La nueva longevidad es vivir plenos, vivir integrados, poder moldear o influir en la salud. Esto no tiene que ver con vivir 100 años, esto tiene que ver con el tiempo que te toque vivir, sea un tiempo bueno.
¿Y qué factores inciden para poder lograr ese bienestar?
Inciden varias cuestiones. La actitud, el estado de ánimo, como uno se predisponga frente al paso del tiempo, pero también influyen hábitos de vida saludables. Esto tiene que ver con el movimiento, con la dieta y el mantenimiento de un peso adecuado. También con mantener una higiene de sueño adecuada, la falta de sueño o de sueño de calidad hoy es un problema mundial. Además de mantener vivo todo ese ecosistema social, emocional y afectivo que nos rodea.
El bienestar tiene que ver al mismo tiempo con el hecho de poder pensar y hacer un ejercicio de introspección en función de la trascendencia, del legado que cada uno de nosotros quiere dejar para que el mundo sea un lugar mejor. Con la búsqueda de proyectos y de actividades que nos den sentido a la vida.
No sirve de nada vivir 100 años si no vas a saber qué hacer con eso. Ahí está el gran desafío, el entender que hoy necesitamos prepararnos para una etapa de la vida que no solo puede ser muy larga, sino que además podría ser muy interesante.
¿Cuánto pesa la genética y cuánto el estilo de vida en la posibilidad de llegar a la nueva longevidad con una buena salud?
Hoy la genética apenas explica el 25%, quizás hasta un 30%. El resto son hábitos de vida, es cómo uno elija vivir. Por eso hay que entender que nunca es tarde para moverte, nunca es tarde para perder un kilo de peso o para modificar tu dieta, nunca es tarde para salir a hacer un curso de formación en las universidades que tienen programas para adultos y personas mayores, nunca es tarde para encontrar esa actividad que postergaste en otro momento de la vida por los hijos, la familia, el trabajo o el desarrollo profesional.
Si bien nunca es tarde, ¿cuándo es conveniente o ideal empezar a pensar en cómo quiero envejecer?
Hay un momento que es clave, según muestran los estudios, cuando entramos en la llamada mediana edad. Eso es después de los 40, pero como sociedad lo que tenemos que hacer es enseñarle a los jóvenes de hoy el valor y la posibilidad, las oportunidades, pero también los riesgos de lo que implica tener una vida larga.
Ahí está la necesidad de hacer pedagogía de la longevidad, de explicarles y tratar estos temas en las escuelas primarias porque, por un lado, la gente joven cada vez va a ser menos, estamos teniendo menos hijos y nuestra sociedad se está transformando, va a ser cada vez más una sociedad de mayor cantidad de adultos y personas mayores. Necesitamos proyectar, pensar, cambiar el chip a lo que significa una sociedad con estas características, que va a ser la sociedad del siglo XXI.
¿Esa longevidad está reservada para quienes pueden mantener un nivel de vida alto, para quienes pueden pagar por eso?
No, para nada. La nueva longevidad no tiene que ver con un aspecto económico. Por supuesto que a medida que uno cumple años, el aspecto económico y la necesidad de un Estado presente es cada vez más importante.
Pero la nueva longevidad es que nadie te venga a decir lo que tenés que hacer por la edad. Es la posibilidad de decir hoy voy a comer un poco menos, hoy voy a sacar a pasear más seguido al perro para moverme, voy a utilizar más las escaleras. La nueva longevidad es la posibilidad de entender una etapa de vida que siempre estuvo estigmatizada, estereotipada, como un espacio nuevo social y personal, como una nueva etapa donde, de alguna manera, la realidad puede cambiar.
Uno puede tener más o menos posibilidades desde el punto de vista socioeconómico, pero en definitiva el que hace el cambio es uno. El que se predispone o el que decide cambiar un hábito de conducta o adoptar un hábito saludable es uno. Para salir a caminar, para ejercitarte más, para ir a un club social, para ir a un centro de día del Estado, no hace falta dinero.
Pero hoy en día hay diferencias entre cómo suelen envejecer las personas que tienen más posibilidades y las que no las tienen.
Por supuesto. Hoy la salud dejó de ser un tema médico. Tiene más que ver con decisiones políticas, sociales y económicas.
Desde el punto de vista personal, hoy sabemos que las personas que habitualmente suelen ser más educadas, más leídas, esas personas suelen saber más de salud. Y ese alfabetismo sanitario hace que tengan vidas más saludables porque saben lo que les hace mal. Por ejemplo, hoy sabemos que el hábito más nocivo para la salud es el tabaco.
Acá en Uruguay tienen una legislación súper importante y pionera al respecto. Pero también sabemos que quienes consumen habitualmente tabaco suelen ser personas de menos recursos. Ahí está también la necesidad de hacer una educación, de focalizar y de brindar más oportunidades a esas personas, porque en definitiva eso va a influir en tu forma de envejecer.
