Treinta y tres siglos y medio separan al presente del reinado de Tutankamón. Sin embargo, pese a la distancia temporal, la figura del más célebre faraón del Antiguo Egipto sigue despertando fascinación.

Tan es así que su vida, su reinado y los hallazgos hechos en su tumba, redescubierta en 1922 por el explorador británico Howard Carter, son el eje de la exposición Tutankamón: la experiencia, que desde este 9 de octubre se podrá visitar en el reabierto Espacio García Lorca en Pocitos.

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La egiptóloga argentina Andrea Zingarelli, curadora de la muestra, conversó con El Observador en la previa a su llegada a Montevideo y contó algunas de las razones por las que el faraón sigue siendo una figura histórica tan cautivante. Por un lado, Zingarelli destaca como factor clave la abundancia de información sobre su breve vida (murió a los 19 años), los diez años que ocupó el trono y su época que dejó gracias a los hallazgos en su tumba.

“A diferencia de otras figuras del Antiguo Egipto, en el caso de Tutankamón se encuentra su figura intacta, su momia; y su tumba también intacta, con 5000 objetos adentro que dan una dimensión muy clara de su vida y de lo que se esperaba que se llevara consigo al más allá”, explicó la egiptóloga. “En la tumba se encuentran desde una cama y ropa hasta un perfumero. Dejó una vida palpable que dio una dimensión de él como rey y como humano. A eso se suma que objetos como su máscara mortuoria se vuelven íconos. Es un rostro que cuenta algo, es el rostro de Egipto”.

Mientras que en el caso de muchos otros monarcas o figuras de los distintos períodos del reino los saqueos que se dieron a lo largo de la historia hicieron que mucha información, restos y materiales se perdieran para siempre, en el caso de Tutankamón hay una dimensión material inédita, y el hallazgo de su cuerpo hace que también se conozca mucho sobre su físico y su fragilidad.

Un rey polémico

Tutankamón gobernó Egipto entre los 9 y los 19 años. Un dato que ya de por sí lo convierte en una figura llamativa, aunque Zingarelli acota que en una época donde el promedio de edad era de 45 años, tener 13 seguramente implicaba un mayor grado de responsabilidades y uno era considerado más adulto que una persona de esa edad en la actualidad.

“Su padre, Akenatón, fue faraón antes que él, y fue un reformador religioso. Cambió los dioses, cambió la capital. Y eso marcó a Tutankamón, que volvió a los dioses anteriores. Quizás por eso es que se lo borró de los registros históricos del momento, Tutankamón no aparece en las listas de reyes que se hicieron en su época. Los propios egipcios no lo veían como un gran faraón”, dice sobre el que hoy es quizás el más popular de los cientos de reyes que tuvo su tierra.

Pero de nuevo, buena parte de esa popularidad tiene que ver con la preservación de su tumba.

“En ella se encontró mucha información, hasta de procesos técnicos. Gracias a lo que se encontró allí sabemos hasta cómo construían los muebles. En la tumba había hasta vino con etiquetas de procedencia. O sea, se llevó todo el vino a la tumba, lo que ya de por sí es un dato, pero además dejó constancia de donde venía y datos de su producción. Un alto nivel de detalle que ayudó mucho”, consideró.

Zingarelli ha visitado en varias oportunidades la tumba de Tutankamón en Egipto. Contrario a lo que se podría esperar ante la celebridad de su ocupante, es más pequeña que la de otros faraones, pero su destaque está en su contenido y su decoración.

“Cuando entrás a la tumba lo primero que hay son dos salas que estaban atiborradas de objetos y que ahora están vacías. Después pasás a la cámara funeraria, que tenía pinturas que mostraban imágenes de la vida cotidiana y lo que se esperaba que le pasara a Tutankamón cuando llegara al más allá. Una parte de esa sala se rompió cuando Carter la abrió por primera vez, pero ahora en la muestra está reconstruida, y además se pueden recorrer las capillas que hay en esa sala”, contó.

