17 de mayo 2024
8 de abril 2024 - 11:03hs

Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi custodian desde la pared la mesa central que tiene el principal despacho de Javier Milei en la Quinta de Olivos. En el frente del escritorio presidencial, la figura más pequeña, pero que tiene la centralidad total del lugar: Moisés. Sobre el escritorio, las pruebas de galera del próximo libro del presidente, Capitalismo, socialismo y la trampa neoclásica, que lleva una particular dedicatoria; " A mis hijos de cuatro patas, Conan, Murray, Milton, Robert y Lucas, por su amor incondicional", y que será presentado en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires. Bajo el subtítulo “De la teoría económica a la acción política”, el libro incluye los discursos del presidente en la Conferencia Política de Acción Conservadora -donde tuvo un encuentro informal con Donald Trump-, y el discurso de inauguración del 142° período de sesiones ordinarias del Congreso.

Tratar de entender al presidente asoma como la piedra basal para interpretar este tiempo distinto en la política y economía del país. Clarea, además, un nuevo momento cultural. Sin dudas.

Luego de que Alberto Fernández autoflagelara la imagen presidencial, Milei la recompuso en menos de tres meses. Hoy tiene la centralidad total del poder y de la conversación en la Argentina. Casi todo lo que dice, hace, no dice o no hace, es tema de debate en el país.

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Milei encontró en Patricia Bullrich a una persona que habla su mismo idioma. A veces se quedan solos al final de las reuniones de gabinete. Conversa casi tanto como con Luis “Toto” Caputo, otro de sus ministros preferidos. Ninguno de los dos fue sugerido, ni acercado por Mauricio Macri, el otrora hombre central del poder, quien hoy tiene respetuoso y ameno diálogo con el libertario.

El presidente rehúye los encuentros partidarios, no existe en su vocabulario la palabra “mítin”, mira sin atención si se le habla de cargos o de los entuertos propios del internismo político. En otras palabras, casi que se podría decir que no les interesan. Acaso esté para otras cosas.

Milei tiene una obsesión: el déficit cero, y a partir de ahí se estructura toda su lógica gubernamental. Toda. No parece apurado por levantar el cepo, pese a que algunos economistas, como José Luis Espert, le recomendaron que lo haga por diversas razones técnicas. Milei respondió: “Pero el presidente soy yo, y acá no se puede estar arriesgando”.

Su lógica es sanear el Banco Central, obtener el dinero necesario, vía financiamiento internacional o con la recuperación de dólares del mercado (lleva más de 12.000 millones), más liquidación de la soja (entre otras), para dar ese paso crucial. Sin el reaseguro de los fondos, para evitar cualquier eventual corrida, no tomará esa decisión, aunque las condiciones estén.

En noviembre se definirá quién conducirá los destinos del principal aliado de Argentina, Estados Unidos. Pero se estima que antes de esa fecha podrá haber un desenlace sobre los distintos tipos de cambio.

La hoja de ruta del Gobierno es la siguiente: bajar la inflación (a un dígito), recuperar la actividad, levantar el cepo y enviar un proyecto de ley para la competencia de monedas, con el peso argentino incluido. Nadie puede asegurar que sea este año, más allá de cientos de miles de especulaciones y proyecciones.

Reformas estructurales y urgencias

La inmensa mayoría de las reformas estructurales, según proyecta el Gobierno, quedarán para el próximo Congreso. El presidente quiere reestructurar todo, o casi todo. Pero hoy le faltan manos para cambiar de cuajo gran parte de la estructura productiva y económica del país. Ése es su horizonte.

Por ello, no es casual ni antojadiza la idea para completar la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En la Rosada, calculan que se podrán juntar 48 voluntades antes de fin de año (los votos necesarios en el Senado). Hay una persona muy importante detrás de esa misión.

Si bien en el Gobierno se apartan de cualquier lógica vinculada con la “disciplina”, el propio Milei dijo en una entrevista a CNN, que las grandes reformas (polarización, por ejemplo) podrían quedar trabadas por la política. Alguno leyó que apuntaba también a la injerencia que hay sobre el máximo tribunal de Justicia de la Nación. De hecho, gran parte de esos cambios proyectados pueden terminar en ese lugar. El presidente muchas veces habla de largo plazo. Otros, observan sólo lo urgente.

