Recital de Paul McCartney
Foto: Leonardo Carreño
La ansiedad subió un poco más en las horas previas al show: las puertas del Centenario, que según la producción se abrirían a las 18 horas, no lo hicieron hasta después de las 19, lo que generó extensas y caracoleantes filas por el Parque Batlle y algunas quejas del personal encargado del ingreso. Y aunque unos cuantos se notaban nerviosos a medida que se acercaba la hora del show, el arranque se demoró para dar tiempo al ingreso y las filas siempre se movieron con buen ritmo.
Entonces, sobre las 21.20, las visuales de las pantallas laterales al escenario se quedaron con la imagen del bajo Hofner de McCartney, quizás el bajo más icónico de la historia de la música. Bajaron las luces, y el músico salió a escena con su banda, tan sólida como en sus anteriores visitas.
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Paul saludó, sonrió, contó cuatro y sonó ese acorde indescifrable que se inventó George Harrison para abrir A hard day's night, la primera de las 37 canciones que tocó a lo largo de la noche. Nada desdeñable como proeza para un artista de 82 años. Menos movedizo que en sus anteriores visitas, más canoso, con la voz que a veces sufría para llegar a las notas que antes alcanzaba, pero el mismo espíritu juguetón, canchero y simpático de siempre.
Con la capacidad intacta para tocar y sacarle a su bajo que ya tiene raspado su cuerpo de tanto golpe de púa esas melodías que retumban en todo el pecho, de sentarse al piano para conmover, o de agarrar una guitarra y dibujar sobre las cuerdas. Y con sus habituales gentilezas para con el público: intentar hablar en español aunque tenga que leerlo, agradecer cada grito de amor con un "yeeeeah", bailotear, gesticular y hasta convertir ese ooh, ooooooh-oh medio sin gracia que solo hace el público uruguayo en una canción improvisada junto a su banda.
37 canciones en tres horas: así fue el show de Paul McCartney en Montevideo
Recital de Paul McCartney
Foto: Leonardo Carreño
El repertorio no se despegó demasiado de lo que venía tocando en la gira con la que volvió a Montevideo, Got Back, y que tiene en esa lista de temas algunos puntos que ya a esta altura son intocables: Blackbird, durante la que McCartney queda solo y en una plataforma que se eleva; Maybe I'm amazed, esa señora balada de amor que, aunque su garganta ya no le permita cantar como antes, sigue teniendo fuerza; Jet y Band on the run de su era Wings, o la tríada implacable con la que cierra antes de los bises: Let it be, Live and let die (pirotecnia y llamas incluidas) y Hey Jude.
Ahí, con los na-na-na-na resonando, las luces de los celulares hamacándose y los brazos pasando por los hombros del padre, madre, hermano, amigo, pareja, tío, o quién fuera que estaba al lado, que se hizo patente que McCartney tiene la fórmula para generar y difundir la felicidad.
Claro, tiene de su lado el repertorio que se inventaron con los Beatles, y este show es un amable recordatorio de todo lo que nació de ese cuarteto, desde apropiarse del ska para hacer Ob-la-di, Ob-la-da, hasta anticipar el metal con Helter Skelter. Y tiene también el que hizo después, en el que siempre siguió un camino de libertad, exploración, juego y amor por la música. En la que, como dice el lema del escudo de armas que creó cuando fue nombrado Sir, ecce cor meum, ha puesto su corazón.
Recital de Paul McCartney
Foto: Leonardo Carreño
Por supuesto, McCartney sabe que nadie va a verlo para escuchar lo que ha editado en los últimos años, y aprovecha al máximo la maquinaria Beatle, al punto que usa recursos que han aparecido en los últimos años para vestir su show, como algunas animaciones del videojuego Rockband: The Beatles, o fragmentos del documental Get Back, que salió el año pasado.
También usa la pista vocal de John Lennon en el concierto de la azotea de Apple Corps en Londres de 1969 para generar un "dúo" con él durante I've got a feeling, uno de los momentos que sorprendió a la audiencia (fue una de las novedades con respecto a sus visitas anteriores) y que fue uno de los varios homenajes de la noche.
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Como lo hace habitualmente, dedicó Here Today a Lennon, ya que fue la canción que compuso ante su muerte, e interpretó Something invocando a George Harrison. También se acordó de Jimi Hendrix con un pedacito de Foxy Lady al final de Let me roll it. Pero el momento que fue al podio de emotividad y puño derecho a la nostalgia de los más mayores fue el estreno de la noche.
Now and Then: la canción que Paul McCartney estrenó en vivo en Montevideo
Recital de Paul McCartney
Foto: Leonardo Carreño
En noviembre de 2023 los Beatles sacaron una canción nueva. La última que saldrá, afirmaron McCartney y Ringo Starr, los miembros vivos del grupo. Hecha en base a un demo de Lennon, sobre el que grabaron los otros tres integrantes en la década de 1990, y con agregados recientes de los dos sobrevivientes, más algunas ayudas técnicas de la inteligencia artificial, se llegó a la versión final de Now and then.
Es una canción que no aporta tanto a nivel musical al canon beatle, pero tiene ese toque simpático, morboso o sacrílego, según a quién se le pregunte, de juntar a los cuatro. En el Centenario la opinión que primó fue la de la emoción. Y además, tuvo el factor de la novedad, ya que fue la primera vez que McCartney la interpretó en vivo. Un considerable honor para Montevideo, que abrió esta etapa de la gira.
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Entre estrenos, homenajes, clásicos y un viaje por las casi seis décadas de carrera de Sir Paul, llegó el final. El de siempre, con la trilogía que concluye Abbey Road: Golden Slumbers, Carry that Weight y como corresponde, The End. Con ese verso que también abrió la noche:
And in the end, the love you take
Is equal to the love you make
Y así parece funcionar McCartney. Al que durante toda la noche le gritan I love you, Paul. Él se ríe, bromea, pero el amor lo recibe. Y el lo hizo - lo hace - y lo devuelve con esas canciones que enamoraron, acompañaron amores o simplemente invitaron a moverse, sacudirse y emocionarse.
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Y con eso viene la felicidad. La que tenían ese padre que bailaba agarrado de las manos con su hija. La que tenía la pareja de veteranos que apoyaron sus cabezas en sus hombros. La de las amigas que se abrazaron y sacudieron los brazos. La del tipo que en 2012 le hizo agregar una canción al repertorio a McCartney de tanto que insistió y que este año estaba ahí de nuevo con una bandera que recordaba el episodio. La de las generaciones que se pasaron sus canciones como una antorcha encendida y que por lo pronto no da señas de apagarse.
Al terminar el show, en español, Paul McCartney le dijo "nos vemos la próxima" a Montevideo. Quizás haya una cuarta, quizás esta sea la última, según dispongan la economía y la biología. Pero por lo pronto, quedaron estas tres horas de felicidad en la memoria, para guardar hasta que vuelva, o para siempre.