Carlo Feltrinelli, presidente del grupo italiano que llegó a Ciudad Vieja: "La librería de Montevideo es un primer experimento"
La nueva librería Feltrinelli, ubicada en el edificio Pablo Ferrando en la peatonal Sarandí, se inaugura oficialmente este sábado con una serie de actividades y la presencia del presidente del grupo italiano
En ese sentido, su presidente, Carlo Feltrinelli, es claro y lo dice en esta entrevista que concedió por escrito a El Observador en la previa a su llegada al país: la librería en Montevideo es un "experimento" que se vincula a su interés en el "clima cultural" de la región, las dinámicas de la edición de este lado del mundo y los avances que pueda suscitar en las relaciones italouruguayas.
Carlo Feltrinelli llegó a Montevideo en los últimos días y ha sido parte de las diversas actividades que enmarcan la inauguración de la librería que lleva su apellido. El jueves, por ejemplo, encabezó una recepción en la residencia de la embajada de Italia, donde habló junto al embajador Fabrizio Petri y el ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahía. El viernes recibió a integrantes del sector en la nueva librería, y este sábado 28 a las 19 encabezará el evento de apertura oficial. Es abierto al público y allí tocará la Orquesta de las Mil Melodías.
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El italiano de 64 años es el heredero directo del fundador del grupo, Giangiacomo Feltrinelli, su padre y una figura revolucionaria italiana que excede a la industria editorial.
Nacido en Milán en 1926 en el seno de una de las familias más ricas y prósperas de la región, Feltrinelli padre fundó la editorial a los 28 años. Preocupado por la realidad social de su país desde temprano —apenas salido de la adolescencia se metió en los partisanos italianos durante la segunda guerra mundial— y activo militante comunista, el italiano se encargó de surtir desde su empresa a las bibliotecas del país con libros emblemáticos que, sin embargo, le generaron dolores de cabeza y sendos juicios, entre ellos la obra de Henry Miller y dos títulos claves de la literatura europea de la segunda mitad del siglo: Doctor Zhivago, de Boris Pasternak, y El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.
En los años siguientes, su vínculo con la causa del marxismo y el comunismo se fortaleció. Durante el período de agitación interna que fueron los Años de plomo en Italia, y luego de haber vivido en la clandestinidad, Feltrinelli pasó a la acción, ya que se convirtió en el fundador y comandante en jefe de la organización guerrillera Gruppi d'Azione Partigiana (GAP). Su final acompaña su tumultuosa vida revolucionaria: el 15 de marzo de 1972 fue encontrado muerto a los pies de una columna de alta tensión en el pueblo de Segrate, cerca de Milán. Se estima que se mató con los mismos explosivos con los que quería volar la estructura.
Luego de su muerte, la editorial y la librería pasó a manos de su esposa, la fotógrafa alemana Inge Schönthal, y luego quedó bajo la presidencia de Carlo, que expandió todavía más el alcance del negocio —es uno de los gigantes europeos, con una editorial legendaria y una cadena de librerías con más de cien puntos de venta en toda Italia; en 2016, además, adquirió la editorial española Anagrama— y el mismo que este sábado hablará desde la escalinata de mármol que domina la reluciente Feltrinelli uruguaya.
Pero antes de eso, el intercambio que Feltrinelli tuvo con El Observador hace algunos días.
Para alguien que preside un grupo editorial del tamaño de Feltrinelli, y que además excede a los libros, ¿qué representa la apertura de una nueva librería?
Abrir una librería significa inaugurar una parte de vida compartida. Junto a las lectoras y los lectores, junto a la ciudad. Significa elegir un territorio e invertir en su futuro, creer en el valor de la cultura como motor de cambio. Tradicionalmente siempre hemos concebido las librerías no como simples puntos de venta, sino como espacios de relación, de encuentro y descubrimiento. Las Librerías Feltrinelli son esto: lugares donde los libros se mueven, cambian de posición, para salir al encuentro de los lectores.
¿Por qué seguir abriendo librerías en 2026?
Porque vivimos tiempos sombríos en los que se siente con fuerza la necesidad de poder contar con bastiones culturales, laboratorios vivos donde encontrarse con ideas y personas. Sobre todo en lo que respecta a los jóvenes, desmintiendo la narrativa dominante de una generación exclusivamente orientada a las pantallas. Nuestro objetivo es ser para ellos un hogar, un lugar al que acudir con gusto y que pueda servir para crear y cultivar intereses.
Abrir una librería significa inaugurar una parte de vida compartida. Junto a las lectoras y los lectores, junto a la ciudad. Significa elegir un territorio e invertir en su futuro, creer en el valor de la cultura como motor de cambio. Abrir una librería significa inaugurar una parte de vida compartida. Junto a las lectoras y los lectores, junto a la ciudad. Significa elegir un territorio e invertir en su futuro, creer en el valor de la cultura como motor de cambio.
¿Y por qué en Uruguay?
