7 de febrero 2025 - 17:49hs

René Goscinny nació en París en 1926, pero su historia tiene una fuerte conexión con Argentina. Su padre, Stanisaw Goscinny, era un ingeniero químico polaco que, en 1928, fue contratado por una entidad vinculada al barón Maurice de Hirsch para trabajar en Buenos Aires. La familia se instaló en la ciudad cuando René tenía apenas dos años, y allí pasó toda su infancia y adolescencia.

En Buenos Aires, los Goscinny vivían en un departamento de la calle Sargento Cabral 875, en pleno centro porteño. René estudió en el Liceo Francés, donde su inclinación por el humor y el dibujo comenzó a hacerse evidente. En los boletines internos del colegio, como Notre Voix y Quartier Latin, publicó sus primeras ilustraciones.

"Pasé mi juventud en Buenos Aires, que es la ciudad más europea de Sudamérica", recordó Goscinny en una entrevista. "Era un país totalmente apacible y próspero, y nosotros formábamos parte de una pequeña burguesía acomodada."

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Pero su vida dio un giro en 1943, cuando su padre murió de una embolia cerebral. Con apenas 17 años, tuvo que empezar a trabajar. Ingresó como ayudante contable en una empresa de neumáticos, pero pronto se aburrió y consiguió empleo en una agencia de publicidad, donde comenzó a hacer ilustraciones.

Su pasión por el dibujo lo llevó a intentar entrar en la industria de la historieta argentina, que en aquellos años tenía grandes figuras como Divito, Ferro, Quinterno y Mazzone. En 1944, con apenas 18 años, se presentó con sus dibujos en la redacción de la revista Rico Tipo, la exitosa creación de Divito, esperando que fueran publicados. Lo recibió Billy Kerosene, uno de los humoristas del medio, quien tras ver su trabajo lo rechazó de inmediato. "Me puso de patitas en la calle", contó Goscinny en una breve entrevista publicada en 1972 en la revista Primera Plana, cuando Astérix era ya célebre en Europa, pero sus libros todavía no habían sido editados en Argentina.

A pesar del rechazo, la historieta argentina dejó huella en su estilo. Tiempo después, reconoció su admiración por Copi y Mordillo, y sostuvo que el humor francés se vio influenciado por ellos. Además, creía que los cómics tradicionales norteamericanos, como Superman, estaban "pasados de moda" y que el público había comenzado a consumir historietas con un humor más absurdo y experimental.

Goscinny también recordó sus años de infancia y adolescencia en una entrevista radial de 1975 en su país natal. Explicó cómo era estudiar en un colegio bilingüe, sus visitas periódicas a Francia y ese devenir constante entre dos culturas. También contó —con un acento bien porteño mechado en su discurso en su lengua natal— que los nombres de las calles francesas le seguían resultando extraños. Para él, las calles familiares eran Rivadavia, Florida, Alvear, del mismo modo que las ciudades y regiones que sentía más próximas eran Mendoza, los Andes, la pampa y sus gauchos.

Embed - RENÉ GOSCINNY y su amor por Argentina

Lo cierto es que en 1945, con la Segunda Guerra Mundial terminando en Europa, decidió emigrar a Nueva York junto a su madre. Allí comenzó un largo camino en el mundo de la historieta, primero como traductor en una importadora y luego como ilustrador en pequeños estudios gráficos.

El nacimiento de Astérix y un éxito sin precedentes

Después de pasar por Estados Unidos y ya de vuelta en Francia, en 1959 Goscinny y el dibujante Albert Uderzo fundaron la revista Pilote. En su primera edición, publicada el 29 de octubre de 1959, apareció la historieta que cambiaría la historia del cómic europeo: Astérix el Galo.

La idea surgió casi por accidente. Goscinny y Uderzo querían hacer una historieta medieval protagonizada por animales, pero un colega publicó un trabajo similar justo antes del lanzamiento de Pilote. Apurados por encontrar una idea nueva, Goscinny le preguntó a Uderzo qué períodos históricos se enseñaban en las escuelas francesas. Al mencionar la Galia y su resistencia contra los romanos, la inspiración llegó de golpe.

El protagonista original debía ser alto y musculoso, pero Goscinny propuso hacer lo opuesto: un guerrero pequeño y astuto, cuya fortaleza provendría de una poción mágica creada por un druida. Uderzo sumó un compañero grandote y bonachón para generar contraste: Obélix, el repartidor de menhires que había caído en la poción de niño y tenía fuerza sobrehumana permanente.

El éxito no fue inmediato. El primer álbum, Astérix el Galo, vendió apenas 6.000 ejemplares en 1962. Sin embargo, con el segundo, La hoz de oro, las ventas se duplicaron. Luego vino la explosión: Astérix y Cleopatra (1968) vendió 1.200.000 ejemplares en solo dos días. Para 1969, la revista L’Express lo bautizó como "El Fenómeno Astérix", y en 1970, Francia lanzó su primer satélite al espacio y lo nombró "Astérix".

El impacto en la cultura popular fue inmediato. La frase "Están locos estos romanos" comenzó a escucharse en bares, plazas y oficinas. Incluso el presidente Charles de Gaulle bromeaba con que su gabinete parecía salido de un álbum de Astérix.

