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La sala de espera del hospital es un territorio incierto. Pero esperan. No son estrictamente visitas, ni familiares, ni amigas. Son documentalistas. Del otro lado de la puerta, en la sala de partos, una vida se estrena en el mundo y la cámara registra el primer respiro: Primavera llora por primera vez. Una de sus madres la alza. El vaivén acompasado de las manos suaves la sostiene mientras un susurro lo calma todo: Estamos bien.

Mamá está acá, el documental uruguayo que llegó a las salas de cine a fines de abril, acompaña el proceso de creación de una obra teatral mientras hilvana las historias de cuatro maternidades que danzan juntas. La película, dirigida por Adriana Loeff y Claudia Abend –quienes ya habían trabajado juntas en Hit y La flor de la vida– y producida por Agustina Chiarino, explora la belleza de los momentos más cotidianos, vulnerables e inquebrantables de una madre. O más bien varias.

“Hay que tener una especie de llamémosle locura, cuelgue, obsesión, pasión o todo eso junto en común para embarcarse en el viaje de hacer una película. En este caso, quedamos embarazadas y fuimos mamás casi en simultáneo”, dice Claudia Abend a El Observador sobre la gestación del documental.

En ese momento las directoras estaban en el proceso de montaje de su película anterior, pero las conversaciones volvían inevitablemente a esa etapa de la vida donde de repente el mundo se les había dado vuelta. Y ese, sería entonces, el espíritu de su siguiente proyecto: “No sabíamos todavía cómo ni de qué manera, pero necesitábamos empezar a contar historias de mujeres en el momento de ser mamás o de desear ser mamás”.

Ese fue el inicio de un camino de búsqueda amplio, profundo y largo en el que conocieron a tantísimas mujeres. Un camino incierto, donde imaginaron muchas posibles películas, hasta que conocieron a Dana Liberman.

“Más allá de que Dana tiene una historia de maternidad muy fuerte y muy increíble, ella es como una fuerza de la naturaleza. De esas personas que te cruzas en la vida y te modifican. Acá hay una película. Sentimos eso. No hay nada más que hablar”.

Liberman se encontraba en pleno proceso creativo de Hanami. Un camino en el que pondría en escena su propia historia y la de su segundo hijo, Uriel. Un unipersonal en el que integra el dolor y lo convierte en algo nuevo: una cicatriz. Un proceso de creación al que se unió el camino documental. La obra se convirtió entonces en un personaje más.

Cuando fueron al primer ensayo las recibió la directora Luz Viera, por entonces embarazada de su primer hija con la también directora y dramaturga Jimena Márquez. “Nosotras, directoras de un documental sobre maternidades, y las directoras de la obra esperando un bebé. Nos pareció increíble". Finalmente, la historia se completaba con Paula Villalba, la diseñadora de vestuario y la mamá de Lucas. Una maternidad monoparental por adopción, con sus propios desafíos cotidianos.

La historia entonces se reveló delante de ellas. Un proceso donde la creación artística, la amistad y la maternidad sostienen un universo.

Embed - Mamá está acá | Tráiler Oficial | Estreno en Uruguay 30 de abril

Desde entonces iniciaron un camino que se extendería durante cinco años. Un proceso de acompañar la vida. Una historia que contiene tres familias, pero al mismo tiempo se sostiene como un espejo sobre el que pensar en eso que entendemos por maternidad. De lo más íntimo a lo colectivo. La luminosidad de las madres, incluso en los más oscuros de los momentos.

– Nos gustaba buscar un buen equilibrio entre luces y sombras en la película. Siempre imaginamos una película agridulce, como sentimos que es la vida.
– El final de la película cierra la historia con ese mismo sabor.
– El final fue un regalo. Ahí constatamos que el dios del documental existe. Y el dios del montaje. Y el dios de la vida, tal vez.

Sobre Mamá está acá, las maternidades y el proceso documental, Adriana Loeff y Claudia Abend hablaron con El Observador. Lo que sigue es un resumen de la entrevista.

¿Qué implica ser madre en este momento de la historia? Algunas de las historias que contiene la película quizás no se pudieran haber dado de la misma manera en otro contexto.

