Emmanuel Horvilleur: "Hay mucha gente que atrasa muchos años; volver con amor no está mal, por el contrario"
Emmanuel Horvilleur lanzó su más reciente disco de estudio, Mi año gótico, y se presenta este domingo en el Cosquín Rock Uruguay en el regreso de Ilya Kuryaki & The Valderramas a Montevideo
Emmanuel Horvilleur lanzó Mi año Gótico y se presenta este domingo en el Cosquín Rock en el regreso de Ilya Kuryaki a Uruguay
Joaquín Ormando
En el año de Chaco –porque la vida de Emmanuel Horvilleur se fracciona en álbumes y canciones de culto– le llegó la invitación de un casting para una película que se iba a rodar en Buenos Aires. Una historia de amor homosexual entre dos jóvenes que llegaban desde Hong Kong, atravesando una crisis y corriendo el riesgo de ser devorados por la voracidad porteña. Una película que se convertiría en un hito del cine independiente y en la consagración de su director. Un sacudón cinematográfico en la década de los 90.
“En ese momento no me cerró mucho la idea pero tampoco sabía quién era Wong Kar Wai ni que esa película se iba a llamar Happy Together”, dice ahora Horvilleur, 30 años después desde una mesa del lobby del Hotel Radisson. “Después me arrepentí obviamente, porque hubiera estado buenísimo y quién sabe, capaz hubiera arrancado una carrera de actor con una película como esa”.
Fabrico cuero(1991) y Horno para calentar los mares(1993) habían presentado a Emmanuel Horvilleur y Dante Spinetta al público regional, pero sería su tercer álbum de estudio el que terminaría de consagrar a Ilya Kuryaki & The Valderramas en la vanguardia de la música latinoamericana. Un disco que incluyó canciones como Abarajame y los llevó a colarse en la radio internacional. Un doble platino de 250 mil copias. Otro empujón en los límites de la década del 90.
La estética saturada y caótica de las películas del director chino Wong Kar Wai –de la mano con la fotografía de Christopher Doyle– ahora derrama en la identidad visual de su octavo disco solista, Mi año gótico. Un recorrido hedonista por una Buenos Aires nocturna iluminada por los colores saturados del neón, con la dirección de Eugenio “Toto” Chiavassa y Belén Asad, hasta la resaca de un “domingo santo”. La fantasía noctámbula de un recorrido que, de alguna forma, cierra un círculo.
Embed - Emmanuel Horvilleur - Mi Año Gótico (Full Album) (Official Video)
Mi año gótico es un disco que brilla en la oscuridad. 10 canciones como un llamado al encuentro entre las grietas, con la colaboración de Julián Kartun, Alex Anwandter, Ale Sergi y Javiera Mena y Fito Páez. Un disco como resultado de una nueva etapa de búsqueda musical.
Sobre un disco gótico pero un año tierno, una masculinidad sin la postura de "macho", la invitación a Fito Páez y el regreso de Ilya Kuryaki & The Valderramas después de una década, habló Emmanuel Horvilleur con El Observador.
¿En qué momento de tu vida te encuentra Mi año gótico?
En el futuro me vas a decir, ¿qué hiciste en el año 2025-2026? Y yo te voy a decir que hice Mi año gótico. Me voy acordando de las cosas que hago por los discos que hice en la vida.
Tu vida se estructura en discos. Y en canciones.
Un poco sí. Obviamente sé los años en los que nacieron mis hijos. Pero después ya es más borroso todo. Te puedo decir que es un tiempo que está bueno. Saliendo de la pandemia se dio una etapa de discos pegados. Inclusive también con el disco que hicimos en pandemia, que fue Pitada. Cuando pudimos volver al estudio arrancamos con una cosecha de canciones que fueron viendo la luz, algunas en Aqua di Emma y otras en Mi año gótico. Obviamente también componiendo para cada disco puntual, pero es un proceso de un tiempo en el que me metí al estudio y no salí. Es como inaugurar una etapa musical de búsqueda de canciones.
Emmanuel Horvilleur, Illya Kuryaki and the Valderramas
Joaquín Ormando
Hablás de en la presentación sobre que el mundo está gótico y que lo único que queda es seguir haciendo canciones. ¿Este disco nace de esa mirada de la actualidad? ¿O fue algo que también fuiste encontrando en el estudio?
