Dólar
Compra 37,20 Venta 39,70
27 de enero 2026 - 15:21hs

Las persianas del edificio Pablo Ferrando, uno de los más icónicos de la primera cuadra de la peatonal Sarandí, apenas están abiertas por estos días de enero y ola de calor, pero alcanza: se asoman turistas, entran y salen obreros y carpinteros, llega, entre ese ida y vuelta, el brillo mate de las estanterías nuevas. Adentro los andamios todavía no se desarmaron, las mesas de novedades no se terminaron de ubicar en sus lugares, pero hay sensación de apertura incluso cuando las cajas que guardan más de 60 mil libros siguen cerradas. Así son las últimas horas de la puesta a punto de Feltrinelli, la librería con la que el grupo italiano desembarca en Uruguay y en América Latina, un proyecto que tiene un año de cocción y negociaciones por detrás.

La noticia tiene algunos meses. Apareció a mediados de 2025 en El País y Telemundo, luego fue confirmada con algo más de ímpetu por el vice embajador de Italia en Uruguay, Francesco Brunetti, en una entrevista con Radio Uruguay durante la última Feria del Libro de Montevideo. Hace algunas semanas, un artículo en el medio argentino Perfil se viralizó, se levantó en Uruguay y la idea empezó a recorrer con más fuerza la industria del libro. Dejó de ser una especie de rumor veraz. "En Italia es un poco el santo grial de las librerías", había dicho Brunetti sobre Feltrinelli, y con razón (ver subtítulo El editor revolucionario).

De este lado del Atlántico y por fuera de la empresa italiana encabezada por Carlo Feltrinelli, hijo del célebre fundador de la editorial y el grupo Giangiacomo Feltrinelli, la nueva librería montevideana tiene tres socios por detrás: los uruguayos Alejandro Lagazeta y Juan Castillo, y el argentino Pablo Braun. Lagazeta y Braun son socios en la librería Escaramuza —Braun además es propietario de la librería y la editorial argentina Eterna Cadencia—, mientras que Juan Castillo es propietario de Puro Verso, ubicada en la esquina de 18 de Julio y Cuareim.

Más noticias

“Técnicamente no es Puro Verso, no es Escaramuza y no es Eterna Cadencia. Esto es Pablo Braun, Alejandro Lagazeta y Juan Castillo, gente que trabaja en otras librerías, pero Feltrinelli no es una unión de librerías”, dice Lagazeta durante un mediodía en la Plaza Matriz, en la que los dos socios uruguayos se reúnen con El Observador para aclarar la información que ha circulado en las últimas semanas sobre el emprendimiento y que, según ellos, generó algunos malentendidos.

Sin embargo, entre esos datos que trascendieron hubo uno certero: la librería está muy próxima a abrir. De hecho, Lagazeta y Castillo confirman que durante la primera quincena de febrero harán un soft opening para ajustar detalles y comenzar a operar, y que la fecha marcada para la inauguración oficial es el sábado 28 de febrero. Ese día, a las 19 horas, el propio Carlo Feltrinelli dará el puntapié inicial al emprendimiento, seguido por un show de La orquesta de las mil melodías.

El camino de Feltrinelli hasta la peatonal Sarandí

La historia de Feltrinelli en Uruguay comienza con un momento crítico de la librería Más Puro Verso, que durante años ocupó el icónico edificio de la Ciudad Vieja y que por diferentes motivos vio cómo el negocio se hacía cada vez más difícil de sostener.

“Más Puro Verso fue una librería muy potente, la principal del país durante años en una lógica muy distinta. Con el paso de los años, la llegada de la pandemia, la caída de Ciudad Vieja y la crisis argentina, empezó a enfrentar problemas. Al mismo tiempo su dueño, Ruben Forni, estaba para retirarse y hubo un proceso de salida de su parte, y ahí hubo negociaciones para la adquisición de Más Puro Verso”, cuenta Lagazeta.

“En ese planteo, con Juan (Castillo) y Pablo (Braun) empezamos a pensar en qué era lo mejor para este punto, que es muy turístico, pero tampoco queríamos entrar en un modelo de repetición, sino aumentar la oferta y la diversidad en Montevideo, y conectarnos con el exterior.”

Edificio_Pablo_Ferrando,actual_Museo,y_ex_optica,vista_desde_calle_Bacacay Mas puro verso Feltrinelli
El edificio Pablo Ferrando, visto desde la calle Bacacay

El edificio Pablo Ferrando, visto desde la calle Bacacay

“Hoy a Uruguay entran todas las editoriales, estamos muy aggiornados a lo que pasa en Europa, en Argentina, en México, en Chile, somos un país que está muy avanzado en la industria del libro y en la diversidad de la oferta lectora. Sabíamos que la familia Feltrinelli siempre estuvo interesada, desde su origen, en cruzar el océano, en trabajar con América Latina”, agrega.

“Feltrinelli, si bien es una gran cadena, siempre hizo un énfasis especial y cuidan la no ficción, el ensayo político, histórico, de actualidad política. Siempre quieren estar metidos en eso y pienso que Uruguay es afín a ese tipo de lecturas”, explica por su parte Castillo.

El contacto con Feltrinelli fue fructífero —Castillo acota que el vínculo del grupo con Uruguay es muy fuerte desde que se convirtieron, por ejemplo, en traducir a Juan Carlos Onetti, o luego de la adquisición de la editorial Anagrama— y empezaron las gestiones que decantaron en un proyecto que requirió una inversión total de alrededor de 1 millón de dólares.

