El Observador Argentina | Romina Manguel

Por  Romina Manguel

Periodista de El Observador Argentina
1 de septiembre 2025 - 11:15hs

Cuando todo es operación, nada es operación. La banalización del uso de la metodología oscura para explicar que los actos de corrupción no son tales ha sido utilizada hasta el cansancio. Nadie se toma el tiempo de desmentir los hechos denunciados. ¿Para qué? Si alcanza decir operación y sindicar alguna usina de pensadores sofisticados que trabaja para mancillar la imagen de algún dirigente. “Es una operación de…”. Y ahí florecen nombres y especulaciones que crecen como plaga en radios, portales y programas de televisión. Cobardes que se parapetan detrás de esa palabra y no necesitan decir una sola palabra sobre si la situación de la que se habla pudo o no haber tenido lugar.

"Es una operación". No importa si sos kirchnerista o libertario, la excusa es la misma, la palabra mágica que, supone, borra de un plumazo cualquier sospecha. Esta semana, tras días de silencio que expuso cuan desorientados están los hombres y mujeres del gobierno libertario tras la publicación de los audios del ex titular de Andis, Diego Spagnuolo, los genios de la comunicación recurrieron a las viejas prácticas de la vieja política de la vieja casta. Cráneos del managment de crisis salieron a los medios muñidos de una única herramienta. “Operación”. ¿Tanta plata gastada en consultores de campaña sucia para decir que el timming a semanas de las elecciones muestra que es una operación? ¿Y de la veracidad de los audios nada? Deberían recortar ahí porque evidentemente resulta infantil e ineficiente.

La Libertad Avanza está a dos minutos de pedirle prestado al kirchnerismo un término más trabajado si se quiere: Lawfare. ¿Recuerdan? La mentada persecución político mediático judicial bajo la cual el kirchnerismo explicó sus denuncias por corrupción sin tener que embarrarse en los hechos denunciados.

El concepto no lo inventaron ni Cristina Fernández de Kirchner ni los intelectuales del kirchnerismo como Rafael Bielsa y Pedro Peretti que escribieron “Lawfare guerra Judicial-Mediática: desde el primer centenario hasta CFK”.

Viene del corazón de los militares norteamericanos a principios del 2000, hacer la guerra con la ley. Su génesis no hace el caso argentino que le abrió los brazos al concepto y desde entonces no hubo funcionario o dirigente que no lo utilizara sabiendo que ”operación” ya sabia a poco ante la avalancha de acusaciones y hechos.

Lo usaron Lula da Silva, Rafael Correa y por supuesto su principal vocera (hasta hoy que se está por patentar en las filas libertarias) CFK víctima siempre de este sistema que hoy la tiene privada de su libertad en San José 1111. Medios más servicios, más sistema judicial corrupto, todos de acuerdo para perseguir opositores no solo armándoles causas sino logrando que esas causas avancen en la justicia.

Esta segunda parte del “Lawfare” los libertarios no la viven con la misma intensidad. Hasta ahora.

¿Qué dijo Martín Menem? Que es una operación. ¿Qué dijo Guillermo Francos? Que es una operación. ¿Qué dijo el propio Javier Milei? Que es una operación. ¿Y por qué no lo iban a decir? Si durante años, para el kirchnerismo, todo fue una operación. No hubo una sola denuncia que ameritara una respuesta, que no fuese esta. Si para ellos fue así, ¿por qué para este gobierno debería ser diferente?

Para el kirchnerismo, la culpa era de los "grandes poderes económicos concentrados". Ahora, para los libertarios, es una "operación del kirchnerismo” o “fuego amigo “o “servicios de inteligencia venezolanos”. Alguien lo grabó a Spagnuolo relatando un sistema de compras con sobreprecios cuyo retorno pasaba por la droguería Suizo Argentina y llegaba a la secretaria general de la Presidencia. Alguien largó esos audios a días de las elecciones. Todo eso es cierto. Pero, ¿cuánto de cierto hay que ese mecanismo efectivamente existió y que Spagnuolo lo sabía por ser el encargado del área sin cuya firma no se destrababan las partidas? ¿Cuál es la relación de Spagnuolo con Milei? ¿Era el abogado? ¿Realmente solicitó a los gritos un ministerio que nadie le dio o un lugar en las listas que creía que se merecía? ¿Su enojo es porque no tolera hechos de corrupción o porque Eduardo Lule Menem habría intervenido en su quintita pasándolo por arriba?

¿Qué hace ahora el gobierno de Milei que torpemente busca ganar tiempo hasta conocer que quiere Spagnuolo cuanto sabe o que está dispuesto a hacer? Tienen dos opciones. O bien se hacen cargo de la veracidad de los audios y de la situación de Spagnuolo y le sueltan la mano haciendo un cálculo dudoso de las consecuencias que podrá tener y le cargan la responsabilidad de la supuesta maniobra. O bien se defienden con la misma muletilla que tanto criticaron: "Es una operación". No va a ser tan fácil. La teoría que los libertarios usaron para deslegitimar a sus adversarios políticos es la misma en la que ahora se escudan.

Gregorio Dalbón es abogado de CFK y fue quien presentó la denuncia. Genera suspicacias. Es cierto. El juez sorteado en Comodoro Py fue Sebastián Casanello. Los libertarios se agarran la cabeza, no lo consideran de los “amigos”. El fiscal a quien fue delegada la causa es Franco Picardi a quien, más allá de sus vínculos con el viejo Ministerio Público de Gils Carbó, ven en el quinto piso de Tribunales como uno de los tipos serios y blindados a la política y a las operaciones. “No nos podría haber tocado peor dupla” dicen algunos operadores judiciales que este Gobierno también tiene, como todos.

Aun así, no alcanza con sembrar sospechas porque lo que se va a cosechar o no, será lo que surja de los expedientes de contratación que recogieron tras los allanamientos. Los mails. El contenido de los celulares del propio Spagnuolo y los dueños de la Suizo. Testigos prometen presentarse esta semana del área de los laboratorios que quedaron afuera de la maniobra y por qué no, del propio Spagnuolo que designó abogados propios dándole una clara señal al Gobierno que no piensa seguir el guion que le acercaron para que diga: “Me fui de boca”.

Spagnuolo se les retobó. Y es un hombre despechado. Convencido que estaba para más. En el centro de una dependencia sensible en el momento del recorte a los discapacitados. Armó un escándalo cuando destrató a Ian Moche, el niño que fue a verlo con su mamá y salió espantado relatando una conversación espantosa con el funcionario. En ese momento gente cercana al presidente Milei le dijo “sacalo”.

Ahora los libertarios tienen que pedirle prestada la teoría más incomoda al kirchnerismo para zafar de este nuevo escándalo. En solo una semana se verá hasta qué punto este personaje rarísimo, altanero, soberbio y descalificador es un bocón resentido o el misil menos pensado.

El lawfare es el otro.

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