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Por Enrique Baliño*

“Puedes tener los resultados que deseas o puedes tener excusas. No puedes tener ambos", dijo Clyde Lee Dennis.

La razón de la existencia de cualquier rol son los resultados que se esperan de él. Un rol existe porque tiene que entregar un resultado que es valioso para alguien. Ese alguien puede ser un cliente o un colega de nuestro equipo o de otra área de la organización que necesita ese resultado. Ese destinatario de nuestro trabajo es, además, quien define lo valioso o no del resultado que recibe. Si ese rol no produce un resultado valioso para alguien, no debería existir.

Por lo tanto, cualquiera sea nuestra posición en la organización, somos responsables por los resultados que producimos en el rol que ocupamos. Nada nos exonera de esta responsabilidad. Por eso tenemos un trabajo. Más allá de todos los contratiempos y problemas que sin duda surgirán, se necesita y se espera un entregable de ese rol. Ese es el compromiso. Como decimos en Xn: ”El dueño del resultado sos tú”.

La actitud de responsabilidad consiste en decidir y hacerse cargo de su propio destino, adueñándose de la acción que conduce al logro de los resultados deseados y aceptando las consecuencias.

Las personas que viven la actitud de responsabilidad sienten, en su fuero íntimo, la obligación de hacer todo lo que está a su alcance en pos del resultado. Fieles a ese compromiso, saben que “no hay peor gestión que la que no se hace” y, por eso, “dejan todo en la cancha”. Tienen esa tenacidad y perseverancia necesaria para superar todos los obstáculos.

Esa actitud de responsabilidad es lo que los convierte en dueños en vez de víctimas, en protagonistas en vez de espectadores. Quienes viven esa actitud de responsabilidad son honestos consigo mismos y, en su fuero íntimo, se hacen la pregunta: ¿hice realmente todo lo que estaba a mi alcance? Esa reflexión genuina, hecha mirándose al espejo, los lleva a hacerse cargo ante sí y ante los demás.

Además, como “dan la cara” por sus resultados, ya sean buenos o malos, sienten ese compromiso principalmente ante sus colegas. Sienten que no los pueden defraudar. Saben que el equipo empieza por la responsabilidad individual de cada uno de sus miembros. Saben que sus colegas cuentan con el resultado esperado de su rol. Cuando existe ese sentimiento de “sé que puedo contar contigo”, todos los miembros del equipo esperan que esa persona hará hasta lo imposible para no defraudarlos.

Es esa actitud la que los lleva también a reconocer públicamente sus errores porque es parte fundamental de su honestidad intelectual, elemento básico de su confiabilidad. Cuando no logran los resultados, estas personas no le echan las culpas a otros, o al contexto. No tienen excusas.

Quienes no viven la actitud de responsabilidad, se escudan en excusas. Cuando las excusas se convierten en costumbre se transforma en un destructivo hábito —más destructivo que cualquier mal hábito— porque va generando una mentalidad mediocre, que termina por minar las posibilidades de desarrollo del propio individuo. Es un proceso de auto convencimiento en el que la persona se construye un ambiente propio donde justifica todas sus penurias. Termina en un círculo vicioso, destructivo de todas sus posibilidades, cavándose su propia fosa. Y es muchísimo peor cuando el ambiente —sus colegas o sus jefes— las permiten. Estas personas rara vez contribuyen al equipo porque no se puede contar con ellos. Difícilmente consigan el resultado que se espera de ellos. Siempre tendrán una razón que los transforma en víctimas y en “explicadores” profesionales en vez de entregadores de resultados.

También es cierto que muchas veces que, a pesar de haber dado todo y de no tener excusas, las cosas no ocurren. Muchas veces, fracasaremos. Es la forma como reaccionamos a ese fracaso lo que nos puede destruir o hacer más fuertes. La resiliencia, esa capacidad de levantarse después de una caída y de volverse más fuerte, es hija de la responsabilidad.

No se trata de ser un robot y engañarse a sí mismo diciéndose que no pasa nada. Las emociones existen. Inevitablemente hay que atravesar el viaje emocional y psicológico ante cualquiera de estos golpes. Pero hay una forma de encarar el viaje que es necesaria: cada vez que uno se cae, es un momento del que aprender.

La actitud de responsabilidad mueve a las personas a levantarse, a encontrar esa fuerza interior necesaria para encarar el próximo paso y recuperarse de la caída.

Es un verdadero placer trabajar con personas que viven la actitud de responsabilidad. Da gusto estar con ellos.

*Enrique Baliño, CEO de Xn Partners

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