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Albert Uderzo (izquierda) y René Goscinny, con sus creaciones más famosas

Albert Uderzo (izquierda) y René Goscinny, con sus creaciones más famosas

Con este crecimiento explosivo, Goscinny y Uderzo decidieron dejar de publicar en Pilote y lanzar los álbumes directamente como libros, aumentando aún más la expectativa. Para mediados de los ‘70, cada nueva entrega de Astérix vendía más de 1 millón de copias en sus primeros días.

Un humorista meticuloso y una rutina de trabajo exigente

El éxito de Astérix no fue casualidad. René Goscinny tenía un método de trabajo minucioso que difería del de la mayoría de los guionistas de historietas. No escribía las historias en partes ni improvisaba sobre la marcha, sino que entregaba el guion completo antes de que Albert Uderzo comenzara a dibujar.

Cada historia pasaba por varias etapas. Primero, Goscinny esbozaba una estructura general con la premisa y el desenlace. Luego escribía el guion en dos columnas: en una describía la acción de cada viñeta y en la otra los diálogos. Finalmente, Uderzo lo revisaba y sumaba detalles visuales.

Si bien la narrativa de Astérix estaba marcada por la aventura y la sátira histórica, el humor era su gran fortaleza. Goscinny tenía una habilidad única para los juegos de palabras, anacronismos y referencias culturales. En un número, un personaje galo menciona que el druida Panorámix "es más sabio que el Pequeño Larousse", en alusión al célebre diccionario enciclopédico francés.

El tono de la historieta era universal, pero cada país encontraba referencias propias en sus páginas. En Argentina, por ejemplo, los lectores notaban la similitud entre Astérix y Patoruzú, con un protagonista pequeño y astuto acompañado por un gigante bonachón.

Los pantalones de Obélix, ¿inspirados en la camiseta de Racing?

Entre las muchas historias que rodean a Goscinny, una de las más populares es la que lo vincula con Racing Club. La teoría sostiene que los pantalones de Obélix, de rayas celestes y blancas, son un homenaje a la camiseta de la Academia. Investigadores del Departamento de Historia del club están convencidos de la veracidad de la teoría, y aseguran que el francés asistió en más de una oportunidad al viejo estadio de madera del club, ubicado en donde hoy se encuentra el célebre Cilindro de cemento.

El editor argentino Leopoldo Kulesz le preguntó sobre esto a Anne Goscinny, hija del guionista, pero ella no pudo confirmarlo ni desmentirlo. Aunque no hay pruebas documentales, tampoco hay evidencias que lo contradigan. Lo cierto es que Goscinny vivió en Buenos Aires entre los 2 y los 19 años, y si bien precisamente en esos años la Academia se demoró en conseguir su primer título de la era profesional, de todos modos arrastraba el prestigio y la popularidad de sus notables récords ganadores en el amateurismo. Más allá de la veracidad de esta historia, la anécdota sigue viva entre los hinchas de Racing, que prefieren creer que Obélix es el primer "académico", uno venido de la Antigüedad.

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El salto al cine y un legado inmortal

El éxito editorial llevó a Astérix al cine. En 1967 se estrenó la primera película animada, Astérix el Galo, aunque Goscinny y Uderzo no participaron en su producción. Enojados por la falta de control sobre el producto final, decidieron involucrarse en la siguiente, Astérix y Cleopatra (1968), que resultó un gran éxito en taquilla.

Con el paso de los años, el universo cinematográfico de Astérix se expandió. Entre las películas más destacadas están Las doce pruebas de Astérix (1976), el primer largometraje original de la saga, y las adaptaciones live-action con actores como Gérard Depardieu y Alain Delon, que lograron recaudar millones de dólares en todo el mundo.

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Pero Goscinny no llegó a ver la evolución completa de su obra. En 1977, a los 51 años, murió inesperadamente en una clínica de París durante una prueba de esfuerzo. Por aquellos días, Uderzo se encontraba trabajando en los dibujos del álbum Astérix en Bélgica, y decidió reflejar la muerte de su amigo y homenajearlo en aquellas mismas ilustraciones: es cuando en la acción de la historieta empieza a llover sin motivo aparente, y desde ese momento hasta el final de la historia el cielo aparece siempre de un gris plomizo, como de luto.

La muerte del guionista marcó el final de una era. Albert Uderzo decidió continuar la serie, pero la ausencia de Goscinny se sintió. Sin su guionista estrella, Astérix perdió parte de su agudeza y su humor inteligente, enfocándose más en la acción y la aventura.

A pesar de ello, el legado de Goscinny sigue vivo. Su hija Anne creó la Fundación René Goscinny, que desde 1986 otorga un premio a los mejores guionistas de historieta del mundo. Su influencia es tan grande que once colegios y varias calles de Francia llevan su nombre, e incluso el prestigioso diccionario Larousse lo incluyó en su lista de términos históricos.

Hoy, con más de 400 millones de ejemplares vendidos, Astérix sigue siendo un fenómeno global. Y en sus páginas, ocultos entre los juegos de palabras y las referencias culturales, sobreviven los recuerdos de un francés que se hizo porteño y que, quizás, fue hincha de Racing.

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