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Como un arrullo suave y gentil, la letra de A los adolescentes de Falta y Resto resuena en la voz de su padre. Él aún no ha llegado al mundo, su madre está embarazada, pero el pulso de la murga ya es parte de la historia de Imanol Sibes. El niño que se convirtió en murguista y a quien casi 30 años después el autor de aquella canción encontró en una noche de Carnaval. Agarró su rostro entre sus manos y felicitó a quien describiría luego como “un orgullo para el género”.

Todavía intenta procesar todo lo que está pasando.

Sibes es la Figura Máxima de este Carnaval (y también es la del Carnaval pasado). Su murga, la de sus amigos, es la mejor de este año (y también lo fue el año pasado). Es uno de los creadores del mejor espectáculo de carnaval, junto a Maximiliano Tuala y Camilo Abellá, (ya se imagina lo que va en este paréntesis).

Habla con una suavidad y una calma que contrasta con el altibajo emocional de las últimas horas, con una honestidad que se hace evidente en la expresión que cada tanto atraviesa su rostro. “Es mucho”, repetirá durante la entrevista con El Observador, quien hasta ahora se asombra cuando el público lo reconoce en un tablado.

El recuerdo de su abuelo tocando el tambor en la comparsa que dirigía es lo primero que aparece cuando habla de carnaval. También el tamborcito que llevaba colgado alrededor del cuerpo y ese primer acercamiento a la “cultura de barrio”. En las noches en los tablados de Malvín está el sonido de un coro de murga, el maquillaje de un murguista y el primer cupletero que vio frente a él. “Cuando veo un niño o una niña con la cara pintada, tengo una debilidad, me tengo que poner a hablar con ellos porque a mí me parece que no hace tanto yo estaba en ese lugar”.

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Y es verdad, hace algunos años Imanol era uno de esos niños que se maravillaba con Agarrate Catalina en el tablado del barrio y recuerda a aquel José Mujica de Martín Cardozo que se volvió indeleble. Un niño que miraba el informativo a principios del milenio porque deseaba entender de qué hablaban los grandes, y cuando llegaba al tablado veía cómo todo eso se subía al escenario. Empezó a prestar atención y cuando se quiso acordar, estaba haciendo Murga Joven.

“Fui a un casting y no quedé. Pensaba que era ir y ya está. En ese momento no sabía cantar, no sabía tocar un instrumento, no sabía hacer nada, era de careta nomás”, recuerda Sibes y ríe.

Entonces, hizo lo que cualquier adolescente haría en el año 2013: entró a Facebook. Se hizo parte de un grupo de nombre tan literal como efectivo, Murguista que busca murga, murga que busca murguista, y escribió algo así: Yo ando acá por Malvín / Malvín Norte, si alguien tiene alguna murga me gustaría sumarme.

El conjunto Soñar es gratis buscaba un murguista, y respondió al pedido. Fue un proyecto que murió antes de nacer, pero en ese puñado de ensayos conoció a un amigo que lo llevó a A Toda Costa. De suplente.

Para entonces, Imanol estaba “completamente obsesionado” con la murga. Salía del Liceo 10, tomaba el ómnibus que lo dejaba cerca del Club Lagomar para ocupar su lugar de reemplazante: mirar, escuchar, aprender. Pero no cantar. Hasta que un día, para su sorpresa, tuvieron una baja. Traje, maquillaje, sombrero. Se miró al espejo y ahí estaba: un murguista a toda ley. “Obviamente no era una murga de buen nivel, pero para mí era la mejor murga del mundo”, dice ahora. No pasaron la Prueba de Admisión, pero ese año experimentó por primera vez el Carnaval del interior.

Sibes no olvida a nadie. Menciona con detenimiento a cada una de las personas que se cruzaron en su camino, como a quienes todavía hoy lo acompañan: técnicos, utileros, artistas. Desde los liceales con los que formó una murga en una clase de biología, La Biológica, y también a aquellos con quienes formaron en 2014 ¿Quién le pegó a la perra?, la murga con la que ensayaba en la casa de su abuela y con quienes subió al Teatro de Verano por primera vez.