Yo creo que se fue encontrando. También uno se termina dando cuenta de que la música tiene esa acción terapéutica primero hacia uno y después eso lo compartís o lo contagiás. Me pasa a mí con la música de otros. De cómo regula, de cómo te ayuda, de cómo te cambia, casi siempre para mejor y cuando la música no te gusta, para peor. A veces es preferible el silencio. El título apareció estando en contacto no con algo musical sino con el contexto que nos rodea de tanta locura, de noticias heavy, de una sociedad medio quebrada y resquebrajada. Esa grieta mundial, porque uno piensa que las grietas son solamente del país de uno y después se da cuenta que no. Las redes sociales ayudaron a una cosa que a alguien le debe ser funcional, que es que te tengas que poner de un lado o del otro en cualquier tema. Y dejar el sentido común perdido por ahí. Para mí eso es Mi año gótico. Sentía que era un título bueno, inclusive para un libro que no voy a escribir, pero le encontré un sentido a tener ese título y nombrar mi disco, más allá de que después las canciones no hablen de eso.
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El sexo y el erotismo siempre han estado presentes en tu dicografía, pero Tu Cara de Culo parte de una masculinidad diferente, más vinculada a lo doméstico y menos quizás a la pose.
En otras canciones es como una seducción más felina, más misteriosa, y en esta es un tipo que está en la casa con todos los quilombos que tiene una casa. La seducción de todos los días. Me gustó eso. Nació de una frase cotidiana con mi pareja, Eva, y después se transformó en una canción. Nos sacó una sonrisa, nos divirtió el hecho de escribir desde ese lugar. Se inauguró algo también con esa canción, con esa cosa más de sensualidad cotidiana y doméstica. Tal vez en esta época escribir sobre sexo o sobre sensualidad tiene más limitantes o a priori se podría decir que no se puede escribir como en otra época. Y yo tampoco soy el de otra época, entonces si me pongo a escribir una canción en esa dirección va a ir más por ahí. Pero tampoco me interesa perder ese costado, porque me divierte y porque siempre fue un motor lo sensual, inclusive más allá de lo lírico, en lo musical.
Tendría la percepción de que la sexualidad está en todos lados, pero se escribe de una forma muy particular sobre el sexo. Este parece un costado mucho más honesto, plantea una masculinidad diferente a la que muchas veces se impone.
De la que hemos sido parte también. Una cosa mucho más canchera o mucho más macho. Cuando escribíamos desde una cosa más macho a los 20 años, era porque también el funk tiene un poco esa tradición, es un poco fantástico. Te estás poniendo una cosa medio de superhéroe de las zonas erógenas. Pero también está bueno poder cambiar y poder sumar nuevos colores a esa paleta.
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Esa canción tiene mucho que ver también con tu rol de padre. ¿Cómo influye esta nueva paternidad en tu ser artístico?
La pareja es una cosa y llega una niña y pasa a ser la reina de todas las cuestiones. Entonces, ¿en qué lugar quedamos como pareja? ¿O en qué lugar quedó la seducción? Y de eso también habla esa canción. Pero a la vez hablando de Mi año gótico, nuestro año teniendo una baby de dos años y medio en nuestra casa es un año mucho más tierno que gótico. Donde también te volvés a jugar como un niño, a ponerte en ese estado más lúdico, y eso también se va colando en concepciones: en lo musical, en jugar con la música, en a veces hacerle canciones un poco en joda y de pronto también esas cosas se empiezan a colar. Cuando aparecen cosas que me divierten las dejo entrar, entonces posiblemente en un futuro haya una canción que hable un poco de ese lugar. Sin llegar a ser un compositor de canciones infantiles, pueden entrar cosas de eso.
La primera vez que subieron a un escenario con Ilya Kuryaki fue al lado de Fito Páez. En este disco entra Caetano, una canción que además de ser una homenaje a la música brasileña, ¿es también una forma de cerrar un círculo con Fito Páez?
