8 de noviembre de 2026 9:08 hs

Nadie lo ve venir.

Es un sábado cerca de las tres de la tarde en la plaza principal del casco antiguo de Cracovia, en el sur de Polonia.

Un coche aparece de la nada en la Plaza del Mercado. Alguien empieza a disparar a quemarropa. La gente corre. Casi ni alcanza a gritar. Corre. Y busca dónde refugiarse.

Es un joven polaco de 24 años, con chaleco antibalas, un fusil militar y una cámara para grabar el tiroteo. Su vehículo está repleto de armas y municiones.

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Claro que eso se supo después, cuando fue abatido por la policía. Pero antes logró matar a seis personas y herir a quince, de las cuales doce están graves. Entre ellos, dos policías.

Además, en un giro aún más oscuro, los cuerpos de tres familiares cercanos fueron encontrados en su vivienda, según informaron las autoridades. El atacante se encuentra hospitalizado.

Aún no se sabe cuáles son las circunstancias que rodean al atentado. El primer ministro, Donald Tusk, llamó a todos los partidos políticos a “no jugar con la tragedia” y decretó dos días de luto nacional.

La ciudad de Cracovia es uno de los destinos turísticos más importantes de Polonia y está estrechamente vinculada al Papa Juan Pablo II, quien fue arzobispo de la ciudad antes de ser elegido pontífice.

Las claves de la grieta institucional

El espanto de esta masacre no ocurre en cualquier momento. Polonia atraviesa una crisis abismal.

A menos de un año de las elecciones legislativas, el primer ministro y el presidente del país están enfrentados en una pelea encarnizada.

El país es gobernado por el primer ministro Donald Tusk, líder del partido de centroderecha liberal, llamado Coalición Cívica (KO), que ganó las legislativas de 2023.

Tusk fue presidente del Consejo Europeo por dos períodos en momentos críticos como el Brexit y la crisis migratoria de 2015.

En los ocho años anteriores, gobernó durante dos mandatos el partido ultraconservador nacionalista, Ley y Justicia (PiS). Karol Nawrocki, el presidente del país, pertenece al PiS.

En Polonia, el presidente no tiene demasiadas competencias pero entre sus poderes, está la capacidad de vetar leyes o demorarlas, enviándolas al Tribunal Constitucional.

El primer ministro, Donald Tusk, durante la conferencia de prensa después del atentado.

El primer ministro, Donald Tusk, durante la conferencia de prensa después del atentado.

Desde que ganó las elecciones presidenciales de junio de 2025, Nawrocki hizo un uso intensivo de su poder de veto. Basta decir que frenó 45 proyectos de ley, el doble que su antecesor en dos mandatos.

Nawrocki no tiene demasiadas credenciales políticas pero sí un gran sponsor: Donald Trump. Hizo carrera como boxeador y escribió varios libros, entre ellos, uno sobre su club de fútbol, el Lechia Gdansk.

En el centro de la disputa que fue escalando hasta llevar al país a la cornisa está el Tribunal Constitucional, compuesto por 15 jueces.

En 2021, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que no era independiente ni imparcial en sus resoluciones. Eso le costó al país el bloqueo de 137.000 millones de euros de fondos europeos.

En tres años de mandato, Tusk no logró sacar adelante las reformas legislativas prometidas a Bruselas para acceder a los fondos.

¿Cuál es el origen del conflicto? Los jueces son elegidos por mayoría absoluta por la Cámara baja del Parlamento polaco y luego el presidente les toma juramento.

Entre marzo y septiembre de este año, fueron nombrados ocho nuevos jueces pero el presidente bloqueó la toma de posesión de cinco.

Para resumir lo que siguió a partir de ahí, lo importante es que en plena cuenta regresiva para los comicios, la pelea por el control del tribunal, hoy uno de los últimos reductos de poder de los nacionalistas, se vuelve crítica.

El “milagro económico” empieza a resquebrajarse

La estabilidad institucional de Polonia podría empezar a preocupar a los inversores extranjeros. Y de hecho, ya hay señales de que comenzó a hacerlo.

Hasta hoy Polonia es considerada un "milagro económico".

El PBI se duplicó en la última década para superar u$s 1 billón y colocar al país entre las 20 economías más grandes del mundo. Polonia ya logró superar a Japón en PBI per cápita y está a punto de igualar a España.

Pero a medida que la disputa se convierte en una confrontación abierta, se está asumiendo un gran riesgo. El de un enorme daño autoinflingido.

Según los pronósticos del FMI, la economía se está enfriando. Después de crecer 3,4% este año, habrá una fuerte desaceleración en 2027 hasta 2,5%.

Las alarmas ya se habían encendido en septiembre cuando la calificación crediticia del país fue rebajada por primera vez en una década.

Moody’s redujo un escalón el estatus de Polonia, que es investment-grade. Y el viernes S&P, si bien no fue tan lejos, puso la nota de la deuda con perspectiva negativa.

Polonia no adoptó el euro y mantiene su moneda, el zloty. Existe un gran rechazo por parte de la población (temor a la inflación) y el manejo de la propia política monetaria permitió al país absorber shocks mejor que otros socios europeos. Pero hoy el zloty está en mínimos de tres años.

Además, Polonia está a punto de registrar uno de los mayores déficits presupuestarios de la UE, alrededor del 7% del PBI, en gran medida por su enorme gasto en defensa.

Varsovia es el país de la OTAN que más destina a defensa en términos relativos (4,5% del PBI), incluso más que Estados Unidos (3,1% del PBI).

Con Rusia respirándole en la nuca, quién puede culparla.

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