En el corazón de Ciudad Vieja, en una casona que supo ser una imprenta en el Montevideo de antaño, estuvo abandonada por más de tres décadas y fue comprada en los últimos años por inversores extranjeros, la curaduría, esa disciplina artística y cultural encargada de seleccionar un conjunto de obras, objetos o contenidos para crear una narrativa, encontró un lugar físico en el que materializarse. Esta vez con los muebles, el diseño y una pareja de artistas como protagonistas.
En febrero, Cecilia Gervaso, fotógrafa y fundadora de la galería de arte Hungry Art, y Fabián Iruleguy, creador de muebles y piezas en hierro, y fundador de la marca de diseño y desarrollo de equipamientos Fagy, decidieron abrir Curado, un espacio que funciona como tienda de muebles y objetos de primera y segunda mano, pero también como cafetería y lugar para eventos.
La apuesta por muebles con identidad y piezas únicas
_LCM7477 (1)
Foto: Leonardo Carreño / FocoUy
Después de ver cómo el fenómeno de los muebles usados comenzaba a ganar popularidad en la región, los emprendedores empezaron a imaginar un proyecto que no fuera una clásica tienda de antigüedades, sino un espacio de muebles y objetos seleccionados cuidadosamente, donde cada pieza tuviera una historia y una identidad propia.
Al mismo tiempo, en la galería de arte de Gervaso, cada vez más personas preguntaban si los muebles exhibidos también estaban a la venta. Muchas de esas piezas habían sido encontradas por la pareja en remates y ferias, en una búsqueda atravesada por su criterio, intuición y una forma particular de entender la belleza. Fue entonces cuando empezaron a notar que existía una demanda real para ese tipo de propuesta.
Después apareció el local, y la idea, que parecía lejana, empezó a tomar forma.
“Me acuerdo cuando entré por primera vez y vi la barra, todo era un caos después de estar cerrado 30 años. Los locales en la ciudad vieja tienen magia, este tiene arcos, columnas, tiene todo”, contó a Café y Negocios la emprendedora, que vive cerca del lugar.
WhatsApp Image 2026-05-15 at 1.50.52 PM
Así decidieron alquilar el lugar, que le pertenece a una pareja de origen holandés que ya había realizado una inversión estructural en el espacio y se había encargado de vaciarlo, conservando parte de su esencia original.
Hoy el core del negocio se centra en la venta de muebles y objetos de primera y segunda mano, modernos, mid century (corriente de diseño de mediados de siglo XX), nórdicos, americanos, italianos. De vidrio, acrílico, acero, cromado, madera y metal.
Además, tratan de atraer un público diverso, con precios que van desde los US$ 20, hasta piezas únicas e irrepetibles que pueden superar los US$ 2.000.
“Siempre tratamos de equilibrar y que haya varios estilos. Esa es la idea de la curaduría, no casarnos, ni siquiera con un perfil. Queremos curar cosas de todos los rangos de precios”, contaron.
Dos nuevas unidades de negocio que surgieron en el camino
Captura de pantalla 2026-05-15 170048
Más allá de la venta de objetos, la pareja quería que el espacio se convirtiera en un lugar donde las personas pudieran tomar algo y habitar el espacio sin necesariamente comprar un mueble.
“La idea de la cafetería es culpa también de la barra, y de la idea de atraer gente no solo por los muebles, sino que se tomen un café y que vivan una experiencia, pudiendo solo gastar $150 para estar en un lugar hermoso”, resume Gervaso.
Para eso trabajan con la cafetería Franca como proveedor gastronómico y con café de Seis Montes, en una propuesta que, aseguran, llamó especialmente la atención del público de Ciudad Vieja.
El tamaño del local y su identidad estética terminaron también convirtiéndose en una oportunidad de negocio y facturación. Según explicaron, la idea surgió al detectar que no existen muchos espacios de estas dimensiones y con una impronta similar. Así, a la tienda y la cafetería se suma una unidad de alquiler del espacio para eventos comerciales y personales, que ya tuvo su primer evento para la marca H&M y tiene previstos otros en los próximos meses. Además, el proyecto ofrece asesoramientos de diseño para clientes comerciales y particulares, así como el alquiler del espacio para producciones audiovisuales. Y, según adelantan, todavía quedan nuevas ideas por desarrollar.
“La marca Curado da muchas cosas, da para curar lo que sea”, resumieron, a la vez que señalaron que les sorprendió la repercusión que ha tenido hasta ahora el proyecto.
Lo que se viene
Dentro de las apuestas a futuro, los emprendedores proyectan realizar más eventos los sábados (por el momento el lugar abre de lunes a viernes), pensando en atraer a un público joven y seguir transformando el espacio en un punto de encuentro cultural. En esa línea, realizaron recientemente un evento de rifa de muebles, con barras de tragos y música en vivo con DJ´s de vinilos. A la par planean ampliar la propuesta gastronómica, manteniendo el mismo concepto y estética del lugar, pero con más opciones dentro de la carta.
Más allá de eso, los fundadores tienen también proyectos más ambiciosos. Uno de ellos, por ejemplo, es invertir para que Iruleguy, además de Fagy, trabaje en el diseño y fabricación de muebles de industria nacional que se vendan exclusivamente en Curado, bajo una marca propia del espacio.
El modelo incluso despertó interés fuera de Montevideo y según contaron, ya recibieron propuestas para llevar el concepto a Punta del Este. Sin embargo, aunque no descartan la idea a futuro,hoy el foco está en dividir su tiempo entre Curado y sus otros emprendimientos personales: Fagy y The Hungry Art.
“Queremos que Curado sea un lugar que a la gente le genere algo, o un recuerdo o una proyección a futuro. Es un espacio para charlar que muta todos los días, porque cambian los muebles, salen, entran, se reordena, siempre está cambiando”, resumió el fundador sobre su visión.
WhatsApp Image 2026-05-15 at 1.50.53 PM (1)
Así se veía el local cuando era imprenta
Foto cedida por Curado