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Mientras hacía su camino en murga joven, Doña Bastarda transitaba un rumbo propio. El camino que recorrió un grupo de apasionados de la murga desde el Carnaval de las Promesas hasta el Concurso Oficial, pasando por títulos prestados o cedidos como Ecos de Camión, Eterna Madrugada o La Lunática. Hasta que decidieron sacar su propia murga. Quizás es por eso, dice Sibes, es que desde su nacimiento Doña Bastarda busca su propia identidad.

“No querían tener un cupletero que venga y salga un año, buscaban a una persona que quiera salir en una murga y tener su propia identidad. Y dieron conmigo. Me llamó el Marce (Sanguinetti), me contó que querían armar una murga y me sumé”.

Aquella búsqueda identitaria, expresa, sigue siendo parte del camino. “La búsqueda siempre fue esa: encontrar una identidad y una forma de decir que nos represente. Eso es lo que hoy en día te termina dando una esencia. Para mí es un viaje que la gente escuche o la vea e identifique a Doña Bastarda”.

En los últimos años Doña Bastarda ha apuntado a la profundización. Espectáculos con una preocupación conceptual, discursiva, estética y musical clara. ¿Cómo fue el proceso creativo este año, habiendo además ganado el año pasado?

Nos costó mucho encontrar la idea del espectáculo. De hecho, le llegamos a comunicar a la murga y al equipo técnico que teníamos un espectáculo que se iba a llamar En la buena, que era de este vecino que estaba en la calle y de repente la pegó, es un exitoso. Queríamos hablar del éxito como concepto. Teníamos ideas, teníamos cuplés. Pero nos cruzamos con la profundidad, como decís, y nos quedó un espectáculo que era una cáscara. Estaba buenísima la idea pero había algo que nos estaba faltando y sentíamos que con la idea del éxito había una fibra que no íbamos a tocar. Barajamos otras posibilidades y de repente surgió la idea de la patria, un concepto que atraviesa todas las generaciones, la historia y un montón de formalidades. ¿Y qué mejor forma que abordar la patria que desde Artigas? Un Artigas que no sea solemne sino un Artigas más humano. Empezás a ver el lado B que aparece en el espectáculo: que es contrabandista, que tuvo un montón de hijos. Nos parecía muy fértil, muy divertido, y de un día para el otro hicimos una reunión urgente con los técnicos. ¿Vieron todo lo que le dijimos? Bueno, no va. Cambiamos completamente de vereda. Y creo que algo que nos llevó a cambiar de vereda fue eso: la profundidad. Es un denominador común en todos los espectáculos de la murga, tiene que ver con su identidad.

Encontramos ese concepto, lo fuimos armando y empezamos a quedar conformes. También está la responsabilidad de saber que ganaste el año pasado, pero que no solo ganaste sino que fue el mejor espectáculo carnaval. Todo lo que hoy con el diario del lunes se repite y no podemos creer. Pero no fue que buscamos hacer de nuevo el mejor espectáculo del carnaval, porque de hecho íbamos por un lado que podía estar interesante y nos pareció que se caía a pedazos. Fuimos por otro lado y terminamos teniendo una recompensa. El desafío que teníamos era ese: encontrar una propuesta que nos llene, que nos deje algo a nosotros y a la gente, pero más que nada que nos represente.

El 2025 fue un año en el se celebró el Bicentenario, en el que el concepto de la patria volvió a ser discutido y quedó claro que persiste cierta solemnidad asociado a él. ¿Cómo fue para ustedes encarar ese tema, sabiendo que podía llegar a molestar o herir ciertas susceptibilidades?

