El Gobierno salió a minimizar la derrota de La Libertad Avanza (LLA) en las elecciones de ayer en Corrientes y admitió que le faltó "fuerza" en esa provincia mientras puertas adentro de la Casa Rosada el resultado profundizó la interna entre Karina Milei, Eduardo “Lule” Menem y Martín Menem, por un lado, y Santiago Caputo por el otro.
Corrientes había votado gobernador en un calendario desfasado del resto del país, pero la elección tuvo impacto nacional porque tensó, otra vez, el vínculo entre el gobernador Gustavo Valdés y el presidente Javier Milei. Valdés había impulsado a su hermano Juan Pablo y este se impuso en primera vuelta, confirmando la resiliencia de la estructura radical en la provincia, mientras LLA había quedado lejos de la disputa central. Ese desenlace encuadró el tropiezo libertario.
La elección reavivó la pelea entre Karina Milei y Santiago Caputo
En la previa, Karina Milei y Eduardo “Lule” Menem se habían jugado a involucrarse, convencidos de que un buen resultado provincial permitiría contrapesar una semana áspera para el oficialismo y exhibir capacidad competitiva fuera del AMBA. La jugada, diseñada para mostrar músculo político, terminó estrellándose contra un aparato local que defendió su hegemonía y dejó a la dupla con menos margen interno para moldear la hoja de ruta.
Tras el resultado, Guillermo Francos concentró el mensaje. El jefe de Gabinete dijo que el desempeño era esperable, que se trataba de una elección provincial con fuerzas locales consolidadas, y agregó, “la elección de octubre va a ser diferente”, con la promesa de un rendimiento muy superior en el terreno legislativo nacional. La línea oficial buscó encapsular el costo político en Corrientes, bajó el dramatismo y protegió la narrativa macro del Gobierno.
Karina Milei Martin Menem Corrientes
El Gobierno le bajó el precio a la derrota de La Líbertad Avanza en Corrientes
Esa lectura chocó con un clima interno más ríspido. En el ecosistema de Las Fuerzas del Cielo, el espacio político que orbitaba alrededor de Caputo, persistieron mensajes que insinuaban fraude, sin aportar evidencia, y que reclamaban confrontar más abiertamente a los liderazgos provinciales. La matriz no era nueva, ya se había agitado el fantasma del fraude en los días previos al comicio correntino, y ahora reaparecía con el resultado puesto, como explicación y como señal de conflicto hacia adentro.
La figura de Caputo, que había sugerido prudencia, quedó fortalecida en su tesis de evitar exposiciones territoriales sin control propio. Su línea empujaba por una estrategia centralizada, menos especulativa, con foco en consolidar performance en los grandes distritos legislativos y en sostener la narrativa económica del Ejecutivo por encima de apuestas provinciales.
El contrapunto con el tándem Karina–Lule, con Martín Menem como articulador parlamentario y político, volvió a escena: expansión territorial con riesgo o control de daños con disciplina. La derrota correntina, en ese marco, operó como punto de apoyo para dirimir método, tiempos y liderazgo en el dispositivo electoral de LLA.
Gustavo Valdés le ganó la pulseada al Gobierno
El tablero provincial también multiplicó costos. Valdés leyó el triunfo de su hermano como un crédito de poder propio y como un mensaje a la Casa Rosada, lo que endureció la conversación con los mandatarios no alineados y recortó el margen para convertir elecciones locales en rampas de proyección nacional. La tensión personal entre Milei y Valdés ya era un dato en la previa, y la caída libertaria agregó una capa nueva a esa disputa, con impacto en la coordinación Nación–provincias que el Gobierno necesitaba para transitar el tramo a octubre.
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El movimiento posterior a la votación sintetizó la fractura. La jefatura de Gabinete, con Francos como vocero, intentó cerrar el episodio con un relato de normalidad institucional, la elección había sido provincial, las prioridades del Gobierno eran nacionales, mientras una franja del oficialismo militaba explicaciones excepcionalistas, había habido irregularidades, había habido trampas, sin respaldo probatorio y con el objetivo de evitar que la derrota quedara inscripta como advertencia estratégica. En paralelo, el círculo de los Menem y Karina Milei administraba el desgaste de una apuesta que no había salido, con la vista puesta en no ceder la gestión del timón electoral a la mesa chica de Caputo.
La foto final dejó un aprendizaje operativo para el oficialismo: Corrientes había exhibido los límites de extrapolar, sin mediaciones, la lógica que había funcionado en 2023, y volvió a poner en discusión si convenía nacionalizar batallas locales cuando el esqueleto territorial propio todavía era incipiente. Con octubre a la vuelta de la esquina, el Gobierno eligió minimizar el daño y mirar hacia adelante, pero la discusión por la conducción, el tono y la táctica de campaña quedó más abierta que nunca.