En la muestra que se podrá visitar desde este 9 de octubre se podrán ver además réplicas hechas por artesanos egipcios de objetos y espacios de la tumba original, réplicas que emulan a las piezas que la ley egipcia impide que salgan de sus fronteras para preservar y proteger su patrimonio. De hecho, explica Zingarelli, en Egipto se visita una réplica de la tumba, cerca de la que era la casa de Howard Carter, para poder recorrer con más comodidad el espacio y no afectar el sitio original.

De Buenos Aires a Egipto

El doctor Henry Walton Jones Jr. es el responsable de que Zingarelli se haya dedicado a la historia y a la egiptología. Si el nombre del académico estadounidense no le suena, quizás lo haga su apodo: Indiana Jones.

Un visionado veraniego de Los Cazadores del Arca Perdida durante su infancia fue el disparador de la pasión de la investigadora argentina. Aunque hoy con la mirada adulta y profesional le reconoce a la película errores históricos, además de que involucra en su narrativa la historia contemporánea al ambientarse en los años previos a la segunda guerra mundial, la fascinación de ver a un profesor universitario que además se va de aventura fue el catalizador de un interés que se juntó con el disfrute por la historia y los mitos antiguos griegos y egipcios y derivó en su carrera actual.

Zingarelli viajó a Egipto por primera vez en 1995, para trabajar en una exploración argentina en el país africano. Dos años antes, sin embargo, ya había participado en los trabajos en una zona en Israel que antiguamente había sido dominio egipcio, por lo que había allí objetos y huellas de esa procedencia.

Desde hace seis años lidera un proyecto propio de investigación en la tumba de un artesano, Amenmose, que está, de hecho, cerca de la tumba de Tutankamón. Mientras que la de este último está en el valle de los reyes, la de Amenmose está en el valle de los nobles, y tiene como gran particularidad su decoración con escenas de la vida cotidiana de la época.

¿Cómo es consagrar la vida a la investigación de la civilización egipcia desde el Río de la Plata? Zingarelli reconoce que “es complicado, no solo por la distancia física, sino también la de recursos. Sin embargo, de los 39 países que trabajan en Egipto, uno es Argentina”, destaca.

La egiptóloga señala además que a pesar de que personajes como Indiana Jones influyen en la idea que el público pueda tener sobre los académicos que investigan esta rama de la historia, la realidad es menos golpear saqueadores con látigos, resolver puzles antiguos o correr de piedras gigantes y más sentarse en un escritorio a estudiar, leer y redactar artículos.

Aunque aclara que “la aventura existe, solo que con menos trampas mortales”.

De todos modos, en el caso de la tumba de Amenmose hubo que tomar precauciones por peligros muy reales aunque bastante más mundanos, como hongos o alimañas.

“Hay muchos mitos con respecto a esas cosas, está también el mito de la maldición de Tutankamón, que tuvo que ver con la muerte de Lord Carnavon, que fue el mecenas de Carter, pero que murió por algo que no tenía nada que ver. La cuestión es que había una lucha mediática detrás del hallazgo de la tumba, ellos le habían vendido los derechos al diario británico The Times, y el resto de los medios también querían publicar y escribir sobre el tema, entonces aparecieron esas cosas”.

“Después hay un mito positivo”, agrega. “Hubo una ‘tutmanía’ después del hallazgo, que tiene que ver también con el significado y el impacto que tuvo el encuentro de la tumba”.

Una manía que a pesar de cambios, sigue viva de alguna forma. Zingarelli le encuentra esta explicación: “Egipto siempre fascinó por la imagen de sus divinidades, por la representación de los faraones, y por el componente cotidiano de las imágenes que han sobrevivido. Hay una extrañeza por lo lejano que es para nosotros, y a la vez una cercanía. Hay, por ejemplo, unas sandalias de Tutankamón que en la suela tienen un diseño con los enemigos de Egipto, entonces el farón cuando caminaba los iba pisando. Hoy esa idea tendría otra representación, pero todavía circula. Y también nos fascinan las preguntas que se hacían sobre la muerte y la cultura que generaron en torno a ella”.

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