Creo que la idea de la patria la tiró Emiliano. A Camilo le gustó desde el arranque. Yo, como siempre me equivoco, les decía no sé, Artigas ya lo hicieron varias veces, lo hizo Pacella, lo hizo Esmoris. Sentía que no iba a estar a la altura. Después empezamos a escribir y empezó esta idea de un Artigas humano, como un hijo de vecino, y me empezó a copar un poco más. Sabíamos que nos íbamos a meter con la patria, que hay una cuestión de solemnidad y que al uruguayo podía no gustarle mucho. Obviamente tengo muy latente todo lo que le pasó al Cuarteto de Nos y me acuerdo también de un cuplé de La Mojigata que hablaba de las cenizas de Artigas que era una maravilla, pero también había muchas críticas de “estos son unos zarpados”. Pero me parece que está de más poder romper esa patria de mármol y hablar de la patria de acá, de la del día a día, de la de la gente. Lo que predominó fue la diversión y el entendimiento. Nos parecía interesante que aparezca esa patria solemne, pero no hacerle un cuplé a las instituciones, una canción a los cuadros, ir por otro lado.

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Los orientales desembarcan en el escenario como en el juramento de Blanes. José Gervasio Artigas: uniforme de libertador, sable y gorro, poncho sobre el hombro y patillas pronunciadas. Prócer del multiempleo, adepto a Temu, amante de liberar pueblos y hacer pilates, candidato a Gran Hermano, patrón con síndrome de burnout y cantante de un repertorio que mezcla Chayanne con RKT en un movimiento de caderas que le dedica a su prima.

Bu-ta-quera, con Simón Bolívar me la pongo en la pera. Miau.

Es cuestión de segundos –en los que las maquilladoras trabajan a contrarreloj– para que el rostro de Sibes tome una tonalidad cobriza. Y vuelve a salir a escena con el brillo férreo del busto del prócer. Una escultura como la que le llega a su teléfono cada vez que alguien le manda una selfie: “Acá estoy con vos en (inserte escuela, seccional u oficina pública de ciudad, pueblo o localidad del Uruguay)”. Un personaje, que el murguista adaptó en el código del espectáculo y le valió el reconocimiento de Figura Máxima del Carnaval.

¿Cómo llegaste a tu Artigas? Como cupletero este año tenías una ejecución diferente a la del año pasado.

El año pasado era más una cuestión de nexo, de enganche, de ir narrando la historia. Y este año es un personaje que está dentro del juego. Tenía ese desafío de que el personaje sea más un cupletero que un contador de historias. Me divertí mucho en los tablados. Y cuando veía que la gente se enganchaba, más todavía.

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Imanol Sibes

Eso que decís de los tablados es interesante, parece que hay muchos conjuntos que arman los espectáculos para el Teatro Verano pero el Carnaval sigue estando en los barrios. ¿Cómo influye eso al momento de armar el espectáculo?

Hay un límite que a veces es difícil de identificar: cuándo dejó de ser popular y se transformó en algo intelectual, por decir de alguna forma, y cuándo lo intelectual se entrevera con lo popular. A mí me encanta que venga un profesor de historia y me diga “bo, está demás todo lo que decís de Artigas”. Pero también me encanta que venga un vecino y me diga “me maté de risa con la parte en la que hacés una agachadita”. Salir un poco del concurso y del circuito de tablados comerciales está salado. Con la Bastarda nos ha pasado, sobre todo el año pasado y este, que por una cuestión de contratos a los tablados populares por lo general vas una o dos veces como mucho. En Punta de Rieles, Monte de la Francesa, Flor de Maroñas, Parque de los Fogones, Barrio Ansina o Manga nos han llevado tres o cuatro veces; nos contrata directamente la comisión de vecinos. Eso es lo que realmente me conmueve. El hecho de salir a escena y que te aplaudan porque ya saben quién sos me parece una locura, pero eso también es porque uno piensa en su contenido y en sus formas. Lo interesante es llegarle a todo el mundo y no plantear algo para que lo entienda alguien que tiene cierta formación. Me encanta darle un tinte inteligente, pero está de más cuando vas al tablado y te devuelven una risa recontra honesta. A mí me representa cantarle al barrio, porque somos todos gente de barrio. Entonces, hay un desafío en el armado del espectáculo en cuanto a la escritura de los cuplés. También está en la autocrítica y en la exigencia para con uno mismo cuando algo está bien, pero puede estar mejor. Lo más lindo que tiene el género murga es la universalidad, poder ir a un tablado en el punto más recóndito de la ciudad y que lo celebren.

