Durante décadas, Ghislaine Maxwell fue sinónimo de glamour, poder e influencia en las altas esferas sociales de Londres y Nueva York. Educada en Oxford, hija del magnate Robert Maxwell y habitual en fiestas de la élite financiera y política internacional, su caída fue tan estrepitosa como silenciosa. Hoy cumple una condena de 20 años en una prisión de baja seguridad en Florida por tráfico sexual de menores, condenada como pieza clave en la red de explotación organizada por Jeffrey Epstein.
De figura prominente en salones y portadas, pasó a convertirse en símbolo de un sistema de abusos sostenido por el silencio, el dinero y la impunidad.
La caída de una heredera: de Oxford a la prisión federal en EE. UU.
Nacida el 25 de diciembre de 1961 en Francia, Ghislaine Maxwell creció en el lujo de la alta sociedad británica, hija del magnate editorial Robert Maxwell y de una académica del Holocausto. Criada en Headington Hill Hall, una mansión cerca de Oxford, tuvo una infancia marcada por el abandono emocional y la presión familiar. Educada en Marlborough College y en la Universidad de Oxford, fue posicionada como figura pública antes de ser empresaria, algo que nunca llegó a consolidar.
En su entorno, Maxwell era vista como carismática y ambiciosa, interesada en el poder y la influencia. Sus primeros pasos profesionales fueron impulsados por su padre, quien la colocó al frente del Oxford United Football Club y de una empresa de regalos corporativos. Pero su principal aspiración parecía ser la integración en círculos de poder.
El cambio de rumbo tras la muerte de su padre
En 1991, poco después de que Robert Maxwell muriera ahogado tras caer de su yate -un hecho que Ghislaine siempre consideró sospechoso-, ella se trasladó a Nueva York.
Allí se integró rápidamente en la élite social estadounidense, donde organizaba eventos y frecuentaba círculos cercanos a figuras como Donald Trump y el príncipe Andrés. Fue en ese entorno donde conoció a Jeffrey Epstein, con quien entabló primero una relación sentimental y luego una sociedad criminal duradera.
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Maxwell encontró en Epstein una vía para mantener el estilo de vida ostentoso que había perdido tras el escándalo financiero que rodeó la muerte de su padre. Él, por su parte, aprovechaba la red social de Maxwell para acceder a personas influyentes y captar nuevas víctimas.
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Socia, reclutadora y abusadora: su rol en la red de Epstein
Según la fiscalía de Nueva York, entre 1994 y 2004, Ghislaine Maxwell reclutó, manipuló y facilitó el abuso sexual de menores en residencias de Epstein ubicadas en Nueva York, Florida, Nuevo México, las Islas Vírgenes y Londres. Las víctimas, en su mayoría niñas desde los 14 años, eran atraídas por Maxwell con promesas de regalos y experiencias lujosas.
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Ella ejercía un rol doble: tranquilizaba a las menores con su imagen de mujer adulta respetable, y al mismo tiempo las introducía en la red de abuso, preparando el terreno para Epstein o incluso participando directamente. Algunas víctimas aseguraron que les inspeccionaba el cuerpo, hablaba sobre sexo con ellas y, en ocasiones, las ofrecía a otros hombres.
La captura, el juicio y la condena de Maxwell
Maxwell fue arrestada en 2020, tras meses escondida en una propiedad en New Hampshire, y en 2021 fue condenada a 20 años de prisión por tráfico sexual de menores. En el juicio, la fiscal Audrey Strauss describió a Maxwell como “la arquitecta indispensable” en la estructura criminal de Epstein.
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Pese a que en el juicio alegó tener menos de un millón de dólares, los fiscales identificaron más de 15 cuentas bancarias a su nombre, con saldos que alcanzaban los 20 millones de dólares. Se demostró que entre 1999 y 2008 Epstein transfirió más de 30 millones a sus cuentas.
Actualmente, cumple su condena en una prisión federal de baja seguridad en Tallahassee, Florida, donde dedica su tiempo a yoga, pilates y footing. A sus 64 años, permanece en el centro de atención por lo que podría revelar sobre la red de Epstein y sus conexiones con las élites mundiales.
Maxwell frente al Congreso de EE. UU.: silencio y negociaciones
El pasado lunes, Ghislaine Maxwell compareció por videoconferencia ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes de EE. UU., desde la prisión donde cumple su condena. Como anticipó su defensa, se acogió a la Quinta Enmienda de la Constitución para no declarar y evitar autoinculparse, frustrando así las expectativas de obtener nuevos datos sobre el caso Epstein.
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El abogado de Maxwell ha indicado que su cliente está dispuesta a testificar abiertamente a cambio de un indulto presidencial, el cual solo puede conceder Donald Trump. La Casa Blanca, sin embargo, afirmó esta semana que el tema “no es una prioridad” para el mandatario y que no está siendo considerado activamente.
La comparecencia se enmarca en una nueva fase de la investigación parlamentaria sobre Epstein, en la que los legisladores han comenzado a revisar los archivos sin censura del caso, recientemente desclasificados por el Departamento de Justicia. Entre las revelaciones figura el nombre del secretario de Comercio, Howard Lutnick, cuya relación con Epstein habría sido más cercana y duradera de lo que se había admitido.
Las víctimas exigen verdad y transparencia
Organizaciones de víctimas como Mundo Sin Explotación han lanzado campañas públicas exigiendo que se publiquen todos los documentos relacionados con el caso Epstein. Reclaman especialmente que se identifiquen los nombres de los implicados que aún permanecen ocultos o censurados en los informes difundidos.
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En paralelo, legisladores republicanos y demócratas estudian nuevas medidas, como eliminar la prescripción para los delitos de tráfico sexual, y mantener abierta la presión sobre el Departamento de Justicia para que se revelen las identidades de seis hombres censurados en los últimos documentos.
Un testimonio codiciado y una red que aún genera sospechas
Aunque Maxwell ha guardado silencio formal, su abogado ha sugerido que solo ella puede limpiar los nombres de figuras como Donald Trump y Bill Clinton, presuntamente relacionadas con Epstein. “La verdad importa. Solo ella puede explicarla”, señaló su defensor.
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Mientras tanto, la figura de Maxwell sigue siendo clave para comprender el funcionamiento de la red de Epstein, cuyo creador murió en prisión en 2019, en un aparente suicidio que sigue generando controversia. El legado del caso continúa sacudiendo al poder político y económico, y la posibilidad de que Maxwell hable sigue siendo el elemento más buscado en un escándalo aún sin cerrar.