En ese esquema de inversión también se incluye una obra que tuvo que acomodarse a las características de un edificio que data de 1917 —se construyó para ser sede del primer Instituto Óptico del país, el más grande del continente en su momento—, que es Monumento Histórico Nacional y que tiene grado patrimonial 4, uno de los más altos. El trabajo lo llevó adelante el estudio de arquitectura y diseño Toro.

La obra implicó una modificación total de la cocina que se ubicaba en el segundo piso —al que se llega por dos escalinatas impresionantes, y bajo un vitral enorme que domina todo el lugar— y se recuperaron varios detalles patrimoniales preexistentes.

“Lo que había se recuperó”, indica Lagazeta. “Se pulieron las escaleras, se recuperaron todas las piezas del vitral, se recuperó el reloj con una máquina traída especialmente de Argentina —solo eso costó seis mil dólares—, se arregló y se acondicionó el ascensor, que es el más antiguo en funcionamiento de la ciudad y que estaba fuera de servicio. La presencia de la fachada también es importante con su vidrio curvo, y se trabajó en las columnas para devolverle el brillo de antes”.

Para los socios uruguayos, la nueva librería buscará tener su propia identidad, será de “ramos generales” y estará orientada a sacarle jugo al punto turístico en el que se encuentra, de la mano de una revitalización de esa zona de la Ciudad Vieja que esperan que se concrete. La cuestión “internacional”, además, implicará la existencia de una “librería dentro de la librería”, a decir de Castillo, que tendrá libros en otros idiomas: italiano, inglés, francés y demás.

“Había una librería acá ya, Más Puro Verso era respetada, vendía muy buenos libros, pero era una librería que, cuando empezamos las negociaciones, iba a cerrar y se iba a perder por otro rubro. De repente el lugar lo ocupaba una compañía de ropa, una de decoración para casas. Se trabajó sobre la idea de sostener algo de la industria cultural”.

La mencionada nueva cocina de Feltrinelli estará a cargo de la cocinera Florencia Courrèges y tendrá una propuesta gastronómica que incluirá el desayuno, el almuerzo —más “simple”, según los socios, debido a lo que permite el cuidado patrimonial— y la merienda, algo que acompaña la extensión horaria XL de la librería: de lunes a sábado, de 9 a 21 horas. Como particularidad, la librería tendrá a una cara conocida de la cultura como coordinador general: el cantante y músico Sebastián Casafúa, que además publicó su libro, Hiato, hace pocos meses.

El editor revolucionario

El grupo italiano tiene un nombre de pila clave que es la llave para entender su historia en las letras italianas y europeas: Giangiacomo Feltrinelli.

Nacido en Milán en 1926 en el seno de una de las familias más ricas y prósperas de la región, Feltrinelli fundó la editorial que lleva su apellido a los 28 años a partir de los restos todavía humeantes de la Cooperativa del Libro Popolare, que él mismo había promovido. Preocupado por la realidad social de su país desde temprano —apenas salido de la adolescencia se metió en los partisanos italianos durante la segunda guerra mundial— y activo militante comunista, el italiano ya había hecho un intento previo a fines de los años 40 con una biblioteca dedicada a la historia contemporánea y los movimientos sociales, un proyecto que se convirtió en fundación y que pautó el estilo que luego identificaría a la posterior editorial.

Desde su empresa literaria, Feltrinelli se ocupó de surtir las bibliotecas italianas con libros emblemáticos que, sin embargo, le generaron dolores de cabeza y sendos juicios, entre ellos la obra de Henry Miller y dos títulos claves de la literatura europea de la segunda mitad del siglo: Doctor Zhivago, de Boris Pasternak, y El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

En los años siguientes, su vínculo con la causa del marxismo y el comunismo se fortaleció y lo llevó a viajar por el mundo y a tener encuentros con Fidel Castro, con el Che Guevara y hasta el líder norcoreano Ho Chi Min. Durante el período de agitación interna denominado Años de plomo en Italia, y luego de haber vivido en la clandestinidad, Feltrinelli pasó a la acción directa: se convirtió en el fundador y comandante en jefe del Gruppi d'Azione Partigiana (GAP), una organización guerrillera que en importancia y relevancia se colocó solo detrás de las Brigadas Rojas.

El final de Feltrinelli acompaña su tumultuosa vida revolucionaria: el 15 de marzo de 1972 fue encontrado muerto a los pies de una columna de alta tensión en el pueblo de Segrate, cerca de Milán. Se estima que Feltrinelli se mató con los mismos explosivos con los que quería volar la estructura.

Luego de su muerte, la editorial y la librería quedó en manos de su esposa, la fotógrafa alemana de origen judío Inge Schönthal, y luego el emprendimiento quedó bajo la titularidad de Carlo, su hijo. Hoy, Feltrinelli es uno de los gigantes europeos, con una editorial legendaria bajo su estandarte y una cadena de librerías con más de cien puntos de venta en toda Italia.

En 2016, además, el grupo concretó la adquisición —casi un rescate— de la editorial independiente española Anagrama, fundada por Jorge Herralde.

Temas:

Feltrinelli librerías Ciudad Vieja Uruguay

Seguí leyendo

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos