El Gobierno de Francia ha decidido dar un paso inédito en su política demográfica ante el desplome sostenido de los nacimientos: enviará una carta oficial a todos los jóvenes que cumplan 29 años para recordarles que están en una etapa clave de su vida fértil e informarles sobre las opciones disponibles en materia de reproducción. La medida forma parte de una estrategia más amplia que el Ejecutivo ha definido como un “rearme demográfico”, en un contexto de envejecimiento acelerado y pérdida de dinamismo poblacional.
La iniciativa surge tras confirmarse que el país registró más muertes que nacimientos, un fenómeno que no se producía desde la posguerra y que ha encendido las alarmas sobre el futuro del sistema de pensiones, la financiación del Estado del bienestar y el equilibrio entre generaciones.
Un declive histórico
Francia ha sido durante décadas una excepción dentro de Europa por su relativa fortaleza demográfica. Sin embargo, la tasa de fecundidad ha descendido de forma constante y se sitúa claramente por debajo del nivel de reemplazo generacional. El retraso en la edad de maternidad y paternidad, la precariedad laboral juvenil, el encarecimiento de la vivienda y los cambios culturales han modificado los proyectos familiares de las nuevas generaciones.
El Ejecutivo que encabeza Emmanuel Macron considera que el problema ya no es coyuntural, sino estructural. De ahí que haya optado por combinar incentivos económicos, ampliación de recursos sanitarios y una campaña directa de información personalizada.
La carta
La carta que recibirán los jóvenes no será un llamamiento moral, según afirman fuentes oficiales, sino un documento informativo sobre fertilidad, planificación familiar y preservación de gametos, con el objetivo de que las decisiones se tomen con mayor conocimiento.
El Gobierno explica que muchos ciudadanos desconocen hasta qué punto la fertilidad disminuye a partir de los 30 años y que una información temprana puede evitar frustraciones posteriores. El mensaje, subrayan, irá dirigido tanto a mujeres como a hombres.
El debate entre información y presión
La decisión ha abierto un debate profundo dentro y fuera del país. Para sus defensores, el Estado tiene la obligación de anticiparse a una crisis demográfica que puede comprometer la sostenibilidad económica en las próximas décadas. Argumentan que ofrecer datos médicos y opciones disponibles no equivale a imponer decisiones, sino a ampliar la capacidad de elección.
Sus detractores, en cambio, advierten del riesgo de que la medida se perciba como una intromisión en la vida privada. Señalan que la baja natalidad no responde a falta de información, sino a condiciones materiales adversas: empleos inestables, dificultades de conciliación y altos costes asociados a la crianza. Desde esta perspectiva, una carta oficial difícilmente revertirá tendencias marcadas por factores económicos y culturales de largo recorrido.
Además, algunos demógrafos recuerdan que las políticas familiares más eficaces históricamente en Francia fueron aquellas centradas en ayudas económicas directas, redes públicas de cuidado infantil y permisos parentales amplios, más que campañas de sensibilización.
Europa ante el espejo demográfico
La iniciativa francesa se enmarca en un fenómeno continental. La mayoría de los países europeos enfrentan un envejecimiento acelerado, con menos nacimientos y una proporción creciente de población mayor de 65 años. La diferencia es que París ha decidido visibilizar el problema con una acción directa y simbólica.
El “rearme demográfico” no es solo una cuestión de cifras, sino de modelo de sociedad. Mantener el equilibrio entre activos y jubilados, sostener la productividad y preservar el sistema de protección social depende en gran medida de la evolución poblacional. Francia, que durante años exhibió uno de los índices de natalidad más altos de la Unión Europea, teme ahora perder esa ventaja comparativa.
La incógnita es si un recordatorio oficial sobre la fertilidad logrará modificar decisiones profundamente personales o si el desafío requerirá transformaciones económicas y sociales mucho más amplias.