24 de agosto de 2026 13:44 hs

Con la deuda en monto récord y los combustibles encareciendo la vida diaria, mientras la confianza de los consumidores retrocede y los votantes indican que su situación empeora bajo la gestión de Trump, la guerra comercial con Canadá abre un nuevo frente que intensifica la presión sobre la economía y la Casa Blanca.

Las negociaciones con Canadá llegaron a un punto muerto el sábado y Donald Trump impuso aranceles de 50% sobre decenas de productos canadienses. Por su parte, el primer ministro Mark Carney afirmó que igualará los nuevos gravámenes “dólar por dólar” con represalias que anunciará el próximo 8 de septiembre.

Mark Carney

Mark Carney

Los aranceles son impuestos que pagan las empresas cuando importan productos del extranjero. Como esos costos adicionales suelen trasladarse a los precios, la experiencia señala que terminan afectando a los consumidores. Además, generan incertidumbre para los trabajadores de los sectores alcanzados, porque las compañías pueden verse obligadas a reducir producción o empleo.

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Mike Pence, quien fue vicepresidente durante el primer mandato de Donald Trump advirtió que “lo último que necesitamos ahora mismo, mientras nuestra economía se recupera, es una guerra comercial con Canadá” en el programa State of the Union de CNN.

La senadora republicana Susan Collins, de Maine, cuyo estado limita con Canadá, advirtió que “las negociaciones intermitentes entre Estados Unidos y Canadá generan mayores costos, riesgos e incertidumbre para las empresas de Maine” y alertó que los aranceles “aumentarán los costos para las familias, ya que la mayoría de las empresas no tendrá otra opción que trasladarlos a sus clientes mediante precios más altos”.

“Maine importa aproximadamente 2.000 millones de dólares en productos no petroleros de Canadá cada año. Desde que se anunciaron los aranceles, he recibido comentarios de muchas empresas, agricultores y pescadores de langosta preocupados por el costo de enfrentar los aranceles, la falta de cadenas de suministro nacionales y la probable imposición de aranceles de represalia por parte de Canadá”, añadió.

Susan Collins

Susan Collins

La gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, otro estado que limita con Canadá y quien es considerada una posible candidata demócrata a la Casa Blanca en 2028, indicó en su cuenta de X “los habitantes de Michigan están siendo impactados de manera única por las guerras arancelarias caóticas y continuas”. Añadió que “estos aranceles actúan como un aumento de impuestos para las familias y empresas de Michigan al encarecer los precios en el supermercado y la gasolinera”.

“Las compañías —especialmente nuestros fabricantes de autos— enfrentan la difícil decisión de despedir trabajadores o trasladar los costos a sus clientes”, aseguró la gobernadora.

Neel Kashkari, presidente del Banco de la Reserva Federal de Minneapolis, advirtió en el programa Face the Nation que “cuanto más se prolonguen las idas y venidas en el frente comercial, al igual que ocurre con el conflicto de Irán, más se retrasarán las repercusiones y la inflación”.

Subrayó que Canadá es un importante socio comercial para Estados Unidos. En 2025, el intercambio entre ambos países alcanzó 880.000 millones de dólares, lo que sitúa a Canadá, por detrás de México, como el segundo socio comercial más relevante para Washington.

Encuestas sombrías

La guerra comercial con Canadá explota a menos de tres meses de las elecciones de medio término en las que los estadounidenses decidirán el reparto de fuerzas en el Congreso al elegir a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio de los 100 escaños del Senado. Los sondeos, principalmente por las sombras que envuelven a la economía, no son auspiciosos para los republicanos.

La última encuesta del Pew Research Center, elaborada a mediados de julio, dibuja un panorama de descontento generalizado con la situación económica del país, en el que solo el 24% de los estadounidenses califica el estado actual de la economía como excelente o bueno.

En paralelo, un estudio de Focaldata publicado el 16 de agosto por el Financial Times reveló que 53% de los votantes registrados considera que sus finanzas se han deteriorado desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025. El malestar alcanza a 57% de los independientes y a cerca de una cuarta parte de los republicanos, que también dicen sentirse en peor situación.

Los indicadores

La guerra con Irán ha impulsado la inflación arruinando la promesa de Trump de reducir a la mitad los precios de la energía. La gasolina subió 40% desde el inicio del conflicto, a 4,11 dólares por galón, y el diésel alcanzó 5,58 dólares. El precio promedio del diésel en el segundo mandato de Trump es ahora más alto que durante la gestión de Joe Biden.

La inflación anual se elevó al nivel más alto en tres años cuando alcanzó 4,2% en mayo, antes de desacelerarse hasta 3,4% en julio. Aunque la economía sigue en terreno positivo, avanza a un ritmo anualizado de 1,5%, muy por debajo del 5-6% que había pronosticado el secretario de Comercio Howard Lutnick.

A los datos que emiten señales de alarma se agrega que la deuda pública alcanzó un récord de 40 billones de dólares, creciendo al ritmo más elevado desde la pandemia en un contexto en que el gasto del Estado supera al ingreso y genera un déficit que la administración Trump no ha logrado reducir en mayor medida.

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