Tras unas elecciones en las que los demócratas no solo recuperaron las dos cámaras del Congreso por amplios márgenes, sino que también ganaron en estados considerados desde hace tiempo bastiones republicanos, entre ellos Kansas, Texas y Carolina del Sur, Jeffries puede afirmar con credibilidad que su partido ha regresado. Pero para los aliados del país, la pregunta no es si Estados Unidos ha regresado. ¿A qué ha regresado? ¿Y por cuánto tiempo?
Es una dinámica que también se ha visto impulsada por el comportamiento de Rusia como un Estado paria y por la negativa de China a liberalizar sus sistemas políticos y económicos, tal como muchos en Occidente esperaban que lo hiciera tras su integración en los mercados globales.
Pero el repliegue estadounidense ha sido fundamental para el colapso del sistema internacional, y acelerarlo fue una decisión política deliberada a lo largo de los dos mandatos de Trump.
El movimiento MAGA se nutrió del creciente escepticismo público respecto a la participación de Estados Unidos en los asuntos internacionales. A medida que sectores clave de la población estadounidense quedaban rezagados por las mareas desiguales de la globalización y se indignaban por las guerras fallidas en Medio Oriente, la convicción política fundamental de que el país debía liderar el orden internacional se vio sacudida.
Cambios políticos drásticos
Sin embargo, la erosión del liderazgo estadounidense en el extranjero no solo ha sido una decisión política deliberada impulsada por la dinámica electoral, sino también una ruptura de la coherencia política debido a un período de cambios políticos drásticos.
Con la victoria de los demócratas en estas midterms, en 12 de las 14 elecciones celebradas en los últimos 26 años parte de los poderes legislativo o ejecutivo del gobierno cambió de partido, una marcada diferencia respecto a las 7 de 20 elecciones en las que esto ocurrió en los 40 años anteriores.
Esto, sumado a la creciente polarización partidaria y al desmoronamiento del enfoque históricamente bipartidista de Estados Unidos en materia de política exterior, ha llevado a cambios radicales en las políticas, desde las reiteradas adhesiones y retiradas de Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el Clima y del Consejo de Derechos Humanos de la ONU hasta la decisión del presidente Trump de romper el Plan de Acción Integral Conjunto con Irán, firmado por el presidente Obama.
La consecuencia es un duro golpe para los aliados de Estados Unidos, especialmente en Europa. El presidente Biden experimentó esta dinámica mientras trabajaba para recomponer las relaciones de Estados Unidos tras el deterioro de los lazos transatlánticos durante el primer mandato de Trump. En repetidas ocasiones mencionó conversaciones en las que les decía a los líderes mundiales: "Estados Unidos está de vuelta", solo para que ellos le preguntaran: "¿Pero por cuánto tiempo?".
Los recaudos de los aliados
Con el regreso del presidente Trump a la Casa Blanca tras las elecciones de 2024 y su posterior cuestionamiento del valor de la OTAN, su amenaza de apoderarse de Groenlandia y sus negociaciones con el presidente ruso Vladimir Putin, los países europeos vieron las señales de alerte ante la inconsistencia de su aliado estadounidense y tomaron los recaudos necesarios.
El objetivo no era desvincularse de Estados Unidos, sino reducir los riesgos. Para los países europeos que cada vez confiaban menos en las garantías de seguridad estadounidenses, eso significó volver a invertir en defensa; por ejemplo, Alemania modificó sus normas de deuda para reconstruir sus fuerzas armadas.
La misma dinámica se manifestó en Medio Oriente, donde los países buscaban seguridad tras la guerra desestabilizadora de Estados Unidos en Irán, y Arabia Saudita, Turquía y Pakistán formaron el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca.
Mark Carney, primer ministro de Canadá
En el ámbito económico, los países buscaron nuevos socios. Canadá, bajo la presión del presidente Trump, trabajó para construir una nueva relación con la Unión Europea y buscar una mayor colaboración con China. La UE, por su parte, forjó nuevos acuerdos con el Mercosur y la India.
Muchos aliados de Estados Unidos se sienten ahora aliviados al ver el resurgimiento demócrata en las elecciones intermedias, ya que el Partido Demócrata está más comprometido con las instituciones internacionales, a pesar de las tendencias aislacionistas de su ala más a la izquierda.
El restablecimiento de los contrapesos legislativos al poder de Trump a través del liderazgo demócrata en los comités de Relaciones Exteriores del Senado y de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes será una buena noticia para muchos observadores extranjeros, aunque es poco probable que detenga las políticas belicistas de la administración hacia Irán, Cuba y Venezuela.
El cambio deberá esperar hasta después de 2028
Para los aliados de Estados Unidos que esperan un enfoque más multilateral en la toma de decisiones, ese cambio tendrá que esperar hasta después de 2028, si es que un candidato republicano o demócrata menos unilateral gana la presidencia.
Pero incluso si eso ocurriera, Estados Unidos no cuenta con la voluntad política ni la capacidad para retomar su papel de líder mundial indiscutible, en medio de una división política persistente, crecientes restricciones fiscales y la influencia de una China en ascenso.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
AP
Y cualquier papel que llegue a desempeñar no será duradero, como ya lo han demostrado las repercusiones inmediatas de las elecciones de mitad de mandato. Al día siguiente de las elecciones, el vicepresidente JD Vance publicó un extenso mensaje en X en el que culpaba a la guerra contra Irán por las derrotas de su partido, lo que generó especulaciones de que Estados Unidos podría reducir los futuros ataques a favor de las negociaciones.
Las decisiones sobre la guerra y la diplomacia se están tomando a un ritmo cada vez más rápido e impredecible en Estados Unidos.
Es por eso que, aunque las victorias de los demócratas en estas elecciones marquen el principio del fin del enfoque de "Estados Unidos primero" de la administración de Trump en materia de relaciones internacionales, no significan el regreso de una política exterior estadounidense coherente y confiable. Eso es un problema para los aliados de Estados Unidos y una razón clave por la que —al menos por ahora— el mundo del "G-Cero" llegó para quedarse.