Jorge Drexler acaba de sumar a su discografía un nuevo álbum que se llama Taracá. Un puente por el que avanza una comparsa, con Drexler a la cabeza, lámpara en mano, iluminando el camino.
Esa es la filosofía que mueve al disco publicado este jueves. Así lo explicó el cantautor en una charla con El Observador previa al estreno del álbum: “Siento que nuestro trabajo como escritores de canciones es mantener los puentes abiertos, es mantener la sincronía entre personas para que pueda seguir habiendo un intercambio, inclusive entre personas que piensan diferente”.
Taracá es un disco de cruces, de puentes. Taracá es una conexión entre el pasado y el presente, entre Montevideo y Madrid, entre la música uruguaya y el resto del mundo, entre la memoria familiar y las preguntas universales, entre el baile y la reflexión.
Embed - Jorge Drexler presenta su nuevo disco atravesado por el candombe, Taracá
“Creo que en ese rol la canción tiene más para aportar como elemento de sincronicidad, de empatía y de conexión, que como elemento ideológico. Yo, como cancionista, soy menos interesante como opinador que como conector”, dijo Drexler sobre un disco que sale en un mundo dividido e incierto.
Ante ese mundo, en Nuestro trabajo/Los puentes aparece este verso, cantado por Américo Young: Cuando la noche esté, / precisamente/ más cerrada y más confusa, / que viva todo aquel valiente/ que tiende un puente/ y el valiente que lo cruza.
Allá va el chico dando guerra: Taracá, un disco empapado de candombe
Detrás de Taracá hay una conjunción de situaciones personales y musicales que hicieron que Drexler tomara la decisión de volver a grabar un disco mayoritariamente en Uruguay después de tres décadas (el último había sido Frontera).
Del lado familiar: la muerte de su padre en 2024, el volver a pasar más tiempo en Uruguay porque sus hijos ya son más grandes, el cumplir 60 años, el cumplir treinta de haberse establecido en Madrid.
Del lado musical: la vigencia de artistas de largo recorrido y la emergencia de voces nuevas dentro de la música uruguaya que buscó incluir en este álbum de once canciones, como el músico y productor Facundo Balta, los también productores Tadu Vázquez y Lucas Piedra Cueva, la orquesta SUSi, el proyecto Rueda de candombe.
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Candombe es una de las palabras clave del disco: no solo porque su título viene de la onomatopeya del tambor chico, y es la forma “uruguaya” de decir Estar acá; sino porque la clave, los tambores y el ritmo de este género atraviesan todo el repertorio, que también cruza a la samba, a la plena, a la milonga y a la murga.
En los últimos años algo está pasando con el candombe. Lejos está de ser un proceso instantáneo: hace ya tiempo que crece la cantidad de comparsas en Montevideo y en el interior, tiene cada vez más interesados, y han aparecido artistas de nuevas generaciones que se han dedicado a cruzarlo con sonidos contemporáneos, del hip hop al R&B que vienen haciendo su camino.
Todo eso generó una ebullición que llevó a fenómenos como el de la Rueda de Candombe, o que incluso medios internacionales como el diario británico The Guardian se dediquen a escribir sobre él, como pasó esta semana. Se puso de moda, dicen algunos, con más o menos recelo; se hizo cool, comentan otros, como pasó por ejemplo con la feria de Tristán Narvaja o los bares “de copas” que ahora atraen a un público más bohemio y joven.
Después de décadas de proyectos que no lograron darle una masividad pero si fueron influyentes como el de discos de Candombe de vanguardia en la década de 1960 o el de la banda Repique en los años 80, y luego el trabajo de décadas de figuras como Jaime Roos o Rubén Rada y el empuje de distintos referentes de la música nacional y del candombe en particular, Jorge Drexler llega ahora con un disco candombero. El artista uruguayo de mayor proyección internacional puede darle ahora otra exposición y generar una suerte de tormenta perfecta para el género.
Drexler está lejos de ser un neófito en el asunto del candombe: ya en sus primeros discos aparecía de forma más o menos directa, pero nunca había estado tan imbricado en su trabajo como en Taracá.
¿Qué será que es?
Embed - Jorge Drexler feat. Rueda de Candombe - ¿Qué será que es? (Video Oficial)
Hay algunas cosas que uno ya puede esperar cuando se zambulle en un disco de Jorge Drexler: sabe que habrá un cuidado obsesivo por los textos y una riqueza de recursos literarios, métricos y simbólicos para diseccionar (Drexler ha logrado incluir en sus letras palabras que podrían parecer imposibles de encontrar en una canción como “geolocalizador”).
Sabe que habrá, también, canciones de amor, aunque no necesariamente de amor romántico, que también lo hay. Hay amor filial, amor a la música, al acto de hacer canciones y compartirlas con el mundo, hay amor a la vida, al disfrute.
Hay también preguntas: tres títulos de canciones son interrogantes, que van desde reflexiones vitales hasta otras sobre la cuestión de la inteligencia artificial. Lejos de tener todo resuelto, Drexler sigue teniendo preguntas y ganas de aprender.
También, como ya había pasado en Bailar en la cueva, tiene ganas de hacernos mover el esqueleto. Taracá es un disco tremendamente festivo y bailable, con algunos momentos de calma repartidos en los puntos adecuados. Es un disco que invita a la fiesta y a encontrar en la música y en lo compartido la posibilidad de alejar el horror, el miedo, la oscuridad y las diferencias. Que están ahí y no se van a ningún lado, pero también se las confronta con celebración.
Embed - Jorge Drexler - Toco madera (Video Oficial)
Y es un disco que sin dudas tiene bastante de celebración, sobre todo de la música uruguaya, la de ayer y la de hoy. Una conversación entre los sonidos de raíz (y madera) y la sensibilidad contemporánea. Entre los responsables de mantener la antorcha de la tradición sonora montevideana y voces nuevas que la respetan, la desarman y la remixan. Un disco rabiosamente actual, pero atravesado por el pasado y el futuro.
Y cuando todo parece dicho, llega el final con Las palabras, la bellísima y contundente canción dedicada por Drexler a su padre, con el coro de Falta y Resto retumbando y sacudiendo hasta el tuétano. Y ahí atrás, implacable, cálida, la clave de candombe. Guiando el cruce del puente.