Sí, total. Siempre pensé que alguna vez me gustaría hacer algo con Fito, ya que ya que tenemos una historia en común, ya que la primera vez que nos subimos a un escenario fue con él, y toda la influencia que tuvo en nosotros. Lo sumo también a Dante, cuando éramos chicos que lo íbamos a ver a él y nos encantaban sus primeros discos. Cuando apareció la canción Caetano, que es un homenaje un poco de costado a Caetano (Veloso), pensé que Fito era perfecto para esa canción. Le mandé un mail y me dijo uy, yo estoy al palo grabando un disco nuevo y de gira, se me complica un poco. Entonces dejaé el tema afuera del disco anterior, Aqua Di Emma. Y cuando estábamos haciendo este disco, de nuevo habíamos entrado al estudio, le escribí de nuevo a Fito y me dijo justo tengo un día que voy a grabar colaboraciones acá en España, así que mandame el tema. Le terminó sumando su voz y todo lo que la canción requería. Fue increíble. Fuimos al estudio y abrimos las voces que había mandado y fue una sensación similar a la que tuve cuando cuando oí las voces de Gustavo Cerati en la canción 19, hace ya muchos años; esa cosa de que de pronto aparecen esas voces como la de Fito, como la de Gustavo, que son tan únicas y tan icónicas en tu canción, cantando una letra tuya ¡Wow!
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Qué lindo sería verlos juntos también.
Pero que no sea IA.
¿Te preocupa la incidencia de la IA en la música?
No me preocupa. O sí, me puede llegar a preocupar. No es algo de, ay, qué miedo, pero sí que me torra. Incluso esas imágenes que aparecen de muchos músicos conocidos con otras caras, porque la IA es medio mala. Es como una mala copia. Una mala copia del mundo, por ahora.
Ya es tarde y Santo Domingo tienen una especie de hermanamiento desde este costado pop sudamericano. ¿Cómo fueron armadas y cómo llegaron a estas colaboraciones?
Estaba buscando ese costado clubber del disco. Ese costado de club, bailable y pop. Lo busqué en bastantes canciones, terminaron viendo la luz estas dos. Con Ya es tarde, Alex (Anwandter) estaba en Buenos Aires y yo tenía ganas de hacer algo con él hace mucho tiempo, lo invité al estudio, le mostré un par de músicas y le terminó gustando esa. Empezamos a construir un poco sobre esa música, sobre ese bajo grabado por Fran Azorai. Me encanta lo que quedó de esa canción junto a Alex, tiene un poco también el color de él, de su música.
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Santo Domingo fue una cosa más loca porque hace unos años nos habíamos juntado en el estudio de Ale Sergi, con Javiera Mena y Cachorro. Un poco en una continuación de lo que había sido Meteoros. Yo tenía esa parte de Santo Domingo, ruega por nosotros pecadores y cada uno fue sumando cosas diferentes. Después vino la pandemia y quedó esa canción medio colgada. Un día estaba en un show de El Kuelgue, que también es parte del disco, y viene Cintia (Bustamante), la novia de Ale, y me dice che, boludo, qué buena que estaba esa canción en Santo Domingo. Y dije, ¡Santo Domingo! Me había olvidado de esa canción. Fui a los archivos, encontré la versión. La canción estaba buena, pero la música quedaba medio descolgada del disco. A los días, estaba en el estudio laburando una línea de bajo y me puse a cantar Santo Domingo. Ahí se terminó cerrando y le dije a todos che, hice una nueva versión. Vino Ale, grabó su parte, después vino Javiera, grabó su parte, y Cachorro también participó en la producción, así que cerró todo.
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Manicomio es una de las canciones del disco que encuentra la actualidad en esa fantasía, que nace de la inspiración de un lugar real. ¿Cómo llegó esa canción a vos?
Tengo una casa en las afueras de Buenos Aires y cuando voy a hacer las compras voy a un pueblo que se llama Open Door, y en Open Door hay un manicomio. Un instituto de salud mental. Empezó yendo de ese pueblo, y en algún momento me lo puse a cantar naturalmente. Algunas cosas vienen así, como que empieza uno a cantar sobre una música y es como que estás un poco en ese mood de apertura para lo que pueda ser. Cuando estás en busca de canciones estás abierto a que alguna cosa te sorprenda. Después empecé a escribir las estrofas. Las estrofas siempre se van escribiendo un poco con herramientas de cosas que te van guiando la canción, pero también sumando: No quiero ser el presidente / estoy loco pero no demente. Esas son cosas que van entrando también porque porque tenés el chacra abierto de la composición.
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Esa es justamente una de las canciones que tiene un pulso político y social que ha estado siempre en tu música de alguna manera.
Aparecen ahí pequeñas cosas. Yo no soy un tipo de la canción de protesta, ni la canción social, pero sí frases puntuales que aparecen y son parte.
Son justas, son exactas.
