Cuando el Gobierno de Javier Milei habló de "deep motosierra", no estaba bromeando. Hoy vemos claramente un eslabón más en esa cadena. La privatización del Belgrano Cargas es solo el inicio de un plan que va en serio, y algunos sectores empiezan a darse cuenta de que esto no es simplemente retórica. Si uno observa el mandato que recibió Milei, la similitud con el de Carlos Menem en los 90 es evidente: ambos enfrentaron el fracaso del estatismo.
En los 90, con Bernardo Neustadt y Mariano Grondona como principales voceros, se impulsó una ola de privatizaciones para reducir un Estado elefantiásico que se había vuelto "obscenamente deficitario". Hoy, el Belgrano Cargas encarna ese mismo tipo de empresas deficitarias, y no es el único ejemplo. Los sindicatos, en ese entonces como ahora, empiezan a notar que si no se reorganizan, esta administración los va a llevar puestos.
Mauricio Macri, en sus declaraciones recientes, lo dejó claro: el mandato que recibió Milei es ir a fondo, y su electorado espera que cumpla lo prometido. La estrategia de Milei es clara: anuncia, anuncia y anuncia. No pasa un día sin que el Gobierno informe sobre nuevas medidas, ya sea privatizaciones, recortes o reformas. Y aunque algunos puedan creer que solo son anuncios, el público parece percibirlo como una topadora que avanza sin freno.
La privatización del Belgrano Cargas: un símbolo de ajuste
En el caso del Belgrano Cargas, el Gobierno lo señala como uno de los ejemplos más claros de la necesidad de privatización. Con 112 millones de dólares en déficit durante el año pasado, Manuel Adorni, vocero presidencial, dijo sin rodeos que esta privatización aumentará la "competitividad, transparencia y eficiencia" del sistema ferroviario. Aquí es donde empieza a tomar forma lo que prometió Milei: una serie de privatizaciones que podrían superar lo que hizo el menemismo en su época.
Pero hay un riesgo estratégico en juego. Los sindicatos y el peronismo, desorganizados por el momento, podrían volver a reagruparse y formar una oposición más sólida. Mientras tanto, Milei avanza, consciente de que su margen de maniobra depende de dos factores: mantener el dólar quieto y la inflación en baja. En cuanto esos dos elementos pierdan estabilidad, el margen para aplicar "la motosierra" se va a reducir drásticamente.
El frente sindical antimilei y los sectores del peronismo están comenzando a darse cuenta de que esta embestida es real y va en serio. Hasta ahora, parecía que solo eran anuncios, pero ahora ven que la maquinaria del ajuste ha comenzado a moverse.
¿Una topadora imparable?
El gobierno de Milei tiene un norte claro, y en su agenda de ajuste no se detiene. Lo que podría parecer solo promesas de campaña, se está traduciendo en acciones concretas. Macri, en sus recientes declaraciones, dejó en claro que el votante de Milei le dio un mandato claro: ir a fondo. Y hasta ahora, eso es exactamente lo que está haciendo. El votante está observando y haciendo un balance: ¿está cumpliendo?. Esa es la pregunta clave, y parece que hasta el momento la respuesta es afirmativa.
Pero no todo está garantizado. Hay desafíos en el horizonte. Si el Gobierno no logra mantener controlada la inflación o el tipo de cambio, el espacio para seguir avanzando en su plan de recortes y privatizaciones será cada vez más limitado. Por ahora, la topadora sigue su marcha, con un nivel de anuncios y reformas que no se veía desde los tiempos del menemismo.
¿Y el peronismo? El peronismo, mientras tanto, parece vivir su peor momento. Hoy, figuras como Cristina Kirchner y José Ottavis intentan reorganizarse, pero se asemejan más a una "ambulancia que recoge a los muertos vivos", como solían decir ellos mismos. Es evidente que el kirchnerismo y el peronismo están en un estado catatónico, sin una dirección clara ni un liderazgo renovado.
Así, el Gobierno de Milei está aprovechando un momento de calma económica para aplicar su agenda de reformas. Mientras el dólar siga estable y la inflación no se dispare, el margen para implementar cambios profundos se mantendrá. La motosierra está en marcha, y todo indica que el votante lo está valorando.