18 de agosto 2025 - 19:29hs

La fiscalía hongkonesa comenzó esta semana a presentar sus conclusiones definitivas en el juicio contra Jimmy Lai, el magnate de los medios de 77 años que enfrenta la posibilidad de una cadena perpetua por desafiar al régimen comunista chino. Con un escrito de 860 páginas, los fiscales expusieron durante dos días sus argumentos contra el fundador del ya clausurado diario Apple Daily, acusado de "conspiración para coludirse con fuerzas extranjeras" y "sedición" bajo la controvertida Ley de Seguridad Nacional impuesta por Pekín en 2020.

El proceso judicial, que se desarrolla en el Tribunal de Kowloon Oeste, debía haber concluido la semana pasada, pero se postergó por problemas médicos del acusado y condiciones climáticas adversas. Lai, quien permanece en prisión desde diciembre de 2020, cumple además una condena de cinco años y nueve meses por fraude en un caso separado, mientras aguarda el veredicto que podría condenarlo a pasar el resto de su vida tras las rejas.

La acusación sostiene que Lai mantuvo sus actividades de "conspiración para publicar material sedicioso" incluso después de la imposición de la Ley de Seguridad Nacional, promoviendo sanciones internacionales contra Hong Kong y el gobierno central chino a través de artículos publicados en Apple Daily que respaldaban las protestas antigubernamentales de 2019.

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Del refugiado al magnate rebelde

Lai Chee-Ying, conocido mundialmente como Jimmy Lai, nació el 8 de diciembre de 1947 y llegó a Hong Kong como refugiado a los 12 años, huyendo de la China continental. Su historia personal encarna el sueño hongkonés: de la pobreza absoluta construyó un imperio mediático y empresarial que lo convirtió en multimillonario, fundando la cadena de ropa Giordano y posteriormente el diario Apple Daily en 1995.

La transformación de Lai de empresario a activista prodemocracia tuvo un momento decisivo: la masacre de la Plaza de Tiananmen de 1989. "Mi pasión por la libertad, encendida por mi horror ante Tiananmen, me llevó a defender los derechos humanos", confesó años después. Desde entonces, se convirtió en uno de los principales mecenas del campo prodemocracia hongkonés, utilizando sus empresas para distribuir camisetas con las caras de líderes estudiantiles y financiando movimientos de resistencia.

Su compromiso con la libertad se intensificó tras la transferencia de Hong Kong a China en 1997. Mientras otros críticos del Partido Comunista Chino huyeron del territorio, Lai eligió quedarse. "Llamé a mi gente a luchar", declaró en 2020. "Ellos me miran. No puedo defraudarlos". La decisión le costó cara. Desde 2014, Lai enfrentó arrestos múltiples, amenazas físicas y ataques violentos. Su residencia fue atacada con bombas molotov en varias ocasiones, la más reciente en 2019, mientras que en 2015 dos hombres enmascarados arrojaron bombas incendiarias a su casa y empresa, en lo que fue condenado como un "ataque a la libertad de prensa".

El cerco final de Pekín

El punto de inflexión llegó el 30 de junio de 2020, cuando Pekín impuso la Ley de Seguridad Nacional tras las masivas protestas que sacaron a dos millones de personas a las calles hongkonesas. Lai había advertido que la ley significaba "una sentencia de muerte para Hong Kong" y que "destruiría el funcionamiento de la ley en el territorio".

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El 10 de agosto de 2020, la policía hongkonesa arrestó a Lai bajo el cargo de "colusión con fuerzas extranjeras", allanando las oficinas de Apple Daily con 200 oficiales y congelando sus cuentas bancarias del banco HSBC. La Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao del gobierno chino recibió el arresto "con agrado" y pidió que fuera "severamente castigado".

Tras ser liberado bajo fianza, Lai fue arrestado nuevamente en diciembre de 2020 por fraude. Esta vez, la Corte de Apelaciones le denegó la libertad condicional, y desde entonces permanece en confinamiento solitario en una prisión de máxima seguridad, completando más de 1.600 días tras las rejas.

El juicio, que comenzó en diciembre de 2023, transcurre sin jurado ante tres jueces seleccionados por el ejecutivo hongkonés, subordinado al Partido Comunista Chino. Durante las audiencias, Lai apareció en una cabina de cristal, visiblemente deteriorado por el prolongado encarcelamiento, acompañado por su esposa Teresa y el cardenal emérito Joseph Zen, quien lo bautizó católico en 1997.

La resonancia internacional del caso es significativa. El presidente estadounidense Donald Trump aseguró la semana pasada que haría "todo lo que pueda" para liberar a Lai, incorporando su caso a las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China. Un grupo bipartidario de legisladores estadounidenses lo nominó al Premio Nobel de la Paz en 2023, mientras que primeros ministros británicos, actuales y anteriores, han exigido su liberación.

Pekín, por su parte, ha desestimado las críticas internacionales, calificando a Lai como "agente y peón de fuerzas antichinas". El caso se ha convertido en un símbolo del deterioro de las libertades en Hong Kong, donde la energía frenética que caracterizaba a la ciudad se ha apagado bajo el control creciente del régimen comunista.

Organizaciones de derechos humanos y medios internacionales han denunciado el proceso como un "juicio espectáculo" con culpabilidad preestablecida, mientras que la comunidad católica hongkonesa enfrenta presión bajo la campaña de "sinicización" del Partido Comunista, que busca subordinar las instituciones religiosas a la ideología estatal.

Con las conclusiones fiscales ya presentadas, el veredicto se aproxima para quien eligió quedarse en Hong Kong cuando podía haberse marchado con su pasaporte británico y su fortuna. Como declaró en su testimonio, "la verdad prevalecerá, aunque sea sólo en el reino de Dios".

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