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El director estadounidense Carl Rinsch fue condenado por la justicia a dos años y medio de prisión por estafa. El realizador había sido denunciado por Netflix por quedarse con US$ 11 millones que la empresa le había dado para realizar la serie Conquest, que se filmó en parte en Montevideo y nunca se terminó.

Según la denuncia de la plataforma de streaming, Rinsch pidió el dinero para terminar el proyecto, una serie de ciencia ficción distópica, pero lo transfirió a una cuenta personal y lo usó para comprar autos de lujo, muebles, ropa y criptomonedas. Las compras del director incluyeron un Ferrari, dos Rolls Royce y dos colchones que sumaban US$ 638.000.

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En el juicio que terminó este lunes, Rinsch tuvo de su lado el testimonio de figuras como el actor Keanu Reeves. El intérprete canadiense es uno de sus amigos, además de haber sido productor de la serie. De hecho, Reeves visitó Montevideo en 2014 para asistir al casamiento del director con la modelo uruguaya Gabriela Rosés, de la que ahora está divorciado.

Rinsch declaró ante la justicia que su estafa y su comportamiento errático (de acuerdo a las denuncias, hechas por parte del equipo técnico y el elenco de la serie, Rinsch se jactaba de poder predecir donde caerían los rayos, y de haber detectado un mecanismo secreto de transmisión del covid-19) se debieron a problemas de salud mental y de consumo de medicación.

"Este proceso me ha llevado a enfrentarme a mis problemas de salud, a mi juicio y a mi vida", declaró el cineasta en el juicio, según publica el diario inglés The Guardian.

Aunque la salud mental y los problemas de Rinsch se tomaron como atenuantes, la justicia determinó que deberá ir a prisión, además de devolver los US$ 11 millones a Netflix.

La historia de Conquest: de superproducción a estafa

La serie era una historia de ciencia ficción distópica ambientada en un futuro cercano poblado por humanos artificiales y durante semanas fue filmada entre Montevideo, San Pablo y otros países del planeta, desde Kenia hasta Rumania.

En Montevideo, la serie movió a muchísimas personas durante su rodaje en setiembre de 2018 y fue una de las primeras iniciativas que se benefició del Programa Uruguay Audiovisual, un mecanismo que entre otras cosas procura la instalación de un sistema de cash rebate para producciones extranjeras, que implica la devolución de determinados impuestos a los proyectos foráneos que llegan a filmar en el país.

Conquest fue una suerte de punta de lanza para el boom audiovisual que siguió especialmente durante la pandemia, y que continúa hasta hoy, año en el que se filmó parte de otro proyecto de escala considerable para Netflix, la serie El futuro es nuestro.

Según un informe publicado por The New York Times en 2023, Rinsch vendió el proyecto a Netflix luego de una puja entre varias plataformas, como Amazon, HBO, YouTube y Apple, a pesar de que el único precedente del director era 47 Ronin, una película que fracasó tanto en taquilla como a nivel de crítica. En ese momento, "Netflix quemó más de US$ 55 millones en la serie de Rinsch, y le dio control creativo y de presupuesto casi total, pero nunca recibió un episodio terminado".

En ese marco, Rinsch impulsó una demanda contra Netflix en la que el director reclamó a la plataforma US$ 14 millones por incumplimiento de contrato. Netflix aseguraba que se resignó a ver el proyecto terminado, mientras que Rinsch dijo que esas denuncias eran erróneas, y que "no perdió la cabeza", según dijo en un posteo de Instagram que luego borró, junto a su cuenta.

Mientras que el rodaje en Montevideo no tuvo percances, el informe del New York Times establece que en San Pablo se denunció al director por maltrato al equipo de la producción, y que en otra instancia del rodaje, en Budapest, acusó a su esposa uruguaya de intentar asesinarlo, y tuvo un estallido público de rabia.

Entre cambios de guion y dudas sobre el futuro de la serie, Rinsch pidió a Netflix financiamiento adicional, más allá de los US$ 44 millones que ya se habían gastado. Se le concedieron otros US$ 11 millones, llevando la cifra total a US$ 55 millones. De esos US$ 11 millones, Rinsch usó US$ 10,5 millones para comprar acciones —entre ellas de una empresa que aseguraba tener la cura para el coronavirus— que le hicieron perder casi seis millones en pocas semanas, según datos bancarios a los que accedió el medio estadounidense.

El resto lo invirtió en la criptomoneda Dogecoin, aunque esa apuesta le funcionó, y terminó quedando con US$ 27 millones en el bolsillo, que usó para comprar los autos y demás excentricidades.

Todo esto llevó a que en 2021 la plataforma decidiera descartar el proyecto.

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