Conectar Italia con el mundo y el mundo con Italia forma parte de nuestra historia. En este caso significa mantener vivo y renovar un vínculo profundo: el mundo latinoamericano ha tenido una importancia fundamental en la historia contemporánea de la literatura y en el catálogo de nuestra casa editorial. Existe además un entramado histórico y humano significativo: basta pensar en el número de ciudadanos uruguayos de origen italiano. A esto se suma el presente extremadamente dinámico de la edición en esta parte del mundo, caracterizado por nuevas voces y por editoriales independientes jóvenes y dinámicas que están reinterpretando el propio concepto de “hacer edición”. Se trata de un clima cultural capaz de captar con fuerza las transformaciones sociales y políticas de nuestro tiempo e interpretarlas.
CF foto 2023
¿Qué se le viene a la mente cuando piensa en el vínculo cultural entre Uruguay e Italia?
En fotografías en blanco y negro que fijan rostros y trayectorias biográficas: existencias que partieron de un lugar y echaron raíces en otro, capaces de mantener un bajo continuo que conecta estos dos mundos. Es un vínculo secular que no se agota en la memoria de la emigración, sino que se compone de hábitos culturales, referencias literarias e imaginarios que se entrelazan. Una forma de herencia que se renueva con el tiempo y que continúa produciendo diálogo, más como conciencia compartida que como nostalgia. ¿Qué hay más literario que esto?
Pareciera que en un momento en qué estamos tomados por las máquinas, los libros físicos aparecen como una resistencia. ¿Lo considera así también?
La cuestión no se refiere únicamente al formato. Es posible una integración entre lo digital y lo impreso, entre el espacio real y el virtual: nuestras librerías siempre han dialogado con la innovación. Dicho esto, el libro en papel mantiene un gran valor que no debe ser solo simbólico. El punto es garantizar una propuesta y una variedad de textos que sean la expresión de una visión y nos hagan dignos de la confianza de los lectores. En este sentido hay que evitar la actitud predictiva de los algoritmos. Ofrecer una propuesta no condicionada por estas lógicas es el verdadero desafío.
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¿Hay que defender la lectura hoy en día?
Más que defenderla, hay que sostenerla con convicción, volviendo a poner en el centro la curiosidad, la apertura de miras y el placer de la reflexión. La lectura puede convertirse en un hábito que refleje una actitud ante lo que nos rodea: una forma de estar en el mundo con atención, espíritu crítico y disposición a comprender la complejidad, transformando el tiempo dedicado a los libros en un ejercicio cotidiano de ciudadanía activa.
Hay que evitar la actitud predictiva de los algoritmos. Ofrecer una propuesta no condicionada por estas lógicas es el verdadero desafío. Hay que evitar la actitud predictiva de los algoritmos. Ofrecer una propuesta no condicionada por estas lógicas es el verdadero desafío.
¿Cuál es el libro que tiene en su casa que más atesora y cuál es la historia de su vínculo con él?
Le haría una injusticia a todos los demás si me detuviera en un solo título; ni siquiera lograría elegir una colección, porque cada idea, cada autor y autora son piezas de nuestro diálogo cotidiano con el público. Puedo recordar con gusto el libro del corazón de mi madre, Inge Feltrinelli, cuya energía aún impregna las salas donde se componen los libros de nuestras editoriales, quien había elegido Bajo el volcán de Malcolm Lowry como el libro de su vida. Pero si debo mencionar un título y un autor, pienso en la Autobiografía de Nelson Mandela, a quien también tuve el honor de conocer y entrevistar.
Seguramente su padre tuvo entre sus grandes orgullos haber publicado Doctor Zhivago y El Gatopardo. ¿Cuáles son sus grandes orgullos editoriales al frente del grupo?
Pasternak y Tomasi di Lampedusa fueron visionarios en la manera de interpretar su tiempo con profundidad y valentía. Las historias de aquellas publicaciones son extraordinarias y parecen irrepetibles, pero la ambición de encontrar obras capaces de marcar una época permanece intacta. Desde hace más de treinta años sigo a diario las vicisitudes editoriales y, si tengo un motivo de orgullo, es haber visto crecer y enriquecerse nuestro catálogo editorial. A ello se suma una realidad como Anagrama, cuyo magnífico catálogo fue construido obsesivamente por mi gran amigo Jorge Herralde, un gigante absoluto de la edición mundial.
¿La idea de Feltrinelli es seguir ahondando en Latinoamérica? ¿Por qué?
Feltrinelli ha sido siempre un puente entre mundos aparentemente distantes; el catálogo histórico ha abarcado desde sus inicios todas las Américas, las Áfricas y los múltiples rostros de la Europa que se estaba constituyendo. Reside, por tanto, en nuestro ADN una vocación internacional basada en el diálogo entre culturas. La librería de Montevideo es un primer experimento y estaremos encantados de profundizar en los proyectos y oportunidades que puedan presentarse.