¿Qué países son ejemplo en política pública relacionada con longevidad?
Uruguay es pionero. Primero porque fue el primer país que se enfrentó a una multinacional como Philip Morris, inclusive con riesgo de su propia soberanía económica, por el tema del tabaquismo. Y hoy el tabaquismo sabemos que es la primera causa de muerte. Nueve de cada 10 uruguayos están muriendo de enfermedades crónicas no transmisibles. Esas son enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular, enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Estas tres tienen como primera causa el consumo de tabaco.
También fue un país pionero en la región en tener un Sistema Nacional de Cuidados. Si hablamos de protección social, la cobertura en jubilación que tiene Uruguay, dejando de lado la discusión de si es poco o es mucho, es similiar a la que tiene Argentina o Chile, pero no existe en el resto de los países de la región. Yo te puedo asegurar que viajo a México, a Colombia, a Ecuador, a Perú y no existe la jubilación con el concepto que decimos acá.
¿Cuánto tracciona hoy en día la economía plateada? ¿Hay un mayor movimiento de los mercados que tienen que ver con la longevidad?
Ese es un gran punto porque cuando hablas de economía plateada o de silver economy, efectivamente el estereotipo es el que vos mencionaste antes. Va dirigido a personas con un alto nivel adquisitivo. Por eso me parece que es importante hablar de economía y de la longevidad.
Porque ahí entra esa persona que que tiene un departamento en Punta del Este o se puede pagar un crucero en el Caribe o viajar a Europa. Pero también entra la persona que tiene que ser ayudada por sus hijos para llegar a fin de mes. O la persona que necesita de cuidados.
O esa persona que tiene que seguir trabajando por necesidad. La economía de la longevidad involucra todo eso, a los mayores que tienen y a los que no.
Esa economía de la longevidad también tiene una cuestión que es muy importante aclarar. Es el mercado más diverso, más complejo y menos estudiado que hay hoy en día. Y efectivamente es un mercado que hoy es la tercera economía del mundo a nivel global, después de China y Estados Unidos. Todo lo que consumen y producen los que están arriba de los 50 o 55 años equivale a la tercera economía global.
En ese contexto hay que reconocer y diferenciar lo que puede ser una moda, porque hoy todo pasa por ´silverizar´ las experiencias, del fenómeno real que es mucho más complejo de lo que puede encerrar el titulito de economía plateada, que lamentablemente es como se lo está conociendo en América Latina.
Efecticamente la economía de la longevidad va a crecer muchísimo. Las estadísticas hablan de entre un 30% o 40% de crecimiento en los próximos 20, 25 años, frente a una contracción importante del mercado de los menores de 25 años.
¿Puede decirse que hay un “silverwashing”, marcas que buscan asociarse con la economía de la longevidad solo por marketing?
Sí, es buena esa observación y es cierto.
¿Cuál ves como el mito más repetido de la longevidad?
El mayor mito y el más peligroso que yo veo es la romantización de la longevidad de cara a eso de que hoy todo el mundo está hablando de esto.
Envejecer es muy difícil, es muy complejo, y lo es mucho más para la mujer, porque todavía nuestra cultura occidental está muy anclada en lo estético.
Hablar de vejez, de envejecimiento, de la segunda mitad de la vida es un tema muy delicado. No hay una receta, cada persona lo vive de una manera diferente y no podemos romantizar y alivianar lo que es una etapa de vida que para unos puede ser muy buena y para otros no.
Ese es el mayor estereotipo. Y el segundo es pensar que la vejez es enfermedad, que es decrepitud. La mayor parte de las personas mayores viven en sus propias casas valiéndose por sí mismas.Pueden utilizar un bastón, pueden tomar medicamentos, sí, por supuesto. Pero en general, la mayoría no es que están ni en residencias geriátricas ni internadas; viven en sus casas y esa es la realidad que tenemos que mostrar.
Y hay un trasfondo importante vinculado a lo que hablábamos de la economía de la longevidad. Vivir cuesta dinero, entonces, tenemos que ahorrar, tenemos que seguir trabajando, tenemos que empezar a pensar en eso. Ya no podemos jubilarnos o esperar a que nos jubilen a los 60 años o a los 62. Todo eso hay que empezar a conversarlo socialmente y a pensarlo individualmente.
¿Qué recomendás a quienes quieren empezar a diseñar su longevidad?
Lo primero es la salud. Envejecer con salud o sin salud es la gran diferencia. Para los que no tienen salud, en términos coloquiales, envejecer es una mierda porque la van a pasar muy mal.
Lo bueno de hoy es que en la salud podemos intervenir. Sabemos qué es lo que hay que hacer: moverte más, tenés que tener más fuerza, tenés que rodearte de gente, no quedarte solo, mantenerte integrado socialmente y cognitivamente.