10 de septiembre 2024 - 18:19hs

En la consultora Focus Market hemos realizado un informe para responder algunas preguntas clave sobre la situación actual de la clase media en Argentina: ¿qué significa hoy ser clase media? ¿Qué tipos de clase media existen? ¿Y cómo se explica eso de sentirse de clase media sin realmente serlo?

La realidad es que lo que una vez fue una sólida clase media en Argentina ha sufrido un fuerte deterioro. Este fenómeno no es algo accidental, sino el resultado de políticas equivocadas que no solo han frenado el ascenso social de las clases más bajas, sino que han empujado a muchas familias de la clase media hacia la pobreza. Lo llamo una "escalera mecánica al descenso". El falso progresismo, en lugar de generar movilidad social, ha destruido la calidad de vida de la clase media, convirtiéndola en una clase baja disfrazada. Hoy, muchos argentinos viven con un pie en la ilusión de pertenecer a la clase media y el otro en la dura realidad de la pobreza. Caminan sobre un terreno frágil, donde el esfuerzo y el trabajo ya no generan beneficios. En nuestra sociedad, durante años se ha premiado la anti-meritocracia, castigando a quienes se esfuerzan y trabajan duro.

El costo de ser clase media en Argentina

Definir lo que significa pertenecer a la clase media en Argentina hoy en día es complejo. Un factor clave es el ingreso mensual, y este ha cambiado de manera dramática en los últimos años. En julio de 2024, una familia necesitaba un ingreso de $1.450.250 por mes para no caer en la pobreza. Si retrocedemos al 2017, el ingreso necesario era de $24.749, lo que implica un aumento del 5760% en solo siete años. Este dato no solo refleja el incremento del costo de vida, sino también el colapso del poder adquisitivo de las familias.

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Durante el mismo período, el ingreso necesario para no ser considerado indigente también ha aumentado de manera alarmante. En julio de 2017, una familia necesitaba $8.113 para no caer en la indigencia, pero para julio de 2024 esta cifra alcanzó los $543.255. La brecha entre indigencia y pobreza también se ha reducido, lo que evidencia que los precios de los alimentos han aumentado mucho más que otros costos. En 2017, la diferencia entre la canasta básica alimentaria y la canasta básica total era del 59%, mientras que en 2024 la brecha se ha reducido al 51%. Esto significa que la canasta alimentaria ha crecido de manera más acelerada que el resto de los gastos esenciales.

Hemos observado que, mientras en América Latina muchos países lograron en la última década mejorar la calidad de vida de sus clases más bajas, en Argentina hemos experimentado un proceso inverso. Mientras el resto de la región avanzaba, aquí nos quedamos estancados. No solo hemos frenado el ascenso de los sectores más vulnerables, sino que hemos hundido a la clase media en una situación precaria. En países como Chile o Perú, la movilidad social permitió que muchas personas ascendieran económicamente, mientras que en Argentina y Venezuela, hemos visto cómo la clase media ha ido retrocediendo.

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La fragilidad de la clase media

El análisis sobre la clase media argentina muestra que, si bien sus ingresos han aumentado en términos nominales, no lo han hecho al ritmo suficiente para mantener el mismo nivel de vida. Esto se refleja en la reducción de la brecha entre la pobreza y la indigencia. En 2020, la brecha era del 67%, pero para 2024 se redujo al 63%. Aunque pueda parecer que esta disminución es un buen indicador, en realidad refleja que los ingresos de la clase media no están creciendo al mismo ritmo que los costos de vida, especialmente en lo que respecta a alimentos y servicios esenciales.

Además, la situación empeora si analizamos los costos de vivienda, salud y educación. En 2022, la diferencia entre el ingreso de una familia clase media y el ingreso necesario para no caer en la pobreza era del 26%. Para 2024, esta diferencia ha caído al 23%. Esto indica que la clase media ha tenido que hacer frente a un aumento desproporcionado en los precios de estos servicios, lo que erosiona su capacidad de ahorro y bienestar.

Otro aspecto relevante es que dentro de la clase media existen diferentes niveles. Hay familias que, pese a estar al límite de los ingresos necesarios para mantenerse por encima del umbral de la pobreza, deben enfrentar gastos adicionales como educación privada, seguros médicos y transporte, lo que amplía aún más la brecha. La fragilidad de la clase media es evidente, y aunque algunas familias logran sobrevivir, muchas más están a un paso de caer en la pobreza.

La calidad de vida y la seguridad que alguna vez ofrecía pertenecer a la clase media en Argentina se han transformado en fragilidad e imprevisibilidad. Los hijos de esta clase media decidieron buscar su futuro fuera del país, cansados de ver cómo sus padres y abuelos lucharon sin recompensa durante las últimas cuatro décadas. La peor humillación para una clase emprendedora y trabajadora no es ser pobre desde el principio, sino haber nacido en la clase media y caer en la pobreza. El esfuerzo parece no valer la pena en una sociedad que castiga al que trabaja y premia al que no lo hace.

Hoy, el futuro de la clase media está más comprometido que nunca. La sensación de seguridad y bienestar que alguna vez caracterizó a este sector ha desaparecido, dejando a las familias en una situación cada vez más precaria. La clase media, que históricamente fue el motor del progreso en nuestro país, ha quedado atrapada en un ciclo descendente, empujada por una economía inestable y políticas que no promueven el crecimiento.

Este informe no busca solo mostrar cifras, sino poner de manifiesto una realidad que cada vez más familias argentinas viven en carne propia.

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