12 de marzo 2026 - 5:00hs

Paul McCartney está vivo, y mientras esté vivo va a intentar, como viene haciendo en la última década, reescribir la historia que se creó desde que los Beatles se separaron en 1970. Sobre todo, la noción de que el motor y el líder absoluto de la banda era John Lennon.

Esa ha sido su misión en la última década y la viene desarrollando no solo con su casi continuo ritmo de giras (que en 2024 lo trajeron de nuevo a Uruguay), sino también a través de distintos proyectos como libros, películas (incluyendo reversiones de contenido Beatle como los documentales Get Back, donde se lo veía tratando de salvar al grupo de su inevitable disolución mientras sus compañeros ya estaban en otra, y la serie Anthology, todos disponibles en Disney+), entrevistas y el podcast A life in lyrics.

McCartney quiere contrarrestar la narrativa establecida, antes de que, como decía aquella teoría conspirativa, Paul esté muerto.

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Mientras todavía queda por ver como resuelven esa línea narrativa proyectos como el pack de cuatro películas biográficas que se estrenaran en simultáneo en 2028 y que por estos meses se están grabando en el Reino Unido, en la plataforma Amazon Prime Video se estrenó el documental Paul McCartney: Man on the run (también se lo encuentra como Hombre a la fuga) que se inscribe dentro de la búsqueda de Sir Paul de reivindicar su figura y su trayectoria solista, en particular la de la etapa con la banda Wings, que existió entre 1971 y 1981.

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Silly love songs

Dirigido por Morgan Neville, el documental pinta a McCartney luego de la disolución de los Beatles como una víctima de sus circunstancias y de su época. Buena parte de la narrativa de la película se enfoca en lo difícil que fue para el artista recuperar el reconocimiento, el éxito y la aceptación del establishment musical y rockero tras el desarme de los Fab Four, en parte porque se lo señalaba como culpable de ese episodio, y por otra parte porque el paso de los 60 a los 70 hizo que el amor dejara paso a la frustración, la rebeldía y lo punk como lo más cotizado.

En ese contexto, el hombre que hacía “silly love songs” quedó como un cantautor timorato y corrido del eje de época, alguien que hacía canciones para viejos.

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A eso se suma que la separación de los Beatles se le adjudicó a él (y con algo de razón) por ser el encargado de hacer el anuncio oficial, que vino atado a la salida de su debut solista. Paul McCartney no llegaba a los 30 años y era uno de los artistas más exitosos y populares del mundo, que ahora empezaba de vuelta, aún contra sus propios deseos.

En una entrevista con Vanity Fair que dio en 2015 pero se publicó recién ahora, a propósito de la salida del documental, el músico cuenta que “pensaba que todavía teníamos más para hacer. Pensaba que todavía podíamos hacer cosas grandes, pero se terminó ahí”, sobre la separación de los Beatles que marca el punto de partida de Man on the run.

La película, que salió junto a un libro dedicado a la historia de Wings, repasa también el juicio que lo enfrentó a sus tres excompañeros para disolver la sociedad legal, y en particular el cambiante vínculo con Lennon, que pasó de ser un odio mutuo con canciones cruzadas atacándose a una eventual reconciliación que se sostuvo y se profundizó hasta el asesinato de Lennon.

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Es interesante el contraste que la película, subrayada con declaraciones del propio McCartney, sus compañeros de Wings, Sean Lennon (el hijo de John) y hasta figuras aledañas al universo Beatle como Mick Jagger, plantea entre los dos compositores principales del cuarteto de Liverpool: el contraste entre el logro de Lennon de “independizarse” más rápido de la banda, pero también el desarrollo de dos vidas artísticas opuestas.

En ese punto, uno de los elementos más jugosos del documental son los dardos que Paul le tira a John desde el presente (y gracias al montaje de la película), señalándolo como un revolucionario marketinero, un tribunero y egoísta en sus manejos que la historia puso en un pedestal.

Así lo reflejaba en la mencionada entrevista con Vanity Fair: “La cosa con Lennon y McCartney es que siempre fuimos iguales. Pero claro, cuando asesinaron a John, se convirtió en un mártir por esa atrocidad. Y empezó un revisionismo después de eso. Que Yoko Ono lo fomentó, Jann (Wenner, fundador de la revista Rolling Stone) también”.

“Yoko empezó a decir cosas como que yo solo había reservado los estudios de grabación. Pero por suerte, la historia está documentada, y hay libros con registros, así que puedo ir a eso y decir ‘no, la verdad es que hice bastante más que eso’”, agregó McCartney, que se jacta de ser el que acarreaba a sus tres amigos al estudio y los ponía a grabar cuando había que hacerlo, y no oculta su resentimiento con lo que percibió como un ninguneo hacia él, George Harrison y Ringo Starr.

Abriendo las alas

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Man on the run es de alguna forma, una historia de coming of age. La larga marcha de Paul McCartney para encontrar una voz propia y madurar como artista luego de una década en la que fue el fenómeno mundial más grande y duradero de la música pop.

En la red social cinéfila Letterboxd, el propio McCartney (o algún asistente) escribió una reseña del documental que dice “en líneas generales, es una historia de éxito. La gran pregunta después de los Beatles fue: ¿cómo se sigue después de esto? ¿No te tiene que importar? Y si intentás, ¿cómo lo haces? Pienso que lo hicimos de una forma particularmente imprudente, y creo que eso es lo bueno de la película, que muestra como lo logramos”.

Y eso es porque lo que hace Neville es un documental oficialista. Ver al nombre del artista retratado en los créditos (en este caso como productor ejecutivo) siempre tiene que ser una señal de alerta para saber que el mensaje de fondo va a ser “que crack es este tipo”.

Sin dudas ese componente está en este proyecto, pero es el precio a pagar para poder acceder a materiales fotográficos, audiovisuales y grabaciones caseras hechas tanto por Paul McCartney como por su esposa Linda —también parte de Wings—, un acceso privilegiado a la intimidad familiar y artística del protagonista, que además es usado de forma creativa para elaborar montajes animados y gráficos.

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Todo ese material, sin embargo, se va cruzando cada vez más con registros profesionales y el estilo del documental se va poniendo más clásico y hasta aburrido a medida que avanza, aunque entre la música y las anécdotas logra retener la atención hasta que llega el momento de las reflexiones finales. Y no deja de ser sorprendente como los Beatles fueron registrados en todas las situaciones posibles y el nivel de documentación y archivo que hay sobre sus vidas públicas y privadas.

Entre ese material y los momentos más confesionales del documental es que Hombre a la fuga tiene sus mejores y más valiosos pasajes, antes de caer en el rejunte de anécdotas e historias entretenidas pero que no aportan revelaciones o reflexiones ni inéditas ni poderosas. Lo que si queda a lo largo de toda la película es una calidez muy McCartney que la convierte en un viaje divertido al que sumarse.

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