El análisis tradicional de la Argentina indicaba que Milei no iba a poder ganar, y mucho menos gobernar sin aparato político. Ahora, las mismas voces hablan de pasar el invierno, producto de los tarifazos a la luz y el gas. El impacto ya se hace sentir. De eso sí no hay dudas. 

También se nota el desguace de un sector del Estado, que el gobierno considera absolutamente improductivo. Han cerrado oficinas enteras, y la cantidad de contratos sin renovar trepará a 76 mil. Quedan 61 mil vigentes, los cuales serán interrumpidos por etapas. Al menos ésa es la idea del Gobierno.

En esas charlas entre Milei y Bullrich surgió que ni ATE ni UPCN les iban a hacer temblar el pulso. Al contrario, también evalúan que le da rédito confrontar con ese sector de escaso crédito social. No habrá cambio de rumbo en este punto, se hizo saber.

El escritorio del presidente en Olivos: Sarmiento, Alberdi y la escultura "Atlas, pilar del mundo", obra del guatemalteco Walter Peter Brenner, un obsequio del Ayn Rand Center Latinoamérica

 

Y es lógico: Milei no retrocede con estas cuestiones. Puede gustar mucho, poco o nada, pero es la realidad. Avanza.

Lo mismo sucede con el vínculo con los gobernadores. Conversa con muy pocos. Tiene puentes cordiales con Jorge Macri, incluso ambos planifican una salida a la devolución de los recursos coparticipables para la Ciudad. Pero no con muchos más. Ni siquiera con otros mandatarios de JxC, que se vinculan con Guillermo Francos o con Nicolás Posse.

Mesa chica y personas de confianza

El jefe de Gabinete es uno de los hombres más importantes del Gobierno, pero nunca estuvo en la mesa chica que integran Karina Milei y Santiago Caputo. Dentro del gabinete, le atribuyeron a su área el error del aumento de los salarios al presidente. De hecho, al tiempo salió eyectado una persona de su confianza, Armando Guibert.

A Milei le obsesionan tres puntos: la economía, la ayuda social y la seguridad. Son sus prioridades, acaso en esa escala gradada. Por ello es que Sandra Pettovello (Capital Humano) también sea de las personas de máxima confianza, y con diálogo más fluido.

Karina Milei tiene una agenda propia. No sólo es general de la batalla cultural, sino guardián de la intimidad del poder, y la principal armadora territorial. Éste es otro punto novedoso para muchos: la secretaria general de la Presidencia articula junto a los primos Menem (Martín y Lule) gran parte del avance geográfico de la Libertad Avanza. Ella también supervisará el acto del 14 de mayo, en el cual se colocará un busto del ex presidente Carlos Menem en la Casa Rosada. Quizás tenga un lugar de privilegio por sobre otros mandatarios. Quizás.

El vocero Manuel Adorni, a quien no le gusta hablar de batalla cultural, es la voz cotidiana más filosa y aguda de este nuevo tiempo. Sus charlas con periodistas acreditados en la Rosada se transforman en virales, y conforman el inédito diálogo del Gobierno con la sociedad, sin intermediarios. Él también articula con Karina.

Se sabe: el presidente usa sus redes sociales. Postea, contesta, repostea, etc. Pero básicamente es eso: dialoga con la ciudadanía. Es difícil entender este nuevo tiempo para quienes tradicionalmente intermediaban entre el protagonista y la opinión pública. No hay en ese ida y vuelta ningún focus group ni estudio cualitativo de nada. Es también una mala noticia para muchos consultores que vivieron de esto.

Al cabo de algunas de las dos reuniones semanales de Gabinete, se escuchó a un ex funcionario del gobierno de Macri trazar un parangón bien interesante. “Ahora se discute, se plantean temas, pero también se decide. Al final de cada encuentro, hay una decisión. Antes, esperaban qué dijeran los focus groups”. 

Milei está convencido de que habrá un escenario de V, y que el mercado ya da indicios concretos de ello, porque adelanta el escenario futuro. Pero cuándo será: “El tiempo es del Señor”, responderá, mientras Moisés custodia e inspira su lugar de decisiones.

 

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