El ministro sostuvo que Uruguay enfrenta un escenario internacional diferente al de los últimos años, con mayor incertidumbre desde el punto de vista geopolítico y tecnológico, además de los desafíos derivados del cambio climático.
Se refirió al regreso de políticas arancelarias utilizadas como herramientas de política interna y de relacionamiento geopolítico, así como a decisiones discrecionales que afectan el comercio internacional. Para un país pequeño como Uruguay, señaló, el desafío consiste en reducir esos riesgos y mantenerse conectado con aquellas partes del mundo que continúan basando sus relaciones en reglas y acuerdos multilaterales.
También advirtió que los cambios tecnológicos están modificando cuestiones centrales del modelo de convivencia, entre ellas el mercado laboral, la seguridad social y las formas de protección del empleo. La posibilidad de trabajar desde un país para empresas ubicadas en otras jurisdicciones, por ejemplo, plantea nuevas preguntas sobre las contribuciones a los sistemas de seguridad social, sostuvo.
En ese marco, también vinculó la seguridad y la atención a la pobreza con el modelo de convivencia del país y con su capacidad para atraer inversiones. “Si nosotros no hacemos algunas cosas importantes en materia de seguridad y en materia de atención a la pobreza también para atender nuestro modelo de convivencia, una buena parte de nuestro activo para atraer inversiones está afectado”, sostuvo.
“Un tercio de los niños de este país son pobres, eso es una bomba de tiempo”, agregó.
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“Uruguay está preparado para jugar el partido”
Una parte importante de su exposición estuvo dedicada a destacar las fortalezas que Uruguay construyó durante las últimas décadas.
Oddone remarcó que esos avances no son el resultado de un presidente o de un gobierno en particular, sino de un proceso acumulado durante distintos períodos. Entre esas fortalezas mencionó la estabilidad macroeconómica, el sistema financiero, la situación energética y las condiciones de acceso al financiamiento.
En ese sentido, destacó el bajo riesgo país de Uruguay y explicó que una reducción en el costo de financiamiento no solo beneficia al Estado, sino que también establece un piso más bajo para el costo al que accede el sector privado.
El ministro sostuvo que estas fortalezas permiten que shocks externos que antes podían tener consecuencias importantes sobre la economía hoy sean absorbidos en mayor medida por las políticas macroeconómicas.
A su entender, esa situación muchas veces no es percibida por el sector privado precisamente porque las políticas públicas funcionan como una protección frente a esos shocks.
Oddone llamó a valorar ese proceso y a dejar atrás tanto la autocomplacencia como el lamento permanente sobre las dificultades del país.
“En un mundo más convulso, más incierto, Uruguay está preparado para jugar el partido, pero ese partido lo tenemos que jugar con más riesgo”, afirmó.
El ministro señaló que el frente fiscal es uno de los capítulos en los que el Gobierno todavía debe continuar trabajando para mejorar la sostenibilidad a largo plazo.
Defendió una política fiscal prudente, pero distinguió esa posición de una política excesivamente austera que pueda generar escenarios recesivos innecesarios.
En ese marco, mencionó las modificaciones tributarias introducidas por el Gobierno y una política de gasto cuidadosa como parte del proceso de consolidación fiscal.
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Competitividad: “el partido no es con el tipo de cambio”
Conferencia de prensa del ministro Gabriel Oddone
Dante Fernández / FocoUY
Para Oddone, el principal desafío de la próxima etapa es mejorar la competitividad, pero por vías diferentes a la utilización del tipo de cambio.
“Competitividad” no significa, según su planteo, abaratar artificialmente los costos de producción mediante el dólar. Señaló que una política de ese tipo tendría efectos sobre la inflación y consecuencias redistributivas.
En ese punto fue categórico: “Toda vez que yo me quiera meter con el tipo de cambio voy a producir un desorden en los precios de la economía, en un país que tiene la inflación más baja de los últimos 30 años, consolidada a lo largo de dos períodos de gobierno”.
La alternativa, sostuvo, es trabajar sobre los factores que determinan la productividad y los costos de producir en Uruguay.
En ese capítulo ubicó especialmente la energía, la logística y el sistema portuario, además de los vínculos entre ciudadanos, empresas y administración pública.
También señaló que Uruguay deberá prestar especial atención a la estrategia portuaria y logística de Argentina, después de años en los que el país se benefició de determinados flujos de comercio regional.
Oddone sostuvo que una parte importante de la agenda económica ya no está concentrada en la gestión macroeconómica, sino en reformas que permitan mejorar el funcionamiento cotidiano de la economía.
