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Los recortes de las tasas de interés en Uruguay reflejan “progresos” en la reducción estructural de la inflación y en la credibilidad de la política monetaria, según un análisis publicado por la agencia Fitch Ratings.

De acuerdo con la calificadora, el proceso de desinflación ha permitido aplicar una política monetaria “más laxa”, lo que podría reducir la presión de apreciación cambiaria y aliviar el “dilema” que enfrenta la autoridad monetaria entre controlar los precios y preservar la competitividad. Al mismo tiempo, un entorno de inflación estructuralmente más baja abre una oportunidad para “avanzar sobre limitaciones persistentes de la política monetaria”, vinculadas a la dolarización, la indexación y la “baja profundidad financiera”.

Recortes de tasas y contexto histórico

El Banco Central del Uruguay (BCU) redujo su tasa de política monetaria en 75 puntos básicos hasta 5,75% en marzo. Se trata del séptimo recorte consecutivo desde que el organismo retomó el ciclo de flexibilización en julio de 2025. En ese período, los ajustes acumulados suman 350 puntos básicos, incluidos 100 puntos básicos recortados en la reunión de enero.

Históricamente, Uruguay ha registrado niveles de inflación “elevados”, con un promedio de 8,2% entre 2013 y 2023, por encima de los de economías emergentes con calificaciones crediticias similares. Sin embargo, ese patrón comenzó a cambiar en los últimos años. La inflación ingresó al rango de tolerancia del banco central —4,5% más/menos 1,5 puntos porcentuales— en julio de 2023 y desde entonces se ha mantenido dentro de ese margen.

Tipo de cambio y expectativas

Fitch señala que una moneda “más fuerte” contribuyó inicialmente al proceso de desinflación en 2023, aunque actualmente este parece sostenerse cada vez más en las expectativas de los formadores de precios. En ese contexto, una depreciación cercana al 13% en 2024 no generó un repunte inflacionario, destaca. Por el contrario, la apreciación del peso de alrededor de 11% en 2025 probablemente ayudó a reducir la inflación anual promedio a 4,7%, el nivel “más bajo en 20 años”.

La menor inflación y la mejora en las expectativas inflacionarias apuntan a un fortalecimiento de la credibilidad de la política monetaria, dice la agencia. Tradicionalmente, la indexación de salarios y pasividades a la inflación pasada reforzó la persistencia inflacionaria incluso después de que desaparecieran las presiones externas. Una inflación más baja debilita ese “mecanismo de retroalimentación” y reduce el riesgo de que se consolide una dinámica de aumentos de salarios y precios, agrega.

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Negociaciones salariales y ancla nominal

En esa línea, la última ronda de negociación salarial —vigente hasta 2027— incorporó la meta de inflación de 4,5% y limitó los “correctivos” por inflación pasada, lo que contribuye a establecer un “ancla nominal más orientada hacia el futuro”.

Dolarización y profundidad financiera

Fitch también da cuenta de que un entorno de inflación baja y estable podría contribuir a reducir la elevada dolarización financiera del país, que ronda el 70% de los depósitos. Una mayor confianza en el peso podría impulsar el ahorro y las transacciones en moneda local, mejorar la transmisión de la política monetaria y favorecer el desarrollo del crédito y de los mercados de capitales, que siguen siendo relativamente “poco profundos”.

Inflación reciente y competitividad

Más recientemente, la inflación se ubicó por debajo del punto medio del rango de tolerancia y cayó a 3,1% en febrero. Este descenso aumenta las ganancias salariales reales y podría agravar los problemas de competitividad asociados a un “tipo de cambio fuerte”, sostiene.

Herramientas adicionales y reformas

Ante eventuales condiciones domésticas excepcionales, el BCU podría recurrir a herramientas adicionales además de los recortes de tasas. Entre ellas se incluyen intervenciones en el mercado cambiario mediante compras a plazo (“forwards”). El gobierno también señaló que priorizará la emisión de deuda denominada en pesos y que acelerará reformas orientadas a mejorar la “competitividad”.

Calificación soberana y crecimiento

La calificación soberana de Uruguay —‘BBB’ con perspectiva estable— se ve limitada por las moderadas perspectivas de crecimiento a mediano plazo y por el historial de inflación “elevada”, que ha restringido la flexibilidad de la política económica. No obstante, la nota crediticia se sustenta en un PIB per cápita relativamente alto, “sólidos indicadores de gobernanza” y una posición externa “robusta”.

Datos preliminares apuntan a un crecimiento del PIB real inferior a 2% en 2025, por encima del promedio de 1,5% registrado en la década anterior, aunque por debajo de la mediana de 3,3% de los países con calificación ‘BBB’. La agencia prevé que la economía se expanda en torno a 2% en 2026 y 2027.

Según Fitch, aún es “incierto” cuánto crecimiento adicional podría surgir de la agenda microeconómica del gobierno orientada a reducir cuellos de botella regulatorios. Además, una mayor apreciación del peso podría representar un desafío para las industrias exportadoras y para aquellas que compiten con importaciones.

Riesgos externos

Por último, la calificadora advirtió que el conflicto en Irán es “altamente impredecible” y podría complicar la conducción de la política monetaria por su posible impacto en la inflación y en los tipos de cambio. En su reunión del 3 de marzo, el BCU señaló que la incertidumbre derivada de este escenario implica que “los riesgos para la inflación parecen ahora más equilibrados que en reuniones anteriores” y que continuará “monitoreando” sus implicancias para la inflación y las expectativas al momento de tomar futuras decisiones.

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