24 de agosto de 2026 19:05 hs

Quizás sea el mayor gusto que Pedro Sánchez se ha dado en el poder.

Entre las mil maneras de escenificar la perversión, hay que reconocerle a Pedro que haberse tomado 27 días seguidos de vacaciones en medio de la crisis más grave de sus ocho años de gobierno es toda una apuesta.

El jueves 30 de julio más de 60.000 inmigrantes ilegales marroquíes invadieron el territorio español de Ceuta, una pequeña península africana aprisionada dentro del territorio de Marruecos.

Mal día para una crisis. La mayoría de los españoles estaban iniciando sus vacaciones y Sánchez no podía ser la excepción. Pero se ve que la muchedumbre de inmigrantes nadando hacia Ceuta, el centenar de ahogados, las peleas con los ceutíes y las dos decenas de violaciones lo conmovieron a Pedro porque se hizo un viaje de hora y media y se aguantó una cuántos gritos e insultos para mostrar que España todavía le importaba.

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Un rato después se subió al super avión Falcon que toda la oposición le critica y puso rumbo a Lanzarote, adonde comenzó unas vacaciones bien extensas.

Las mas largas en 32 años para un presidente español que ni las muertes, ni los brotes de sarna en Ceuta ni la batalla migratoria con la italiana Giorgia Meloni y otros veintitrés países europeos alteraron.

Eso sí. Entre Ceuta y el vuelo a Lanzarote se hizo el tiempo para postear un tuit en la red de su enemigo Elon Musk y recomendar tres canciones para el verano.

Ni flamenco ni muñeira. Un poco de trap de chicos y chicas españoles para tratar de conectar con el electorado que se está cansando y puede ser más esquivo el año próximo en las elecciones generales.

No le preocuparon el hate ni la indignación de sus propios amigos socialistas por el baño de frivolidad en plena crisis política. Su mensaje era para los chicos que estaban de vacaciones.

No para todos aquellos que debían cuidar su humanidad ante el peligro de los 10.000 inmigrantes que se quedaron a esperar en Ceuta los frutos del estado de bienestar europeo.

El balneario preferido de Rodríguez Zapatero

Pedro aterrizó con su esposa, la procesada por tráfico de influencias y malversación de caudales públicos Begoña Gómez, y a sus dos hijas en el balneario de La Mareta.

En un hermoso palacio que el Rey Hussein de Jordania le regaló al hoy emérito Rey Juan Carlos de España en 1970. Una joya arquitectónica en las costas de la isla de Lanzarote, construida con arenas volcánicas y una playa privada a la que no llegan jamás los moros.

Cuando la imagen del Rey Juan Carlos comenzó a derrumbarse por las mujeres ocasionales y los millones de euros sin justificación, la Monarquía le cedió el Palacio de la Mareta al gobierno de España.

Por allí pasaron para disfrutar de los 25 grados promedio durante todo el año de las islas Canarias el socialdemócrata alemán Gerard Schöeder; el ruso de la desgraciada Glasnost, Mijail Gorbachov; y el gran escritor checo que después fue presidente, Vaclav Havel. Siempre gente de bien, siempre gente de izquierdas.

Entre los españoles, los más fanáticos de veranear en La Mareta han sido el agobiado Pedro Sánchez y el hombre de los relojes y los collares de perlas, José Luis Rodríguez Zapatero. No más palabras señor Juez.

Durante los 25 días en La Mareta, Pedro dirigió dos reuniones de gabinete en forma telemático. Mientras tanto, envió a apagar el volcán de Ceuta a seis de sus ministros. Ninguno se salvó de los silbidos ni de los gritos de hijos de puta. Tal vez Sánchez haya sonreído al ver las imágenes. Hay quienes gozan del sufrimiento ajeno.

Lo más más tragicómico fue que, en el primero de sus actings telemáticos, a Pedro le cortaron las piernas en la foto. Tal vez su equipo de Community Managers no quiso que se le vieran las chanclas de marca.

Claro que si apostaron al festival de baits, acertaron. El Sánchez sin piernas se hizo viral y ascendió rápido a la categoría de meme histórico.

Tanto preparar la escena. Poner la jarra con agua mineral y los anteojos vintage de Dior sobre la mesa canaria y olvidarse de reemplazar las chanclas por unas piernas con mocasines de verano. Las tareas de la prensa oficial, en tiempos de Instagram y de TikTok, se han vuelto crueles.

La verdad es que ninguna crítica, por salvaje que fuera, le hizo mella a Pedro Sánchez.

Los videos en las redes lo mostraron buceando junto a Begoña, muy bien custodiados por las lanches patrulleras de la Guardia Civil española. Qué hubieran dado los ceutíes por tener siquiera una de esas embarcaciones durante la noche interminable de la invasión por agua y por tierra.

"Ahí sigue. En su hamaca, con sus bermudas", decía en esos días la combativa diputada del Partido Popular, Cuca Gamarra.

Los opositores sí, el Rey no

El líder de su partido, el gallego Alberto Núñez Feijóo, hizo dos viajes para arropar un poco a Juan Jesús Vivas, el presidente de Ceuta y de su misma filiación política. También viajó el otro referente de la derecha, Santiago Abascal, para dejarle al gobierno sus clásicos y peores juramentos.

El que no pisó Ceuta fue el Rey Felipe VI, quien para hacerlo debe recibir la autorización de Pedro Sánchez. Presidente del Gobierno mata Monarca. Así son las cosas en la organización republicana.

Lo que sí hizo Felipe fue recibirlo al abandonado Vivas en el Palacio de verano de Palma de Mallorca. El Rey le prometió allí que pronto iba a ir a Ceuta. ¿Será cuando se cumpla un mes de la invasión? Pocos lo creen.

Los caminos de la fe son inhóspitos y la venganza de Pedro Sánchez siempre llega a destino.

De todos modos, son muchos los que creen que la sociedad española va a pasar factura electoral por la tragedia de Ceuta y las vacaciones más oprobiosas de un presidente de las que se hayan tenido recuerdos.

Los españoles memoriosos rescatan una frase de Pedro Sánchez cuando el que gobernaba era Mariano Rajoy y el presidente popular demoraba una visita a los inundados en España. "Que pise el barro. ¿Qué coño tiene que pasar en este país para que visite la Ribera del Ebro?" decía aquel Pedro bravucón.

Otros tiempos. Otra frescura. Otras prioridades.

Pedro Sánchez ha dejado el agua tibia de La Mareta para volver a Madrid, al Congreso y probablemente a dar alguna explicación por el desastre de Ceuta que sigue sin solución ni responsable alguno.

"Ceuta es España, Ceuta se defiende", bramaron los españoles en los estadios de fútbol del fin de semana.

Pedro ya debe estar extrañando el agua transparente del océano Atlántico que baña la costa de Lanzarote. Apenas a mil kilómetros de España y a ciento cuarenta del Sahara Occidental.

Justo desde allí llegaron el domingo tres pateras con 245 inmigrantes ilegales africanos.

Pero Pedro Sánchez ya se había ido.

Ya estaba rumbo a la Moncloa para demostrar, una vez más, su enorme habilidad para eludir los problemas y dejar que otros españoles carguen con ellos mientras surfea sin mojarse por las aguas placenteras del poder.

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