Adriana: Una cosa que nos hacen notar a veces es que la película tiene historias que son muy distintas en titulares. Ayer me invitaron a dar una charla en un liceo de Dolores con chiquilines de 15 y 16 años, imagínate ir a hablarles de cine documental y de una película maternidad. Empezaron a surgir preguntas que sobrevuelan en su cabeza cuando alguien le dice maternidad a una chica adolescente y ahí surgió ese puntapié para decir yo no hice la película para mostrarte que podés adoptar, para mostrarte que podés ser mamá junto con otra mujer o para mostrarte que se puede hacer cesárea tanto como parto natural, pero sí me agrada que la película habilite a conocer estos mundos, hablar de maternidad de maneras que no sean el cliché o el estereotipo. Estas generaciones se están haciendo preguntas que mi generación capaz que no se animó a hacer. Está bueno naturalizar cosas que para otras generaciones capaz que son más desconocidas en su entorno, no tienen referentes y ver esas cosas en una película es proyectar verlo en tu vida también. Contamos historias, pero no como un análisis en torno al tópico sino como una historia de maternidad más. Con esta singularidad, pero con toda naturalidad.

Claudia: Escuché a Lucrecia Martel que decía hacemos cine para la conversación que viene después. Una de las cosas lindas que empezó a pasar con la película es que habilita las historias de las personas que la ven. Termina la película y se nos acercan espectadores o espectadoras a hablarnos de sus historias personales.

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¿Cómo las atravesó a ustedes este proceso de registrar las maternidades de otras mujeres?

Adriana: Primero me inspiraron mucho, no quiero ponerme en el lugar de enamorada de nuestras protagonistas pero sí me parece que son mujeres increíbles, fuertes e inspiradoras. Lo que ellas hacen es excepcional en muchos aspectos, pero también es muy común. Todas lo hacemos. Tenemos mucha capacidad de verlo en la otra y pero a veces te cuesta un poco más decírtelo a vos misma. Otra cosa que también me atravesaba era que muchas veces la maternidad está metida en los problemas prácticos. Siempre estás apagando incendios, resolviendo cosas, disfrutando también el camino pero a veces te falta observar, apreciar, encontrar tu centro, estar en el presente. Dana hablaba de por qué era importante estar en el hoy y no estar proyectando para mañana. Mi situación es completamente distinta, no puedo identificarme pero puedo entender algo de eso y puedo aprender para traerlo a mi vida. No como directora, no como documentalista, pero como madre, fue un viaje bello e inspirador de atravesar. Y creo que a la gente le pasa algo así cuando ve la película, recorrer el camino con ellas te deja un poco inspirado.

Por más de que son distintas historias, en algún punto es una sola. Tienen un sentido en común, no solo desde la amistad que las sostiene sino desde algo esencial: el amor como motor. Desde su lugar, ¿cómo se plantearon construir esa historia? ¿Cómo ir al centro de lo común?

Claudia: Hay que tener paciencia y confiar en el dios del documental. Confiar en lo que va sucediendo. Lo lindo del cine documental que es un camino tan abierto y tan incierto, que tenés que confiar en ir paso a paso metiéndote en cada una de las historias. Observar, contemplar, acompañar, conversar, entrevistar. Y también esperar. Hay cosas que no se pueden apurar, realmente toca observar y pasar mucho tiempo con esos personajes, vivir un poco esas vidas de prestado y esperar a que los acontecimientos se desenvuelvan ante nuestra cámara. Acompañar el tiempo de la vida, el tiempo de la vida es lento. Después en el montaje terminan pasando muchas cosas totalmente diferentes a las que una pensaba en el camino. A veces estás filmando algo que te parece impresionante y sentís que es el principio, el final o el momento clave de la película pero después queda afuera. O a veces todo lo contrario, un día intrascendente que después mirás en la isla de edición y es un momento que lo cuenta todo.

Adriana: Hay una capa más acá. Yo no pienso que una persona tenga que filmar siempre una realidad similar a la suya, primero porque la curiosidad es un gran motor y segundo porque somos todos humanos y siempre vamos a encontrar algo en lo que podemos vernos reflejados en el otro. Sin embargo, en este caso donde filmamos a mujeres de edades parecidas a nuestras con sus hijos, también estamos filmando algo que nos era cercano. Podríamos haber sido buenas amigas si nos hubiéramos conocido en una situación donde no hubiera habido una cámara en el medio. Quizá ayudó en este caso a la intimidad.

Hay un momento en el que Paula Villalba se refiere a la soledad y habla sobre esa posibilidad infrecuente de profundizar en una conversación sobre su historia. ¿A ustedes, como documentalistas, se encuentran a menudo con personas necesitan esa profundidad?

