18 de mayo 2024
24 de abril 2024 - 13:28hs

La memoria es el eje central que atraviesa a la localidad manchega de Albacete, a través de su patrimonio cultural, el recuerdo de su historia y la conservación de muchas de sus tradiciones que la han tornado famosa a nivel mundial.

Un pueblo que olvida sus orígenes y lo que ha vivido a lo largo del tiempo está condenado a andar sin rumbo en su camino hacia el futuro. En un intento por torcer este destino, sus autoridades y pobladores buscan por mantener vigente el legado de la ciudad.

El mejor ejemplo de esto es el Teatro Circo que Albacete logró recuperar y restaurar en 2002, tras haber permanecido abandonado durante diecisiete años, para convertirlo en un ícono local y en una joya única para España.

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Se trata de uno de los cuatro predios de este tipo que existen en el mundo, junto con los de Lisboa, Ámsterdam y Praga, que cuenta con una pista circular en el centro de la sala donde pueden llevarse adelante espectáculos circenses.

Ese había sido el objetivo con el que se construyó en 1887, aunque en la actualidad fue adaptado también como teatro para representar obras y conciertos y albergar conferencias, sin perder el brillo de su antigua arquitecturamorisca.

Su fama alcanzó nivel mundial, al punto de que allí se celebra anualmente el Festival Internacional de Circo durante el mes de febrero, en el que participan los artistas más importantes de todo el planeta en las 19 galas que se llevan a cabo en su sala.

Tiempos difíciles

Albacete, también, mantiene viva la memoria sobre lo que debió padecer la ciudad y sus pobladores a lo largo de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil a través de diversas formas de recordación.

Esta ciudad, que se había convertido en el cuartel general de las brigadas internacionales, leales a los republicanos, fue una de las más bombardeadas de España por parte de los nazis durante 1937, a pedido de su aliado Francisco Franco.

Aún se conservan los impactos que causaron los proyectiles en varios de los edificios del centro y que sobrevivieron a la guerra, como una muestra de un pasado que nunca debe ser olvidado.

El sitio central de la memoria es el Refugio Antiaéreo del Altozano, ubicado debajo de la plaza homónima.

Se trata de uno de los doce con los que contaba Albacete para proteger a su población de los bombardeos y que se ha sido restaurado hace tres años para recordar lo vivido en esos tiempos.

La ciudad, también, utilizó un recurso de gran impacto para rememorar lo que fue la barbarie de la guerra, aunque pueda pasar desapercibido para la mayoría de los visitantes que desconocen de su existencia.

Se trata de veinticinco adoquines de bronce con los nombres de los pobladores locales deportados a los campos de concentración alemanes (Mauthausen y Dachau) durante la Segunda Guerra Mundial, que fueron colocadas en su homenaje a lo largo de las veredas de la avenida de la Estación, siguiendo una propuesta del artista germano Günter Demnig.

Un atractivo mundial

Albacete también es conocida por la producción de navajas, una industria artesanal que se ha transformado en uno de los símbolos centrales de la tradición de esta localidad manchega. 

Su renombre se remonta a 1855 cuando el tren llegó por primera vez a la ciudad y los vendedores se acercaban a ofrecerles sus productos a los viajeros. A partir de allí, se fue expandiendo su fama hasta convertirse en todo un símbolo en España.

Toda esta historia de conserva en el Museo de la Cuchillería, ubicado en el Palacio Hotelano, donde puede verse la evolución que tuvieron estos elementos a lo largo de los siglos. 

Además, se exponen los ejemplares ganadores de los concursos anuales que organiza esta institución entre competidores locales e internacionales, muestras temporales y exhibiciones artísticas vinculadas con el tema.

Otro de los símbolos con los que la ciudad conserva sus tradiciones es la Feria de Albacete, la fiesta popular local que se lleva a cabo cada año entre el 7 y el 17 de septiembre en honor a su patrona, la Virgen de los Llanos.

Esta celebración se realiza en forma ininterrumpida desde hace más de trescientos años, aunque hay vestigios más antiguos en registros bibliográficos, por lo que fue declarada de Interés Turístico Internacional por el gobierno de España.

Son semanas en las que el pueblo y los turistas que se acercan a Albacete pueden vivenciar la profundidad con la que ha calado la persistencia de la memoria y las antiguas tradiciones en esta localidad manchega.

 

 

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