Mencionó en particular la ley de Competitividad y Reducción del Costo de Vida que busca, entre otros objetivos, facilitar el comercio exterior, reducir costos y modificar regulaciones.
También se refirió a regulaciones que pueden limitar la competencia y encarecer determinados productos. En ese sentido, sostuvo que facilitar la entrada de nuevos actores puede contribuir a reducir los precios y mejorar las condiciones de competencia. Para el ministro, este conjunto de medidas forma parte de las reformas que Uruguay necesita para mejorar su competitividad.
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El Estado como garante de certezas
Otro de los puntos centrales de su exposición fue la forma en que empresas y Estado gestionan la incertidumbre.
Oddone explicó que en el pasado y en una economía con niveles elevados de inflación se desarrollaron mecanismos para trasladar la incertidumbre sobre los costos futuros. Puso como ejemplo las cláusulas paramétricas utilizadas en contratos de largo plazo.
Según su planteo, ese tipo de mecanismos surgieron en parte porque durante años el Estado terminó funcionando como el último receptor de la incertidumbre del sector privado.
El ministro sostuvo que esa lógica debe cambiar. El sector privado, y particularmente el sistema financiero, debería desarrollar instrumentos que permitan gestionar y asegurar los riesgos propios de cada actividad.
En ese sentido, cuestionó la expectativa de que el Estado deba resolver una parte cada vez mayor de los problemas del sector privado.
“El sector privado cree que el Estado le va a resolver más cosas de lo que le va a resolver”, insistió.
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“La cultura de gestionar el riesgo”
En esa línea, Oddone cuestionó lo que definió como una baja cultura de gestión del riesgo en Uruguay.
Como ejemplo mencionó el último temporal en Salto. Pese a que hay disponibles instrumentos de seguro de infraestructura para productores, que cuentan con un subsidio estatal del 70%, tuvieron una contratación reducida.
Su planteo fue que el Estado puede facilitar el acceso a herramientas de cobertura, pero que los privados también deben utilizarlas y asumir una parte de la responsabilidad sobre los riesgos de sus actividades.
En su visión, no debería instalarse la expectativa de que el Estado necesariamente intervendrá cuando ocurra un evento adverso de magnitud.
Un “escándalo” el bajo nivel de crédito
El sistema financiero ocupó otro lugar importante en el discurso.
Oddone calificó como “un escándalo” el bajo nivel de crédito en Uruguay y señaló que la penetración del crédito ronda el 30%.
A su entender, el sistema financiero debe avanzar en una mayor sofisticación y desarrollar nuevos instrumentos, incluyendo una mayor oferta de crédito en moneda nacional.
Reconoció que el financiamiento en pesos tiene un costo mayor porque incorpora un seguro frente al riesgo cambiario, pero sostuvo que el diferencial actual también está relacionado con el escaso desarrollo de determinados instrumentos financieros. Para el ministro, el sistema financiero debe salir de su “zona de confort”.
También cuestionó que durante períodos de fuerte crecimiento de la economía uruguaya el sistema bancario no haya acompañado en la misma medida la expansión de la actividad.
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Productividad en lugar de salarios bajos
Oddone también vinculó la discusión sobre competitividad con el mercado laboral y la productividad.
Sostuvo que Uruguay no puede basar su estrategia en convertirse en un país barato ni en tener salarios bajos. El desafío, según planteó, es aumentar la productividad.
En ese sentido, cuestionó algunos aspectos de la negociación colectiva y señaló la necesidad de contar con una discusión más vinculada a la realidad de cada sector.
Afirmó que no existe un único indicador de productividad que permita comparar de la misma manera a todas las actividades y empresas del país.
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El papel del sector privado
El ministro insistió en que el sector privado tiene un papel central en el crecimiento económico. Señaló que alrededor del 80% de la inversión en el país es privada y que, por lo tanto, el Gobierno no debe asumir el papel de decidir dónde y cómo invertir.
“La política pública tiene que dar condiciones de estabilidad y previsibilidad para que el privado tome decisiones”, sostuvo.
En otro pasaje de su exposición, Oddone cuestionó las demandas que recibe el gobierno por parte del sector privado.
“Muchas de las personas que me dicen que hay que bajar el costo del Estado los tengo sentados en mi mesa pidiéndome cosas para ellos que el Estado se las tiene que dar. Los únicos que no vienen a mi oficina son los chiquilines que viven en los cantegriles, todos los demás pasan para pedirme algo”, afirmó.