y eso explica tanto el entusiasmo de los inversores como las preguntas que genera.

Según información interna vista por Bloomberg, la empresa planea destinar parte de los fondos que recaude a financiar lo que describió internamente como una "enorme tasa de vuelos" del Starship, su cohete de próxima generación —el más grande y poderoso jamás construido—, así como al desarrollo de centros de datos de inteligencia artificial en el espacio y a la construcción de una base en la Luna. En marzo de 2026, SpaceX completó con éxito la primera demostración de transferencia de propelente en órbita, un hito técnico que despejó una de las incógnitas centrales del programa lunar.

La estructura de la oferta también tiene su particularidad: se estudia emitir dos clases de acciones, lo que permitiría a Musk y a otros ejecutivos clave conservar un poder de voto desproporcionado respecto de su participación accionaria. Es el mismo esquema que usan Meta, Alphabet o Snap, y que garantiza que los fundadores mantengan el control estratégico incluso cuando el capital se dispersa entre miles de accionistas. Está previsto, además, que hasta el 30% de la oferta se destine a inversores minoristas —personas individuales, no fondos institucionales—, una proporción inusualmente alta para una operación de esta magnitud.

Los bancos que lideran la operación son Bank of America, Goldman Sachs, JPMorgan Chase y Morgan Stanley, cuatro de los mayores underwriters del mundo.

Lo que todavía no se sabe

El filing confidencial, por definición, mantiene en reserva los datos más importantes. No se conocen aún los números detallados de rentabilidad de Starlink, el costo real del programa Starship ni la forma en que xAI quedará integrada en la nueva estructura. Los inversores deberán esperar al prospecto definitivo —que deberá publicarse antes del roadshow— para tener acceso a esa información.

Mientras tanto, algunos analistas advierten que la valuación pretendida puede ser difícil de sostener. Si SpaceX debuta valuada en 800.000 millones de dólares con ingresos anuales de alrededor de 15.500 millones —cifra proyectada por el propio Musk para 2025—, estaría cotizando a más de 50 veces sus ventas. Históricamente, las empresas que salen a bolsa con esa proporción tan elevada entre precio y facturación tienden a decepcionar a quienes compran acciones en el debut.

Hay además preguntas más amplias. SpaceX depende en parte importante de contratos con el Estado federal, opera con permisos de agencias regulatorias y controla una red de internet satelital que varios gobiernos consideran infraestructura estratégica. Cómo se administra todo eso bajo el escrutinio permanente que impone cotizar en bolsa es, por ahora, una incógnita.

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