23 de julio 2025 - 18:34hs

A horas del cierre para presentar las listas, en el edificio de la Junta Electoral bonaerense se cortó la luz. Un edificio sin electricidad y una democracia sin agenda. La escena tiene algo de farsa, algo de tragedia y algo de sitcom. Podría haber sido escrita por Capusotto o por Armando Discépolo -como en Mateo, con ese caballo viejo que arrastra una tradición incapaz de morir, aunque ya nadie lo necesite- o por Fontanarrosa, en uno de sus cuentos absurdos donde todo se desmadra sin perder el humor. Pero no: sucedió en La Plata, capital de la provincia más grande del país, mientras el PJ se asomaba al abismo de una interna sin definiciones. ¿Hubo tongo, hubo traición? ¿Hay acuerdos permanentes o hay parches momentáneos? ¿Fue real o una simulación para intentar detener lo inevitable?

—Mami, ¡cortaste la loooz!

La frase, nacida en los estudios de "Fort Night Show", se volvió meme y verdad. Ricardo Fort gritaba mientras se interrumpía la grabación de su reality show. Ahora, la política parece imitarlo. Si Fort era el "comandante" del exceso, la política bonaerense se convirtió en un meme de Fort: misma teatralidad, pero con producción berreta, libreto improvisado y elenco sin carisma. Como un remake decadente que no entiende por qué ya nadie se ríe, pero sin glamour ni dos corazones ni paragüitas. El corte de luz como metáfora de una clase política que, cuando no sabe qué hacer, baja la térmica: apagón político.

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La versión oficial: un problema eléctrico obligó a postergar el plazo de cierre. La versión real: el peronismo pedía una prórroga a gritos para ordenar sus internas. Lo mágico: el plazo se pospuso. Lo simbólico: la oscuridad se volvió regla.

Acá aparece una de las claves: la forma de hacer política en la provincia de Buenos Aires se parece cada vez más a un reality show sin guión. Se improvisa sobre la marcha, se sobreactúa el conflicto, se dramatiza la incertidumbre. Todo sucede frente a las cámaras (o los tuits), pero sin resolución. El fondo queda eclipsado por la forma: más importante que decidir, es parecer que se decide.

Es la vieja tensión entre la ética de la intención y la ética de la responsabilidad. La primera es emocional, performativa, urgente. La segunda es aburrida, lenta, invisible. En la política argentina, gana casi siempre la primera. Se privilegia el gesto, el acting, la mímica de la acción. El corte de luz como una puesta en escena: un recurso para evitar asumir decisiones impopulares o divisorias. Un “córtenlo todo” que encubre la falta de acuerdos reales.

Javier Milei, por supuesto, no se perdió la función. Tuiteó que “la casta cortó la luz”. Se sube al show con una mezcla de oportunismo y exactitud. Porque tiene razón en el fondo, aunque en este caso, además de señalar –que no es una acción menor- suma al malestar. Él también juega con el decorado, con la escenografía de la indignación. Él también prende y apaga luces, pero solo logra que se lo vuelva a atacar por sus modos desde la otra tribuna que no solo finge indignación falsa, sino que también fingen demencia por el fondo de la cuestión. Cuestión, que la auténtica sombra de la política se quede a oscuras sin que nada cambie.

Mientras tanto, los partidos hacen como que negocian. Hablan de unidad, de federalismo, de llevar lo mejor a cada rincón de la provincia o de ir derecho al futuro. Pero nadie dice qué quieren hacer con la salud, con la educación, con los barrios que viven en un apagón permanente. La ética de la intención vuelve a ganar: se promete lo que no se puede cumplir, porque lo importante es que suene bien, que luzca noble.

El contraste es brutal: mientras la clase política discute lugares en listas como si el aun pudieran ganar ese partido, la provincia vive en tiempo de descuento. Y no solo eso, para soñar con el alargue, necesitan cortar la luz del estadio. La imagen es absurda, pero también precisa. Porque mientras se estiran plazos y se multiplican los off the record, la vida real sigue ocurriendo en barrios sin inversión, sin trabajo, sin horizonte. La inseguridad, la violencia, el desánimo avanzan y todo eso también forma parte del apagón político, pero uno mucho menos teatral.

El corte de luz no fue un accidente. Fue un símbolo. De una política que elige la oscuridad antes que la definición. Que prefiere el caos antes que el costo. Que se mueve como si estuviera en un set de televisión donde siempre se puede repetir la toma.

Quizás haya llegado el momento de exigir otra cosa. No solo que vuelva la luz, sino que alguien se haga cargo de pagar la factura. Porque gobernar no es actuar, ni twittear, ni cortar la electricidad para ganar un día más. Gobernar es asumir la responsabilidad de decidir a la vista de todos. Y eso, en la provincia de Buenos Aires, parece cada vez más ciencia ficción.

Hasta que alguien vuelva a pedir, esta vez en serio:

—¡Mamá, prendé la loooz!

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Apagón elecciones 2025 Junta Electoral provincia de Buenos Aires

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