Quizás la pregunta es a quién le canta la murga actualmente.

¿A quién le cantás? Porque está de más hacer un millón de tablados. Es espectacular. Cuando nos llega la grilla de tablados y vemos que tenemos seis en una noche, yo me emociono porque es la murga de mis amigos, la armamos a pulmón y está de más que la gente nos quiera llevar a los lugares. Pero si tengo seis tablados y salgo a hacer reír o cantamos una reflexión y no la reciben, eso es un embole. Ahora, si hago tres y esos tres fueron los mejores tablados del mundo me encanta. Creo que cada año es más complejo. Pero re pasa eso de que se piensa una propuesta para una cuestión comercial. Sin ir más lejos, cambiamos la idea del éxito un poco porque yo voy al tablado del barrio y el éxito para esa persona capaz que no es lo que vos querés representar arriba del escenario. Ahí ya teníamos una brecha, y me parece que hay que acortar y acercarse.

Doña Bastarda 12

Sos figura máxima del carnaval dos años consecutivos, igualaste a “Pendota” Meneses en el récord y conseguiste todo esto, además, a los 29 años. ¿Qué te pasó cuando te enteraste y cómo estás tratando de procesar todo esto?

Si ya lo del año pasado había sido inmenso, esto es una locura. Cuando bajaba de los tablados un montón de gente me decía “tendrías que ser la figura máxima de nuevo, no te lo van a dar pero igual para nosotros lo sos”. Es hermoso y uno entiende que la gente se ríe, se emociona, el ida y vuelta lo sentí en todos los tablados. Pero creía lo mismo: me dieron el año pasado ese reconocimiento, no va a suceder de nuevo. Y cuando me cayó esa noticia fue como pá, no. Esa fue mi reacción: “pá, no”. Acto seguido me abrazaron todos mis amigos y eso es lo que más me marcó de ese momento. Después empiezan a pasar las horas y te tiran todos estos datos. La última vez que pasó fue Pendota, ¡Pendota! Que me pongan en el mismo renglón es mucho, es muchísimo. Yo le tengo mucho respeto y admiración al carnaval en general. Ni hablar de la murga, ni hablar de que yo me siento murguista mucho más que otro montón de cosas de las que también soy. Entonces es demasiado. Y eso se entremezcla también con volver a tener otro primer premio con la murga, volver a hacer el mejor espectáculo del carnaval en medio de una angustia muy grande. Uno no termina de entender las emociones que lo atraviesan, lo trabajaré en terapia. No puedo no emocionarme. La murga es de los pilares fundamentales de mi vida y estar viviendo esto no es un sueño porque nunca lo soñé. Realmente nunca soñé ganar nada a título personal. Sí me pasó con mi mejor amigo, el Churri, que empezamos a hacer Murga Joven juntos que siempre decíamos, ¿te imaginas cuando salgamos en una murga en Carnaval? Eso sí, lo soñé. Esto no es un sueño, es como una realidad paralela. Siento que es una ficción. Estoy tratando de entender qué es lo que está pasando porque es muy grande y estoy recontra agradecido de todo esto.

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Imanol Sibes

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Imanol iba en el asiento del acompañante, y tenía un pensamiento que no lograba disipar. “Tengo un mal presentimiento con el libreto”, recuerda que le dijo a su novia, que conducía el auto que los llevaba a entregar el texto de Patria o Tumba ante Inau.

– Siento que va a pasar algo, que nos van a rebotar algo.
– No pasa nada. Si nunca les pasó nada, ¿por qué les va a pasar ahora?

