5 de enero 2026 - 18:31hs

La apuesta de la Casa Rosada es clara: si el Presupuesto dejó heridas por la falta de acuerdos, la reforma laboral necesita un camino más aceitado, con menos sorpresas. En el Gobierno creen que el error de la última negociación fue confiar demasiado en la aritmética parlamentaria y poco en el trabajo previo con los gobernadores.

Diego Santilli busca acordar la reforma laboral con los gobernadores

Por eso Santilli sale a “poner el cuerpo” en un mes incómodo para la política: enero, cuando los despachos se vacían y los mandatarios provinciales se refugian en agendas de gestión. La lectura en Balcarce 50 es que ese calendario, lejos de ser un problema, puede ser una ventaja: reuniones más discretas, conversaciones más largas y la chance de construir compromisos antes de que el tema estalle en la agenda pública.

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La primera escala, Chubut, está pensada como gesto y como ensayo general. Torres es, para el oficialismo, un interlocutor con el que se puede discutir sin romper. También es una provincia que la Casa Rosada mira con atención por el peso político que construyó el gobernador en el mapa patagónico y por el mensaje que puede enviar el arranque de la gira: empezar por un aliado potencial, ordenar la foto y usar esa señal para el resto del recorrido. La visita del miércoles ya está en agenda.

Diego Santilli fue el encargado de cerrar la 31ª Conferencia Industrial de la UIA.
Diego Santilli ya tiene el cronograma de "rosca" con los gobernadores por la reforma laboral.

Diego Santilli ya tiene el cronograma de "rosca" con los gobernadores por la reforma laboral.

Los 10 gobernadores con lo que quiere negociar la Casa Rosada y la figura difícil

Después aparece el listado de gobernadores que Santilli quiere ver sí o sí: Leandro Zdero (Chaco), Gustavo Sáenz (Salta), Marcelo Orrego (San Juan), Claudio Poggi (San Luis), Alfredo Cornejo (Mendoza) y Rogelio Frigerio (Entre Ríos). En el oficialismo sostienen que ahí está el corazón de la negociación: provincias con vínculos políticos diversos, pero con un punto en común, capacidad de incidir en el Senado y margen para negociar sin quedar pegados a la polarización más dura.

La hoja de ruta, además, tiene un capítulo todavía abierto. Entre los tres nombres que aún no están confirmados, en Interior dan por probable que se sumen Martín Llaryora (Córdoba), Hugo Passalacqua (Misiones), Carlos Sadir (Jujuy) y Alberto Weretilneck (Río Negro). El nombre “difícil”, el que en la Casa Rosada admiten que van a intentar aunque sin garantías, es el santafesino Maximiliano Pullaro. No solo por la lógica de su propia interna provincial sino porque, para el Gobierno, Santa Fe se volvió un tablero sensible: todo lo que pase ahí se lee en clave de gobernabilidad y de relación con el resto de los gobernadores no peronistas.

Javier Milei acepta negociar la reforma laboral pero quiere aprobarla en febrero

La decisión de mandar a Santilli al interior no nació de la nada. Según reconstruyen en el oficialismo, la gira quedó planificada una vez encaminado el Presupuesto, por un pedido explícito de Javier Milei: hacer “todos los esfuerzos necesarios” para que el Congreso haga lo propio con la reforma laboral. El Presidente quiere mostrar continuidad, no solo con el programa económico sino con el paquete político que lo sostiene. Y la reforma laboral, por el simbolismo y por el impacto real, funciona como test de autoridad.

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Diego Santilli ya tiene el cronograma de "rosca" con los gobernadores por la reforma laboral.

Diego Santilli ya tiene el cronograma de "rosca" con los gobernadores por la reforma laboral.

En ese punto aparece la otra admisión, la que en el Gobierno ya no intentan disimular: habrá cambios en el texto. No se trata de resignar el corazón de la iniciativa, sino de aceptar que el Senado es un terreno distinto, con otra dinámica y con más capacidad de veto. El objetivo es evitar una derrota o una dilación que desgaste al Ejecutivo y deje a la Casa Rosada corriendo detrás de la agenda, como ocurrió en la discusión presupuestaria.

En la mirada del oficialismo, el diálogo con los gobernadores cumple dos funciones al mismo tiempo. Primero, ordenar el poroteo: saber con precisión qué senadores están disponibles, cuáles piden cambios, y cuáles directamente no quieren quedar asociados a una reforma que puede irritar a sectores sindicales o empresariales en sus provincias. Segundo, construir un “paraguas político” para justificar la letra chica: si hay modificaciones, que no parezcan una marcha atrás sino el resultado de una negociación que preserva el núcleo del proyecto.

El Gobierno aprendió que las reformas no se aprueban solo con épica y redes sociales. Se aprueban con una mezcla de disciplina, paciencia y concesiones quirúrgicas. Enero, para Santilli, será eso: una gira para ordenar el terreno antes de que el Senado abra el juego y convierta la reforma laboral en el próximo campo de batalla

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