El paso previo a este disco fueron dos canciones que sacaron en 2024, Juntos y De cero, que en realidad eran canciones de la etapa anterior que retomaron. ¿Fue una prueba para ver qué pasaba? ¿Cómo fue el viaje de ustedes desde la vuelta y la grabación hasta este disco?
Diego Martino: Al volver no podés hacerlo solo con canciones viejas, tiene que pasar algo. Nosotros teníamos en el tintero un par de canciones que nunca habíamos editado y que nos gustaban mucho, que iban a ser originalmente parte de un futuro disco que no se concretó, y que al final fueron el punto inicial para empezar a crear cosas nuevas, que era nuestro objetivo.
¿Cómo fue volver al estudio los cuatro juntos? ¿Qué pasó el primer día de grabación?
Guzmán Mendaro: Fue familiar y extraño a la vez. Hereford es un lugar familiar para nosotros, pero a la vez paramos de tocar juntos durante diez años. Tuvimos que volver a entrar a esa casa vieja, barrerla, ponerla en condiciones de nuevo. Vernos las caras diez años después, empezar a ensayar, hacer esos singles y ahora este disco, que no es lo mismo, son cinco días de convivencia plena. Estamos los cuatro escuchando al detalle lo que hace el otro, y eso a mi particularmente me ayuda muchísimo. Es muy enriquecedor. Fue muy placentero todo este recorrido.
Me imagino que esos diez años que pasaron en el medio también les dieron a ustedes más herramientas, más experiencias que también suman a esto.
DM: Enriquece enormemente porque te vas amalgamando con otra gente, vas tomando otros roles en proyectos que te hacen mejor, y cuando volvés al cuarteto con todo ese conocimiento aprendido estás mucho más permeable a ciertas cosas, y eso está buenísimo.
Y a la vez también ya saben cómo manejarse entre ustedes, tienen la experiencia e qué funciona y qué no en la convivencia.
Rodrigo Trobo: Nos agarra más maduros. Y este es un disco que venimos ensayando hace un año, venimos ya hace tiempo trabajando las canciones.
DM: Sí, se demoró un poco por un tema logístico, de la vida con 50 años, con chiquilines, con otros proyectos. Pero no hay mal que por bien no venga, y estamos acá disfrutando.
¿Cómo fue volver a ponerse el traje de compositor para Hereford, que me imagino que no es igual que para otro proyecto?
DM: Está buenísimo, porque te agarra en una edad donde tenés la capacidad de ver alrededor y notar ciertas cuestiones. Creo que es un disco que nos representa bastante a nivel lírico. Uno va componiendo y no sabe bien cuál es el núcleo temático del disco hasta que después lo lees todo entero, y ya lo cantaste muchas veces, y ahí decís “el disco trata sobre esto”. En este caso es la mirada del individuo en esta nueva sociedad que es a todo trapo, que nada es suficiente, nada es lo suficientemente rápido, uno nunca es lo suficientemente bueno. Todo eso lleva a una rosca individuo-sociedad que en el medio de la conexión total te sentís muy solo.
GM: Chiro habla desde el mismo como compositor, pero nosotros lo escuchamos, compartimos, y por eso habla por todos. Son las inquietudes de un hombre de 50 años, y estamos todos en ese momento de nuestras vidas. Más allá de que el disco es un mojón, una foto de lo que somos nosotros en este momento, y dentro de 20 años lo van a escuchar nuestros hijos o nuestros nietos, y van a entender que estábamos sintiendo en el momento que lo grabamos, personalmente me siento representado en las críticas y las reflexiones que se hacen sobre lo que estamos atravesando en este momento, como personas que vienen de una era analógica, donde los días y las horas se percibían de otra manera, y que nos adaptamos a lo que ha cambiado.
DM: En ese sentido, la manera en la que grabamos el disco es hasta trasgresora en esta época. Grabamos los instrumentos todos juntos, sin editar, fue apretar REC y dale. En un momento donde hasta las selfis son editadas, y tu cara es editada por inteligencia artificial, nosotros optamos por ir hacia lo más básico, lo más primate. Más sentimiento, más humanidad.
RT: Igual que cuando arrancamos hace 30 años.
GM: No deja de ser una pieza artística también, pero es una pieza que logra un objetivo con esa edición, con esa incorporación que le hacés. Nosotros estamos tratando de sacar lo más puro posible de lo que podemos llegar a hacer tocando, y eso va a ser muy bueno a la hora de defender este disco en vivo, porque va a ser como lo tocamos acá.
¿Hay una tendencia, tanto de parte de los artistas como del público, de buscar lo auténtico, lo que no está editado, lo humano dentro de un mundo cada vez más expuesto a contenido generado de forma artificial?
DM: Hay un segmento de la población que va a buscar el asado con ensalada y no la comida rápida. Creo que es un proceso que está atravesando la humanidad en su conjunto. Y así como está la música chatarra está la vida chatarra, el sentimiento chatarra y la mirada chatarra sobre la vida, y después tenés gente que piensa más en su propósito en la vida, y en su comunidad, y cada uno se relaciona como mejor puede con ese mundo.
¿Hoy es rebelde hacer un disco?
DM: Es un acto de rebeldía sí.
GM: Nosotros el disco lo hacemos para nosotros. Lo tenés que comercializar para que rinda, pero nosotros lo hacemos para nosotros porque somos músicos, es nuestro oficio, nos va a quedar para siempre.
DM: Y al final, ese es el producto que estamos vendiendo. No estamos vendiendo un disco, no estamos vendiendo lo que hacemos, estamos vendiendo lo que somos. Nosotros somos un disco, no una cadena de supermercados.
GM: Extrañamente para estos tiempos, lo grabamos igual que nuestro primer disco, Cuatro estómagos, en 1996. Nos metimos en un estudio y tocamos todos en la misma sala.
RT: No lo pudimos grabar con clic (una pista que el baterista escucha para, a modo de metrónomo, mantener la velocidad y la sincronización al tocar). Yo pedí uno prestado para grabar, pero nunca habíamos ensayado con clic. Después sí, pero en ese momento no. Entonces llegamos al estudio, el ingeniero me manda el clic, y yo no daba pie con bola (risas). Era un huevo. Perdimos como doce horas, yo estaba como loco, porque no sé cuantos dólares por día salía el estudio. Entonces salimos así, estábamos ensayados, entonces tocamos directo. Todas las aceleradas o movidas de tiempo de ese disco son de la emoción, pero cuando lo escuchás, está buenísimo.
¿Uno compite con sus propias canciones, siente la presión de que esos temas nuevos le peleen a los viejos?
GM: Para nada, hoy no sucede. Capaz hace 15 años si teníamos una carrera propia en la que un disco nuevo tenía que mejorar al anterior.
DM: O capaz ni eso, era que las canciones peguen. Que tengan gancho, que te puedan abrir una puerta, que te den tiempo de radio.
GM: Hoy estoy más atento al elogio de mis compañeros que a si una canción va a pegar más o menos.