Entregó el libreto, pagó la tasa que requiere el trámite, le pusieron un sello. “Te va a llegar un mail con la confirmación”, le dijeron. “Pero ¿está todo bárbaro?”, insistió. “Sí, sí, está todo bárbaro”.

Cuando le llegó el mail entendió inmediatamente que no estaba “todo bárbaro”. “Siempre pensé que nos iban a decir algo por meternos con la patria. Cuando me llega el mail y veo el motivo, no lo podía creer. Decimos cualquier disparate de Artigas, decimos cualquier disparate de la jura de la bandera, decimos cualquier disparate de la educación y lo que nos observan es una frase fuera de contexto. Mucho menos podía creer después toda la relevancia que eso agarró”, recuerda.

Una calificadora de la institución había rubricado el espectáculo como “no apto para todo público” y la murga no podría presentarlo en el concurso ni en los tablados. La noticia de la censura del libreto corrió rápidamente y minutos antes de que comenzara el Desfile Inaugural de Carnaval se encontró respondiendo a un senador de la República en vivo en un informativo y vio al director de la murga, Camilo Abella, saliendo en vivo desde pleno 18 de Julio para Polémica en el Bar.

“Dije, acá se rompió la matrix”.

¿Qué análisis hacés ahora de ese episodio?

El aprendizaje es sobre la relevancia mediática y política que tomó. Sobre todo un montón de gente que en su vida vio una murga o un cuplé y se agarraron de una frase para decirnos cualquier disparate. Fue un momento fuerte. Había algo que estaba corrido. Uno también empieza a entender por qué los referentes políticos no se animan a hablar de ciertos temas. Si un murguista medio pelo tiene esas presiones, no me quiero imaginar la gente que vive de esto. No me quiero poner ni en el lugar de víctima, de mártir, ni de la voz del pueblo. Ni ahí. Nosotros queríamos decir algo que entendíamos que teníamos que decir. De hecho fue un factor común en las murgas hablar del genocidio en Palestina. Lo que quería plantear en ese cuplé es hasta dónde llega ese patriotismo, porque no hay dolor que justifique querer borrar del mapa a un montón de gente.

Camilo Abellá, director de Doña Bastarda

Camilo Abellá, director de Doña Bastarda

Otra polémica que ha vuelto este Carnaval tiene que ver con la postura discursiva de las murgas. ¿Creés que la murga tiene que tener cierta ideología o pararse en cierto lugar al subir al escenario?

La murga es de izquierda. Nace de la clase obrera, la clase trabajadora y entonces es lógico que se acompañe ese discurso de proteger los derechos y los intereses de la gente de a pie. Después podemos entrar en el terreno de si la murga es la voz del pueblo y todas las romantizaciones que le podemos agregar. No obstante, la murga critica al gobierno de turno. Y así como creo que la murga es de izquierda, no creo para nada que durante 15 años del gobierno de izquierda no se lo haya criticado. He visto cuplés duros para con el Frente Amplio y creo que este año también quedó visto. Eso para el sector político, que a priori se supone que es el que tiene que tener más afinidad con el género murga, tiene que ser un llamado de atención de che, miren lo que nos está diciendo un montón de gente de a pie. No sé cómo serán los próximos años del gobierno, pero me parece que si hay un rumbo que no se ajusta un poquito la gente lo va a seguir criticando. Lo empezarán por criticar y después lo seguirán por dejar de votar.

Ustedes tomaron esa postura, en algunos momentos el espectáculo es muy crítico del sistema político.

El cuplé de la patria terminaba con una crítica directa. Arrancaba con todo un crecimiento de hasta dónde llegaba el patriotismo y terminaba haciendo una crítica al gobierno uruguayo que no se anima a decir que en Palestina hay genocidio. Fue la forma en la que entendimos que nos parecía justo.

Más adelante salen a escena con los ojos vendados.

