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El 20 de mayo de 1996 Montevideo quedó en silencio por primera vez. Un silencio es estruendoso. Un silencio prolongado. Un silencio sólo interrumpido por el sonido de los pasos de miles de personas, que volverán a caminar la misma avenida 30 años después en una nueva edición de la Marcha del Silencio.

“Miles de personas reclamaron verdad, el titular de El Observador se leía al día siguiente en los kioscos del país junto al encabezado de La República: “¿Quién podrá callar este silencio?”. La crónica de la noche en la que la primera movilización se desarrolló “sin inconvenientes y en apenas 60 minutos, la columna que cubrió todo 18 de julio desde la calle Minas hasta la Plaza de Cagancha” en homenaje a Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw, 20 años después de su asesinato en Argentina en 1976.

"Una marcha que alcanzó más de una decena de cuadras –y que los organizadores estimaron en más de 50 mil personas– caminó en sepulcral silencio y con flores en la mano, en adhesión a la consigna por verdad, memoria y nunca más", consignó entonces la periodista Loreley Nicrosi en las páginas de este medio.

Y de alguna manera todo sucede desde hace 30 años: la multitud, las preguntas, el silencio. Un silencio prácticamente absoluto en el que parte de la sociedad uruguaya sale a la calle para ejercitar la memoria y exigir respuestas a las desapariciones forzadas durante la dictadura por parte del régimen militar.

Desde la música, el carnaval, el teatro o la literatura, la búsqueda de los uruguayos desaparecidos en la última dictadura cívico-militar es una herida abierta. Una pulsión. Una necesidad. Un impulso creativo. Y durante tres décadas diferentes generaciones de artistas y creadores caminan por la Avenida 18 de Julio cada 20 de mayo, al tiempo que ponen su obra y su interpretación a disposición de una pregunta que aún está abierta.

Desde El Observador consultamos a artistas de diferentes ámbitos que han creado canciones y obras referidas a la búsqueda de desaparecidos sobre la importancia de, como artista, participar de la Marcha del Silencio. Y cuál es el potencial del arte en la búsqueda colectiva.

Marianella Morena

La injusticia es la que mueve mi creación. Me ofrezco como vehículo para encontrar una dimensión que nos proteja de tanto dolor. La injusticia es la que mueve mi creación. Me ofrezco como vehículo para encontrar una dimensión que nos proteja de tanto dolor.

Y a veces, entre el silencio, la palabra irrumpe. Marianella Morena, directora y dramaturga, autora de obras que se volvieron un hito como Antígona Oriental acaba de terminar la última función de Irrumpe Zelmar, un ciclo performático en el que devolvió a las calles la palabra de Zelmar Michelini. Con diez intervenciones de 20 minutos en diferentes puntos de la ciudad, con la participación de las actrices María Mendive y Mané Pérez, el músico Martín Buscaglia y un coro griego integrado por 10 estudiantes.

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A continuación, su palabra:

El arte no reemplaza la justicia ni la investigación, pero produce algo muy potente: sensibilidad colectiva. Logra que una historia deje de ser un dato del pasado para convertirse en una experiencia presente. Vuelve cercano lo que se percibe como lejano. Maneja el tiempo desde un lugar que no es el real, sin dejar de ser realidad lo que vivenciamos.

La injusticia es la que mueve mi creación. Me ofrezco como vehículo para encontrar una dimensión que nos proteja de tanto dolor.

Los/as artistas aportamos nuestra vulnerabilidad, para dialogar con los hechos.

Lo viví, lo vi, lo recibí.

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Cuando hice Antígona Oriental, con un coro de ex presas políticas. Lo viví en Uruguay, Argentina, Ecuador, Colombia, España, y Alemania. Y en estos días con Irrumpe Zelmar por las calles de Montevideo. Las respuestas de la gente son de otro planeta. Emociones, agradecimiento, esperanza, ganas de colaborar, de ayudar. Se asoma otro tipo de bienestar.

Dan ganas de conocerlo, de participar, de estar ahí.

La marcha del silencio es un acto político y poético.

Es un acto que nos hace sentir mejores personas.

Luciano Supervielle

Me parece una cosa muy esencial para cualquier sociedad poder saldar esas heridas y la manera de saldarlas es que los que tienen respuestas, las den Me parece una cosa muy esencial para cualquier sociedad poder saldar esas heridas y la manera de saldarlas es que los que tienen respuestas, las den

Un músico anhela el silencio. Luciano Supervielle compuso ¿Dónde están?, una canción que está destinada a dejar de existir o, al menos, ese es el deseo de su creador. Que se convierta en silencio.

Supervielle la compuso con 197 notas, una por cada una de las personas que –hasta su creación, en 2021– figuraban en la lista abierta que la Institución de Derechos Humanos lleva como registro de quienes fueron víctima de desaparición forzada por la dictadura. Actualmente, tras el hallazgo e identificación de Amelia Sanjurjo Casal, tiene 196.

Esto dice Supervielle:

Siempre me pareció muy importante acompañar las reivindicaciones de Familiares desde mi lugar de artista porque me parece que es una causa que debe interpelar al conjunto de la sociedad, y como artista siento la responsabilidad también de expresarme y de dar mi apoyo.

Básicamente en el país en el que me crié, el lugar que amo, pasaron cosas terribles. Hay muchas personas que todavía están exigiendo respuestas por sus familiares desaparecidos. Me parece una cosa muy esencial para cualquier sociedad poder saldar esas heridas y la manera de saldarlas es que los que tienen respuestas, las den. Yo, como artista, aporto mi granito de arena para apoyar en esa exigencia de respuestas.

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Raúl Castro

Una clara cuestión de conciencia generacional, humana Una clara cuestión de conciencia generacional, humana

Raúl Castro conoció a María Almeida de Quinteros en 1984. Un día, en medio de la reapertura democrática, le preguntó si la acompañaba a almorzar y ahí, en el bar Saroldi, le contó la historia de su hija. El relato de la búsqueda de Elena Quinteros –ha contado el letrista– lo estremeció profundamente y le pidió si le dejaba contarla en la despedida de Falta y Resto. Y así lo hizo en el Carnaval siguiente.

Este año, más de cuatro décadas después, Falta y Resto le cantó a la Marcha del Silencio en su espectáculo Amor de Murga con la letra de Tintabrava y los arreglos de Eduardo "Pitufo" Lombardo. Una canción a la movilización, al paso del tiempo, a la persistencia y a los gritos del silencio.

Dice Raúl Castro:

Desde que le cantamos en 1985, cuando la apertura democrática, en alerta en la despedida al tema de la desaparición de Elena Quinteros, porque la mamá, la tota Quinteros, nos había contado allá por la primavera del 84 nos había contado cómo había sido toda la historia de la Cenicienta para difundir el tema.

Ahí hicimos el primer tema. Fue una clara cuestión de conciencia generacional, humana, y lo sigue siendo. Creo que las madres y familiares desaparecidos uruguayos son un ejemplo para el mundo entero de persistencia, de honor y de gloria.

Embed - Falta y Resto - Etapa 2 - Segunda Rueda - Carnaval 2026

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