28 de septiembre de 2026 15:56 hs

Este país tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos. Hay que arañar la tierra para que salgas, para que puedan existir más. Este país tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos. Hay que arañar la tierra para que salgas, para que puedan existir más.

Podría oírse la caída de un alfiler, La sala del acogedor cine Embajadores Río en el barrio de Arganzuela de Madrid queda a oscuras y en un silencio sepulcral de cinco minutos después de que un puñado de espectadores se deleitaran (y lagrimearan) durante 155 minutos con 'La bola negra', la película dirigida por Los Javis (Javier Ambrossi y Javier Calvo) que arrasó en la taquilla española desde su estreno el viernes 25 de septiembre y (al momento de esta publicación) acumula más de 4,7 millones de euros y 610.000 espectadores, convirtiéndose en el segundo mejor estreno español de la última década y supera a 'La Odisea' de Christopher Nolan.

Tras su paso por los principales festivales internacionales, cosechó una destacada trayectoria de reconocimientos: luego de hacer historia en Cannes con el Premio a la Mejor Dirección para Los Javis y la nominación a la Palma de Oro, la cinta se alzó con el Premio del Público en los festivales de Toronto y Sídney, además de conquistar el Premio del Público Ciudad de San Sebastián en la sección Perlak con una nota récord de 9,40 sobre 10, coronando este recorrido con su selección por la Academia de Cine para representar a España en los Premios Oscar en la categoría de Mejor Película Internacional.

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Gris Jordana, directora de fotografía de ‘La bola negra’ y de otras obras de Javier Calvo y Javier Ambrossi como ‘La Mesías’ (Movistar Plus, 2023) o ‘Veneno’ (Netflix, 2020), resumió en un reportaje: “Nos propusimos crear el Titanic de nuestra época; dentro de un cine de autor, pensado y elaborado, trasladar con honestidad lo que estábamos contando”.

La piedra oscura, el punto de partida de Los Javis

Sacando el hype popular por el film y los lauros obtenidos en las últimas semanas, la obra maestra de Los Javis llegó para embellecer y sensibilizar las pantallas con una dirección de fotografía exquisita, interpretaciones sobrecogedoras (de Miguel Bernardeau, Guitarricadelafuente, Carlos González y Milo Quifes) y una historia coral que pone sobre la mesa temáticas de necesaria exposición y debate.

La película, que toma como punto de partida 'La piedra oscura' de Alberto Conejero, transcurre a través de las historias de tres hombres homosexuales en tres tiempos históricos: 1932, 1936 y 2017; y un hilo rojo atraviesa y une cada trama para contar varias historias dentro de una gran idea que sobrevuela constantemente a los personajes: vivir callando lo que uno es.

Los Javis recogen una obra incompleta y perdida de Federico García Lorca que aborda la historia del joven Carlos (Milo Quifes) que en la Granada de los años 30 quiere ingresar como miembro del Casino y le dan la negativa (la bola negra) por un secreto a voces en todo el pueblo: su homosexualidad.

Esa obra inacabada de García Lorca había sido puesta a resguardo por el secretario de su grupo teatral La Barraca, Rafael Rodríguez Rapún, un joven ingeniero de minas y ex jugador del Atlético de Madrid y quien fuera su última pareja. Rafael es interpretado por Miguel Bernardeau, quien atraviesa sus últimos días de vida al ser capturado como teniente republicano por el bando nacional en Santander durante la guerra civil española. Lo que cambia por completo su captura es el encuentro con Sebastián (Guitarricadelafuente), un joven e inexperto soldado (con anhelos de músico) al que le pusieron un rifle en la mano y lo incorporaron al pelotón y con quien Rafael entablará un efímero pero significativo vínculo.

"Nadie puede desaparecer del todo"

Bajo la dirección sensible de Los Javis logran construir un relato sutil, de miradas profundas, silencios cómplices y cuerpos rotos por la crueldad de la guerra que, como reza el personaje de Penélope Cruz, es todo lo contrario a la fantasía de la posibilidad. Es, en definitiva, la urgencia por sobrevivir, por hacer, por trascender y por ser recordado. "Nadie puede desaparecer del todo", desea Rafael Rodríguez Rapún horas antes de ser fusilado (tal como recoge el libro de Alberto Conejero).

Al observar cómo se ha transformado la experiencia homosexual en España y qué permanece tras cada cambio, la película contrapone la represión explícita del pasado con la realidad de 2017 (la trama de Alberto, interpretado magistralmente por Carlos González y con una participación estelar de Glenn Close) para mostrar cómo las consecuencias del estigma sobreviven a las circunstancias que las originaron.

Es ahí donde los directores introducen el concepto de una "herencia de la vergüenza": las leyes y las libertades avanzan, pero los silencios, miedos y heridas familiares no se disuelven de forma automática. De este modo, la investigación ambientada en el presente deja de ser una mera pesquisa histórica para convertirse en una búsqueda de identidad donde reconstruir la vida de quienes nos precedieron resulta indispensable para comprender cómo el mandato del silencio terminó moldeando a las generaciones posteriores.

Y no, 'La bola negra' no es un homenaje a García Lorca (si es que muchos van en busca de eso, lamento decepcionarlos) es mucho más: es una oda al amor, a la identidad, al peso de las personas que marcan nuestra vida, a las consecuencias de ser fiel a uno mismo (y también no serlo), a las libertades y derechos adquiridos y el reguero de los que no gozaron de ello. 'La bola negra' está dedicada, en palabras de Javier Ambrossi, a "todas las vidas inacabadas".

"No es una película sobre Lorca ni un biopic de Lorca, no pretende hacer justicia con nada. Pretende hablar de que hay que vivir. La hicimos porque nos enamoramos de 'La piedra oscura', de Alberto Conejero", contaron los directores en una entrevista para el pódcast 'La Script'.

En 155 minutos Los Javis logran condensar parte de la historia de España, la ebullición previa a la Guerra Civil y los primeros coletazos de la misma, los silencios, los secretos familiares, la censura de varias generaciones, y lo que no se nombra.

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