Nos acostumbramos a decir que somos un país tranquilo y le pusieron una bomba a una fiscal, cosas que hasta hace un tiempo solo las podía ver en una serie de Netflix o, como dice la letra, en alguna noticia cuando de Paraguay o Colombia. Me pongo a ver documentales sobre la prisión de Bukele y digo uh, estamos re lejos de esto. Pasa el tiempo y decís ¿estamos tan lejos de esto? Y ahí el sistema político, en general, mira para el costado. O como nosotros hacíamos, se ponen vendas en los ojos. Esto lo digo a título personal: creo que lo que hay que ver es si se está trabajando –sea el Frente Amplio, sea el Partido Nacional, sea el Partido Colorado– para ganar elecciones o para transformar realidades, que yo creo que ahí hay una brecha. No creo que esté todo mal pero sí creo que hay cuestiones que son urgentes.

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El telón cubre los 14 metros de boca del Teatro de Verano. Escucha el aplauso de las más de cinco mil personas que llenaron el aforo del templo de Momo. Pasaron apenas ocho días desde que la muerte de su amigo y compañero, Agustín Ríos, conmocionó al Carnaval y movió los esquemas de la murga. La ausencia, entonces, se impone. Pero cuando se corra el telón, tendrá que llevar el hilo del espectáculo en la Liguilla de Carnaval.

“Fue sin duda la función más difícil que me tocó emocionalmente. En esta inconsciencia de que no interesaba el concurso, terminó saliendo como un tablado más”.

Imanol Sibes decide, entonces, recordar en tiempo presente.

De alguna manera se vuelven a encontrar el dolor y la celebración en la murga. Luego de la muerte de Fidel Abellá, este año la pérdida de Agustín Ríos. ¿Cómo se atraviesa el dolor en un colectivo como esta murga?

Han sido muchos golpes. Esto particularmente de Agustín a mí me destrozó por completo. Todos mis carnavales canté al lado de él y es una persona de la que aprendí muchísimo. Es una ausencia que no quiero aceptar. Atravesar el dolor en colectivo es una experiencia que te hace crecer, porque todos lo vivimos de una forma distinta. Hay algunos que son más duros, caen después. Hay otros que son más emocionales y les costó mucho los primeros días, las primeras horas. Hay algunos que se aferran a cuestiones energéticas o espirituales. Cada uno lo va transitando a su manera. Pero al ser un grupo que tiene un sentido de pertenencia tan grande somos también una familia. Y a lo largo de los años hemos tenido un montón de pérdidas. En los años de la murga falleció el padre de Emilano Tuala, se le escribió una despedida en el 2020. Falleció mi abuela y Camilo (Abellá) y Pinocho (Routin) me regalaron un recitado sobre eso. Falleció el papá de Seba y él siempre cuenta un recuerdo hermoso de su padre para con la murga. Falleció el papá de Nando (Laforia), que es un referente murguero de los más grandes de la historia del carnaval y a veces estamos compartiendo un asado y suena una canción o un solo que está cantando el padre. Entonces, de algún modo la murga termina siendo el lugar de refugio y el lugar en el que te acompañás. Yo era de los que, cuando pasó todo esto, no quería salir al tablado. Yo me quería acostar a dormir y quería que terminara. Realmente quería que terminara. Pero después empezás a entender que también la forma de enaltecer a un amigo es ir para adelante, mucho más aún cuando es una persona para la que la murga es su vida. De hecho él así lo manifestaba: “la murga es mi vida”, decía el Agus.

Empezamos a hacer tablados y no podíamos seguir, porque yo no podía hacer reír a nadie, porque la murga no podía cantar porque lloraba. Seguís haciendo tablados, empezás a hacer un chiste interno en el escenario y ves que los gurises se ríen, le decís a la gente “ríanse, así nos reímos todos”. Empezás a duelar arriba del escenario. Y cuando te querés acordar estás en el escenario y te angustiás pero pasa tanta magia ahí arriba que no se nota. Bajas y te pinchás, volvés a subir y volvés a subir, bajas y volvés a bajar; y vas transitando eso cómo podés. Pero cuando tenés un grupo que ha sido tan atravesado por los golpes y que ha sido tan resiliente, te abrazás y te aferrás a la murga. Empezás a decir “¿por qué todas a nosotros?”. Y bueno, porque nos tenemos; o por lo menos ahí encontrás fuerza.

