Antes y después
En el centro de la sala principal del Planetario está todavía el proyector original del edificio, inaugurado en 1955. El Planetario de Montevideo fue el primero de Iberoamérica, y abrió sus puertas 32 años después del primer edificio moderno de este tipo, el Zeiss, de la ciudad alemana de Jena.
El estadounidense Armand Spitz fue un aficionado a la astronomía que luego de la segunda guerra mundial, percibiendo que construir planetarios era un proyecto caro por los costos de los proyectores necesarios, se embarcó en el proyecto de fabricar una versión más accesible de estos aparatos.
La inauguración del Planetario de Montevideo en 1955
Foto: Planetario de Montevideo
Spitz notó que la característica de los proyectores que se usaban hasta ese momento que más elevaba su costo era la necesidad de que la máquina contara con un globo para realizar proyecciones estelares correctas.
Spitz le comentó este dilema a Albert Einstein, al que había conocido en la universidad de Princeton, donde ambos trabajaban. El físico le sugirió que cambiara el globo por un dodecaedro —una forma geométrica de doce caras planas—. Esa resultó ser la clave, y a los pocos años el diseño de Spitz hizo que la cantidad de planetarios en el mundo se disparara.
Una variante de su diseño original, pensada para espacios de mayor tamaño (el modelo B) fue el que se hizo para Montevideo. Es apenas uno de tres de este modelo instalados en todo el mundo: los otros dos están en Estados Unidos.
Aunque ese proyector se sigue usando en ciertas ocasiones, desde 2019 el Planetario de Montevideo cuenta con un proyector digital que abrió un nuevo universo de posibilidades para el espacio.
Bajo la administración de Daniel Martínez, la intendencia pagó US$ 2 millones para instalar el proyector digital, que al momento de su inauguración era el más moderno del continente. La empresa francesa RCA Cosmos, responsable del proyector del planetario de París, ganó la licitación para realizar el de Montevideo.
El equipo consta de seis proyectores láser Sony, que dan una resolución de 8K con la que se proyecta el cielo en la cúpula. Por otra parte, 14 computadoras generan las imágenes. Además del nuevo proyector, también se cambió la cúpula de proyección, se instaló sonido 5.1 y hasta se mejoraron los asientos de la sala principal, que tiene 156 butacas.
Ese sistema le dio al Planetario “versatilidad visual, tanto en lo propio y divulgativo como en producciones artísticas”, explica su director. Eso permitió que artistas y productoras puedan pensar espectáculos específicamente para ese espacio, como el proyecto de Darnauchans o lo que hará Buitres a partir del 15 de agosto, que consiste en experiencias sonoras combinadas con las funciones habituales del Planetario.
Méndez explica que estas iniciativas se asemejan a experiencias internacionales, con proyectos centrados en la obra de artistas como David Bowie o una versión de The Wall de Pink Floyd diseñada para planetarios.
“El Planetario siempre ha sido escenario de propuestas artísticas, pero ahora tenemos este sistema digital que permite otro uso de visuales y videos, lo que ha llevado a que tengamos propuestas de cantautores o proyectos como Harmonía Planetaria, una coproducción con la Filarmónica de Montevideo, con obras musicales inspiradas o que tienen referencias a los planetas, combinado con actuación y visuales, que este año se va a volver a hacer”, agregó Méndez.
Pensar en domos
Pablo Marcovecchio, uno de los directores de la productora Enano Maldito, responsable del trabajo visual en Darnauchans bajo la noche y de la próxima serie de escuchas del nuevo disco de Buitres, cuenta que notó que el Planetario de Montevideo se estaba abriendo a este tipo de actividades en una entrevista a Méndez.
Esa percepción coincidió con una charla que el periodista y poeta Víctor Cunha dio en el Parque de la Amistad sobre Eduardo Darnauchans, apoyada en el material de archivo que luego se incluyó en el proyecto. “En esa charla noté el valor de ese material, y nos acercamos para hacer algo con él. El Planetario también lo hizo en paralelo, y así fue que surgió la colaboración”, explicó el director.
Parte de los visuales de Nido de espinas, el nuevo disco de Buitres
Ese proyecto fue el que abrió las puertas a todo lo que vino luego, y para la productora significó también un camino de aprendizaje, al tener que incorporar un nuevo lenguaje y una nueva disposición para contar historias con las que hasta entonces no se habían metido.
“Se une lo técnico con lo narrativo”, contó Marcovecchio. “Tuvimos que aprender también a cómo manejarnos con las características del espacio, con el sonido envolvente 5.1, a que la narración transcurra en un formato donde los puntos de vista de los espectadores son distintos”. Fue un ejercicio que involucró múltiples instancias de prueba y ensayo, muchas de ellas en el propio Planetario.
“Es una capa más de complejidad y también al momento de pensar la narrativa”, agregó. “Es otro recurso, pero también trajo dolores de cabeza”.
Tras ser recomendados por el director del Planetario, Buitres se acercó a ellos para el trabajo en la presentación del nuevo álbum, que será la primera posibilidad de escucharlo antes de su salida en plataformas, más allá de su edición física. Marcovecchio explica que en este caso, el trabajo para la productora fue distinto, ya que la narrativa viene determinada por las canciones del disco.
Actualmente Enano Maldito está en la etapa de desarrollo de un nuevo proyecto para el Planetario, vinculado a la cosmovisión de las comunidades indígenas que habitaron el actual territorio uruguayo, y el acercamiento que estos grupos tenían a la astronomía. El plan es que esa creación salga además fuera de fronteras. “Hay una red de planetarios de la región que están buscando abrirse a experiencias como estas, y que están también acercándose a proyectos culturales”, comentó el realizador.
Mirar al espacio
El director del Planetario cuenta que el diseño de espectáculos y proyectos pensados para el recinto se ha propagado a través de un “boca a boca de artistas” que se interesan por la posibilidad de desarrollar un espectáculo bajo el domo.
De todas maneras, Méndez aclara que no es la intención del Planetario “ser una sala teatral”, y que limitan la cantidad de espectáculos artísticos a uno o dos por mes, o que incluso intentan que en algún mes no haya, para que ante todo “siga siendo un Planetario”.
Por eso, además, buscan que las propuestas artísticas tengan un interés en el Planetario y que se hagan allí no como curiosidad, sino porque el proyecto busca utilizar las características técnicas del espacio o tenga una conexión temática con lo astronómico o lo espacial.
En ese sentido, marca como ejemplo el espectáculo Gato Renato está en la luna, que se hizo durante las vacaciones de invierno. No solo el show tenía una conexión temática con lo que sucede fuera de la órbita terrestre, sino que además recurría al sistema de proyección de 360° de la sala.
Otro ejemplo fue la proyección de la película animada argentina Belisario: el pequeño gran héroe del cosmos, un largometraje creado por el Planetario de La Plata que está pensado para verse en formato fulldome. En ese mismo formato hubo también eventos de arte visual y festivales de artes experimentales como el Exit.
El Planetario recibe 160.000 visitantes al año, de los cuales 90.000 pertenecen a instituciones educativas. Más allá de que en algunos de los espectáculos que se realizan allí —en los que se cobra entrada—, la institución es socia minoritaria y por lo tanto recibe un rédito de los ingresos por recaudación que se usa para los gastos de funcionamiento, Óscar Méndez dice que eso es lo menos importante de esta apertura más profunda a eventos culturales de los últimos años. “Es una forma de llegar a otro público que nunca vino, o que no vino tanto”, resumió.