El arbolito de Navidad que deben armar Uruguay y China

El gobierno avanza sobre la posibilidad de un acuerdo comercial con Pekín
El acuerdo comercial que el gobierno está comenzando a negociar con China se parece mucho al árbol de Navidad que usted tiene en su comedor y, cuyas piezas, seguramente, sean importadas desde ese país: tiene un tronco, algunos chirimbolos y una estrella (o puntero).

El tronco le da soporte y estructura al acercamiento histórico y en los hechos está representado por el acuerdo de asociación estratégica que Tabaré Vázquez y Xi Jinping firmaron en Pekín en octubre de 2016. Uruguay no es un socio cualquiera para China, sino uno con características que lo vuelve estratégicamente relevante: un beneficiario privilegiado de su cooperación y un candidato natural a estrechar lazos comerciales y culturales. En las últimas semanas apareció el adjetivo “integral” para hacer un poco más redundante el alcance general de esa asociación estratégica.

Está el tronco y también hay avances concretos en los chirimbolos que acompañan el árbol. Todos los capítulos que formarán parte de un futuro acuerdo están en movimiento: ciencia y tecnología, intercambio aeronáutico y exención de visas son apenas algunos ejemplos.

El acercamiento es notorio y se da en los más amplios niveles, desde la llegada del Instituto Confucio hasta la realización de la cumbre de negocios más importante de la región. El impulso va hacia el futuro.China se volvió el país del mundo que le da más dinero a Uruguay en materia de cooperación. Siete empresas chinas se presentaron a la licitación del ferrocarril que el gobierno abrió hace tres semanas. El Ministerio de Industria está organizando junto a la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI) una misión para oportunidades de inversión y procurar que gigantes como Alibaba o Huawei pongan su mira en Uruguay.

Quedará entonces la estrella; la posibilidad de negociar los capítulos de acceso a bienes y servicios. Hay quienes creen en el gobierno que la decisión de avanzar en ese sentido depende pura y exclusivamente del Uruguay. China ha dado suficiente muestra de querer negociar con quien se le ponga adelante de acuerdo a las reglas de la Ronda Uruguay del GATT (1986) a la que accedió por un gesto del anfitrión. Y no discrimina por tamaños. Tras entablar relaciones diplomática con Panamá se lanzó a un acuerdo comercial y está en tratativas con Maldivas. ¡Sí, con Maldivas!

El gobierno del país asiático dejó claro que Brasil nunca ha sido un factor de distorsión en esta historia y en la cancillería existen informes que avalan la hipótesis de que el país tiene soberanía para negociar por fuera del bloque. Aún si se quisiera ir por el lento y tortuoso sendero del Mercosur, desde el gobierno estiman que eso también es posible y el hecho que Paraguay tenga relaciones diplomáticas solo con Taiwán no es inhabilitante. Si no habría que preguntarse cómo Nueva Zelanda tiene sendos acuerdos comerciales con Pekín y Taipei.

El camino hacia el Tratado de Libre Comercio bilateral será menos parecido al que Uruguay transitó en otras oportunidades y más similar a lo que China hizo con otros socios como Chile, Perú o Suiza. No habrá intercambio de términos de referencia, sino que los dos países harán un estudio de factibilidad conjunto. La conclusión de este estudio derivará en la negociación del acuerdo, explicaron a El Observador fuentes oficiales.

Para alcanzar la estrella del árbol el gobierno deberá adoptar una decisión política, pero una cuota de responsabilidad también le cabe al sector privado. No son los que toman ni ejecutan decisiones pero sí son los que muchas veces presionan para que determinado curso de acción salga adelante. Y ahí Brasil sí resulta ser un factor de distorsión, por lo menos para una empresa como Conaprole que en su momento pidió prudencia para que no se complicara demasiado su vínculo con el mercado brasileño.

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