Doña Bastarda 10

Daecpu postergó la actuación Doña Bastarda (en la foto la murga, con Agustín entre sus componentes, durante la segunda rueda del concurso en el Teatro de Verano).

Debe haber sido una responsabilidad muy especial cupletear un espectáculo y tener la obligación de hacer reír en ese momento.

El primer tablado que hicimos fue el Canario Luna, que nos recibieron con un aplauso cerrado y era todo muy reciente. Sigue siendo todo muy reciente, pero ahí era más todavía. Cuando salí a hacer la primera parte de Artigas no tenía ganas de estar ahí y eso se notaba, se transmitía. Uno siente esa responsabilidad. Algún compañero de la murga me dijo “yo sé que está mal decirte esto, pero si vos no levantás, no levantamos”. Obviamente yo no lo tomé mal, lo entendí, pero realmente era muy difícil encontrar un motivo para hacer reír. Después empezás a entender que la forma es hacer reír, porque es lo que sabemos hacer y es lo que es el Agus: un tremendo murguista. Vas administrando el dolor arriba del escenario tratando de que no se note y cuando te querés acordar se empezó a acomodar la cosa, mirás para atrás y ya empezás a ver a los gurises sonreír. Y bueno, vamos arriba.

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Imanol Sibes

Se encontraron en un carnaval, tanto con un público como con otros conjuntos, que los abrazó en ese momento.

Eso ha sido muy emocionante también. Una noche que no teníamos tablado justo enganché el final de la despedida de La Trasnochada, que ellos se la cantaban a un amigo que perdieron también y por ende, entienden el dolor. En la bajadita tuvieron unas palabras para con nosotros y para con el Agus. El Carnaval tiene eso de que a veces te cruzas en los tablados y pude agradecerles. Escuché también lo que dijo Carlos Barceló, no tuve la oportunidad de cruzarlo aún. Es donde realmente uno ve la esencia del carnaval. Porque realmente, después de lo que pasó, el concurso ya no me importaba. Ganamos un bicampeonato con la murga, es histórico. Si me preguntás si estoy más contento o más triste, estoy más triste que contento. Pero cuando empezás a ver que hay otro montón de gente que también pasó por dolores similares, que te entienden, que te abrazan, sean colegas o sea el mismo el público carnavalero, ahí es donde entendés que hay que seguir. Eso es algo que se agradece y que se valora mucho.

Hoy, con el Carnaval 2026 ya atrás, ¿cómo lo evaluás?

Artísticamente fue hermoso porque pudimos estar a la altura de lo que nos propusimos. Eso es lo más positivo que queda. En los tablados fue imponente. Y después emocionalmente, arrancamos con toda una polémica y un terreno desconocido donde nos costó acomodarnos y terminamos con uno de los cimbronazos más grandes de nuestras vidas. Entonces, lo defino como un carnaval raro. Emocionalmente inestable, pero que por suerte nos agarró a todos juntos y en Doña Bastarda porque si el proceso, el proyecto y el grupo era otro no sé si hubiera sido un carnaval raro, seguramente hubiera sido un carnaval horrible. Y ya que sea un carnaval raro y no un carnaval horrible, es un montón. Nunca se está preparado para perder un amigo, mucho menos a un hermano, mucho menos a un hijo. Pero nos tenemos a nosotros.

Al final del proceso, parece que hay una resignificación de eso que afirman en el espectáculo: la patria es el otro.

Yo creo realmente que la patria es el otro. Por eso nos subimos a un escenario, porque hay alguien más. Si no hubiera público, no habría murga. Y, para mí, Doña Bastarda es mi patria.

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