Sí, me interesa eso. Cuando era chico, teníamos algunas cosas pero en los 90 hubo tanto de canción social que un poco me alejaba de eso cuando la sentía medio panfletaria o un poco demagógica. Se hablaba de los indios y después no le daban bola. Sentía que en los 90 se usaban un poco esas causas para embanderarse con cosas que de pronto el artista después no era tan consecuente. Entonces, cuando uno toca esos temas que por lo menos que sea de una manera natural y sentida.
Hace un tiempo entrevisté a Dante Spinetta por Mesa Dulce y me decía que “lo más falta en un mundo tan roto por momentos es amor”. Es una mirada que vos compartís. ¿Hay algo de multiplicar el amor en el regreso de Illya Kuryaki and the Valderramas?
Sí, yo creo que sí. Fui a ver a Lenny Kravitz. Y Lenny, en un momento empieza con todo un speech de Let love rule y tal vez se le puede decir pasaron 30 años y seguís diciendo lo mismo. Podés decirle pará con el cliché. A la vez, cuando ves que los gobernantes y los políticos vuelven con discursos de odio que ya parecía que se habían superado y ahora en 2026 se vuelve a hablar de una manera totalmente vintage, en el mal sentido. Discursos hasta homofóbicos o racistas, todas cosas que se supone que ya aprendimos que no es por ahí. Entonces digo, ah bueno, entonces no es un cliché. Es que el mundo necesita también que se lo recuerden. Aunque hayan pasado cincuenta y pico de años de Lennon diciendo no a la guerra, sí al amor, evidentemente parece que la gente tuviera que volver a escucharlo. Hay mucha gente que atrasa muchos años, entonces volver con el amor no está mal, por el contrario.
Emmanuel Horvilleur, Illya Kuryaki and the Valderramas
Joaquín Ormando
¿Cuáles fueron las señales de que era hora de volver?
No hubo tantas señales más allá de decir probemos, hagámoslo. Nos llamaron del Buena Vibra y de hecho al principio dije, no sé, ¿por qué ahora? El sí se terminó dando después de haber hecho el show, de haberla pasado tan bien y de haber disfrutado de la música que nos une con Dante. Por eso estamos ahora acá en Uruguay, por eso vamos al Cosquín Rock, por eso hicimos un marzo de cuatro shows. Pero no hubo una cosa de por qué volvemos, sino que quisimos volver y después quisimos repetir porque la pasamos re bien.
Están haciendo un documental de Illya Kuryaki and the Valderramas, tienen toda su adolescencia y su juventud grabada. ¿Qué sentís al ver esa etapa de tu vida?
Que era otro chico, por momentos. Mucho más excitado, mucho más hinchapelotas, mal portado. Pero a la vez también veo cosas que ahora tengo. Éramos más bravos, más hinchapelotas, más del bullying entre nosotros pero siempre con cariño. No de malas personas, sino de quilomberos, divirtiéndonos entre nosotros. Pero a la vez también muy concentrados en el trabajo, en hacer los discos, muy metidos y con mucho respeto por el mundo de hacer música. Todo eso es lo que vi. Y a la vez también, raros: tipos raros haciendo una música nueva, diferente, en esa época que era mucho más ortodoxa en muchos aspectos.
Quizás eso fue lo que vio mucha gente también, cuando ustedes aparecieron, y conllevó mucha violencia siendo tan jóvenes.
Sí, también por eso. El hater de esta época te putea por redes, el de esa época te tiraba una botella de vidrio en un show que estallaba ahí a medio metro. Eran otras épocas también muy violentas en muchos aspectos. Todas las épocas han sido violentas, lamentablemente vivimos en un mundo que es violento. Buscamos el amor y buscamos la paz. En esa época no tan así, porque también era una época más cercana a los hippies y nosotros nos queríamos despegar de los hippies, entonces también éramos violentos en la música y en las letras y más descarnados en todos los temas que tocábamos. Pero no me provoca arrepentimiento nada de lo que veo. Así eran las épocas y así éramos nosotros.
Este fin de semana vuelven a tocar juntos en Montevideo, en el escenario del Cosquín Rock. En ese sentido, ¿qué es el escenario para vos?
Un lugar mágico, porque suceden cosas mágicas. También de purgar, de sacar afuera, como medio chamánico. Un lugar que te cambia, que cambia a uno y también lo cambia al otro. Cuando yo siento que no pasa nada, que nada está pasando abajo, algo falló. Porque cuando ves que la gente se está disfrutando, cierra los ojos, baila, saca afuera, se ve cambiado, atravesado; es ahí cuando tuvo el real sentido esa ceremonia, esa unión.