30 de agosto 2025 - 5:00hs

En 1999, los dos buscadores recorrían el bosque cercano a la ciudad de Nebra, en Alemania, esperando encontrar vestigios de la Segunda Guerra Mundial como armas, municiones y cascos. Sin embargo, hallaron algo que estaba mucho más lejano en el tiempo.

En el suelo germano, abrazados por siglos de capas de tierra, aparecieron varias espadas de bronce, hachas, brazaletes y un objeto insólito: un disco de bronce cubierto de incrustaciones de oro que representaban al sol, a la luna y a las estrellas.

Identificada como “el disco celeste de Nebra”, esta pieza de 3.600 años es la representación más antigua conocida del cielo. Por eso, no solo es un artefacto milenario de la Edad de Bronce, sino también un enigma que conecta al ser humano con el universo, que obliga a reconsiderar cómo las antiguas culturas miraban el firmamento y trataban de descifrar su orden oculto.

Disco de Nebra (4)

Después del hallazgo, el objeto nunca fue entregado a las autoridades para un reconocimiento oficial e ingresó en el circuito del mercado negro. Durante años, el artefacto fue vendido, escondido y revendido en operaciones turbias, hasta que apareció en Basilea, Suiza, ofrecido a coleccionistas privados.

Hasta que el arqueólogo Harald Meller, director del Museo Estatal de Prehistoria de Halle, se enteró de la existencia de la pieza y organizó una operación encubierta junto con la policía. Haciéndose pasar por un comprador, logró que los vendedores le mostraran el disco. Y en cuestión de minutos, los efectivos policiales irrumpieron en el lugar y recuperaron el objeto para la ciencia. Así, tras una operación digna de una película de acción, “el disco celeste de Nebra” pasó a estar resguardado por el estado alemán.

¿Cómo es la reliquia arqueológica?

El disco mide 32 centímetros de diámetro, pesa alrededor de dos kilos y está hecho de bronce, con apliques de oro. A simple vista, sus figuras resultan llamativas: un gran círculo dorado, una medialuna, un grupo de siete pequeños puntos, dos arcos laterales y un segmento semicircular en la base.

Los estudios arqueológicos posteriores a su recuperación, determinaron que el objeto fue fabricado hacia el 1600 a.C., en plena Edad de Bronce de Europa central. Además, concluyeron que fue modificado en varias etapas. En un primer momento, incluía el círculo (interpretado como el sol o la luna llena), la medialuna y las Pléyades.

Disco de Nebra (2)

Luego se añadieron los arcos laterales, que señalan los extremos de salida y puesta del sol en los solsticios de verano e invierno. Más tarde se incorporó la figura semicircular inferior, interpretada como una barca solar. Finalmente, se hicieron perforaciones en el borde con el probable objetivo de fijarlo a un soporte o a una vestimenta.

El paso de la reliquia por la mano de los saqueadores no fue benevolente porque sufrió golpes, raspaduras y hasta intentos de limpieza que dañaron su superficie. Sin embargo, las restauraciones posteriores lograron acondicionarlo para devolverle gran parte de su apariencia original. En la actualidad, es una de las piezas más valiosas del Museo de Halle.

El enigma de los símbolos

La mayoría de los investigadores coinciden en que el gran círculo dorado puede representar al sol o a la luna llena, mientras que la medialuna correspondería a una fase lunar. Por otra parte, el grupo de siete puntos se asocia con las Pléyades, un cúmulo estelar muy visible en el cielo.

Su representación no es casual porque en la antigüedad, estas estrellas funcionaban como un marcador temporal para la agricultura, y su aparición en el cielo nocturno coincidía con el inicio de la temporada de siembra.

Disco de Nebra (5)

Los arcos laterales son aún más sorprendentes porque parecen señalar el recorrido del sol entre los solsticios, un conocimiento de astronomía muy preciso para la época. Y el semicírculo inferior, la llamada “barca solar”, se vincula con mitos extendidos en Europa y Egipto, donde se creía que el sol viajaba cada noche por debajo de la tierra en una embarcación para renacer al amanecer.

Pero no todos los especialistas están de acuerdo. Algunos ven el disco como un calendario agrícola, otros como un instrumento ritual o incluso como un objeto de prestigio, destinado a reforzar el poder de quien lo poseía. Lo cierto es que, a más de dos décadas de su descubrimiento, su significado sigue abierto a debate.

Una ventana al cielo de hace 3.600 años

Más allá de las interpretaciones, el disco de Nebra representa un hito extraordinario: es la primera representación realista del cosmos hecha por el ser humano que se conserva. No se trata de una narración mítica ni de una simple decoración, sino de una observación del cielo nocturno plasmada en metal.

En este sentido, conecta con otros sitios arqueológicos y astronómicos. Por ejemplo, a poca distancia de Nebra se encuentra el círculo de Goseck, un complejo de madera y tierra datado en torno al 4.900 a.C., que también está alineado con los solsticios. Y más al oeste, en Inglaterra, Stonehenge muestra cómo distintas culturas de la prehistoria construyeron dispositivos para medir y entender los ciclos celestes.

Disco de Nebra (3)

El disco demuestra que en la Europa central de la Edad de Bronce existía un conocimiento astronómico avanzado, comparable en algunos aspectos al de Egipto y Mesopotamia. Sociedades sin escritura, pero con una mirada atenta al cielo, capaz de transformar la observación en símbolos duraderos.

Controversias y certezas

El aura de misterio de la reliquia se vio reforzada por una controversia: ¿y si se trataba de una falsificación moderna? El arqueólogo Peter Schauer sugirió que las figuras doradas podrían haber sido añadidas en tiempos recientes sobre un viejo disco de bronce, lo que explicaría su estado fragmentario.

Sin embargo, los análisis metalúrgicos y de corrosión demostraron lo contrario. La pátina del bronce y la composición de los metales coincidían plenamente con técnicas de la época. Además, las incrustaciones de oro mostraban un envejecimiento imposible de reproducir artificialmente. Con estas pruebas, la comunidad científica descartó la hipótesis de falsificación.

De esta manera, el consenso de la comunidad científica es concluyente: el disco de Nebra es genuino y pertenece a la Edad de Bronce. La discusión que continúa sin resolución y probablemente siempre lo está, es su interpretación.

Disco de Nebra (1)

Un objeto que desafía nuestra mirada

El disco celeste de Nebra no muestra dioses, animales sagrados ni escenas de combate. Exhibe el cielo. Y eso lo convierte en una pieza única, porque revela que hace 3.600 años alguien (una comunidad, un grupo de sabios, o quizás un chamán) no solo observaba los astros, sino que quiso representarlos de forma precisa.

En ese gesto, se esconde algo muy profundo, la conciencia de que el cielo guarda ritmos y patrones que pueden ser comprendidos. Para una sociedad sin escritura, grabar esos ciclos en metal era una forma de perpetuar el conocimiento y de otorgarle un carácter sagrado.

Por eso, el disco de Nebra no es solo un objeto arqueológico, es un espejo cultural. En él se reflejan y se entrelazan la ciencia y el mito, el cálculo y la fe, la intención de orientarse en los ciclos del cielo y el deseo de otorgarle un sentido trascendente a la vida.

Su hallazgo revela que ninguna civilización, incluso la más antigua, fue ajena al impulso de mirar el cosmos en busca de sentido. Incluso en tiempos remotos, proyectaban en las estrellas sus dudas y sus esperanzas. Y al contemplar el disco más de tres mil años después, el ser humano comprende que, aunque los siglos borren imperios y culturas, persiste intacta la misma necesidad: buscar en el universo las respuestas a sus planteos existenciales.

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