Claudia: Todo el tiempo. En el 99 % de las entrevistas que hemos filmado, que son conversaciones filmadas. Cuando filmamos La flor de la vida, hicimos una etapa de exploración que consistió en filmar muchísimas entrevistas octogenarios y octogenarias y no había manera de cortar esas entrevistas. Nosotras decíamos debe ser es un rasgo de esta edad, de repente hay muchas personas que están muy solas y necesitan ser escuchadas. Pero después nos vuelve a pasar con cualquier persona de cualquier edad. Es uno de los momentos que que más me conmueve de la película, esa reflexión después de contar toda su historia dice que no es tan fácil llegar a una conversación en profundidad con alguien porque estamos todos tan atareados, tan apurados y tan enroscados cada uno en sus actividades y sus quehaceres, que a veces es difícil darse el tiempo para conectar, para profundizar, para hablar. Es increíble cuando pasa eso con una cámara de por medio.

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También tiene que ver con la recepción tenían con los personajes, en una de las entrevistas se escucha que alguien llora detrás de la cámara.

Claudia: Soy yo.

Adriana: El post productor del sonido la sacó y le dijimos no, devolvé esos mocos. Porque estaba hablando con alguien, y ese alguien estaba destruido. Lloraba.

Mamá está acá presenta no solo la mirada de la maternidad, sino también a estas mujeres como hijas en algunas de las instancias.

Adriana: Lo buscamos. Empezamos haciendo entrevistas a muchas mujeres y a todas les pedíamos que nos trajeran una foto de su mamá antes de ser mamá. Como mujer, no madre. Era el puntapié para que nos hablaran de ese vínculo. Ver esto como una cadena: nosotras somos hijas y estas mujeres también son madres. Hay ahí una presencia que te marca. Nos encantaba esa relación. La fantasía era todavía darle más cuerda, pero lo que hay funciona.

Claudia: El personaje de la mamá de Dana es mi favorito. Es un personaje que prácticamente no habla, dice poquitas cosas, pero la ves ahí sentada y eso lo dice todo: Mamá está acá.

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¿Hubo una búsqueda de mostrar la maternidad de una mirada exclusivamente femenina o simplemente se dio de esta forma?

Adriana: No fue algo que nos planteamos al comienzo, pero fue algo que fuimos descubriendo. Era una película sobre maternidades, evidentemente el punto de partida era la intimidad o el mundo interior de estas mujeres, pero se dio por la realidad que el esposo de Dana no estaba tan copado con participar, estaba todo bien, pero un poco más tímido ante la cámara, Paula era una mamá sola, Jimena y Luz eran dos mamás. Había una fuerza marcada por la realidad. Y luego hay otra realidad que es que todo el sistema que contiene y que sostiene termina siendo muy femenino. La realidad presentó un mundo femenino que nosotras buscamos y lo encontramos.

A posteriori reflexionamos sobre la historia del cine que tiene más de cien años y es una historia que siempre contó con voces masculinas. Una lucha en las últimas décadas de las mujeres de tener voz. El famoso test de Bechdel. ¿Hay una mujer? ¿Hay una mujer que habla con otra mujer? ¿Hay una mujer que habla con otra mujer de algo que no sea de un hombre? Al punto que estamos preguntándonos qué raro una película donde las mujeres hablan de sí mismas y no hablan de los hombres o el conflicto no gira en torno a los hombres. Me parece que está bueno también sumergirte una hora y media en un mundo de mujeres y conocerlas.

El día del estreno dejamos unos papelitos para que la gente escribiera lo que sentía. Y había algunos papelitos escritos por hombres con cosas como “acabo de darme cuenta de lo lejos que estoy del mundo interior de las mujeres” o “qué impresionante poder reconocer un poco esta otra forma de mirar, que no la vemos tan reflejada de un modo tan extremo como pasa en Mamá está acá”.

Claudia: Enhorabuena una película protagonizada por mujeres, que cuenta cosas de mujeres. No aprobaríamos el test de Bechdel a la inversa, porque no hay suficientes hombres que hablen. Nadie se pregunta por qué el padrino está protagonizada por hombres, pero cuando hay una película protagonizada por mujeres, donde las figuras masculinas tienen otro lugar, sí llama la atención y eso también está bueno.

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