11 de enero 2026 - 9:46hs

El poeta chile Pablo Neruda amaba las palabras y decía que eran “flechas clavadas en la realidad”.

Es posible que Pedro Sánchez, el presidente de España desde hace ocho años, no haya leído completamente a Neruda e ignore la potencia devastadora de las palabras y de su significado.

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Solo de esa manera, para ser elegantes, se entiende que haya llamado “personas retenidas” a los presos políticos llegados esta semana al aeropuerto de Barajas, en Madrid, después de estar muchos meses presos en las cárceles de la dictadura chavista de Venezuela. Pedro los llamó “retenidos”.

Pero retenidos están aquellos que tienen alguna anomalía en su pasaporte y deben permanecer demorados en alguna oficina de esas oscuras y temibles que tiene los aeropuertos en los departamentos de Migraciones.

Retenidos unos minutos, retenidos unas horas a veces.

Los policías de Migraciones están entrenados para demorar a las personas sospechosas, y ponerlas nerviosas para que den el paso en falso y dejen al descubierto el delito que creen adivinar.

Lo que está claro es que las cinco personas que llegaron el último jueves a Barajas no eran personas retenidas. Son presos políticos, hechos y derechos, que debieron soportar meses y años en las cárceles del chavismo venezolano, prisiones que se han ganado su currículum como las peores del planeta.

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Seguramente no estaban retenidos los vascos José María Basoa y Andrés Martínez Adasme en la cárcel conocida como El Rodeo 1, cuya fama mundial creció con la brutalidad de sus carceleros y las sesiones de tortura a las que sometieron a mayoría de los presos. Mal lugar para estar retenido.

Los dos vascos, muchachos de treinta y pico de años, había sido arrestados en la selva amazónica hace dieciséis meses. Extraña retención entonces, con palizas incluidas y vejámenes que se irán conociendo cuando el dolor y el sufrimiento le abra paso las palabras. Esas que son como flechas.

Tampoco estaba retenido el periodista canario, Miguel Moreno Dapena, a quien llevaron a patadas a una cárcel después de bajarlo de un barco turístico en el Caribe. Otro treinta añero que llevaba veinte meses retenido. Otro que le puede contar a Pedro cómo es eso de que te retengan entre rejas.

Tampoco estaba retenido el valenciano Ernesto Gorbe Cardona, preso desde hacía un año porque se la había terminado el plazo de la visa.

Y mucho menos estaba retenida esa heroína de la resistencia al chavismo, la muy valiente Rocío San Miguel, la abogada venezolana con nacionalidad española a la que retuvieron en el aeropuerto de Maiquetía cuando abordaba un vuelo a Madrid junto a su hija.

Para que el presidente Pedro Sánchez y el Rey Felipe VI se enteren, la “retención” de Rocío estaba a punto de cumplir dos años en la cárcel más feroz del chavismo, conocida como “El Helicoide”.

Se trata de un mall construido en 1950, que nunca llegó a ser shopping y terminó convertido en una de las peores cárceles de América Latina.

Hugo Chávez se la cedió gentilmente al temido Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), para que sus integrantes se perfeccionaran en las artes de la electrocución, el colgado de presos de sus piernas y una de las torturas más famosas: la de meter la cabeza de los retenidos en una bolsa con sus heces. Hasta que se desmayaran. O se murieran.

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Por eso es interesante volver a las palabras.

A las flechas de Neruda y a la hipocresía que se esconde detrás de ellas cuando el primer motor inmóvil del lenguaje es la mentira. Pedro Sánchez habló el jueves en la Moncloa y también posteó en su cuenta de X para festejar la llegada a Barajas de los cinco españoles llegados desde Venezuela, vía Colombia.

“Celebramos la liberación de los españoles que han pasado más de un año retenidos en Venezuela”.

“¿Retenidos?”, ¿leímos bien?, era la pregunta que el mundo iberoamericano se hacía en el ya antiguo Twitter. ¿En serio?, ¿retenidos?, ¿los españoles?

Los presos políticos son presos políticos.

Por sus ideas, por sus palabras, por sus actividades. Jamás retenidos. Porque no tenían posibilidad de marcharse de las cárceles en las que estaban ni chance de que España hiciera algún reclamo lo suficientemente enérgico por ellos.

Presos, y presos políticos de una dictadura con la que el gobierno de Pedro Sánchez y del lobista José Luis Rodríguez Zapatero hacían amistad y buenos negocios.

La tristeza de semejante utilización de las palabras quizás no hubiera sido tan honda sino le hubiera seguido a la del desesperado Pedro Sánchez la de Felipe de Borbón, el Rey de España, quien habló el viernes ante los embajadores para sorprender con la misma ofensa del sufrimiento español en Venezuela.

Y pronunciando la palabra maldita.

“A todos debe alegrarnos la liberación de cinco compatriotas, y de otros ciudadanos que se hallaban igualmente retenidos… Supone un necesario paso en la dirección que anhelamos y que el pueblo venezolano merece. Y que no puede ser distinto al de recuperar plenamente las libertades”.

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José Luis Rodríguez Zapatero y Nicolás Maduro

José Luis Rodríguez Zapatero y Nicolás Maduro

¿Igualmente retenidos? ¿Tu también Felipe?

El video y las palabras como flechas del Rey Felipe VI corrieron como lava ardiente en las redes sociales. Mostrando la furia fácil de los antimonárquicos, pero también la aflicción y la decepción de muchos españoles que lo quieren bien. Tanto lo estiman como para que su imagen positiva sea mucho más alta que la del promedio de los dirigentes de su país.

Ni que decir del pesar de los venezolanos de Venezuela y del casi millón de exiliados que arrastran su pena de Madrid a Sevilla, y de Santiago de Compostela a Valencia.

Una defección del Rey que es el refugio de quienes apuestan a vivir muchos años en un país próspero y orgullo de su españolidad. Solo tenía que decir presos políticos. Tampoco era para tanto.

Jamás ciudadanos retenidos. Solo eso. Se sabe que España es una monarquía parlamentaria, que el Rey siempre debe seguir la línea trazada por el gobierno constitucional y ajustar sus discursos con el presidente de turno. Pero no le pedían tanto a Felipe.

Nadie consideraría una afrenta real que llamara presos políticos a los presos políticos españoles de Venezuela. A los cinco que volvieron, y a los quince que todavía están allí. Presos también.

Sobre todo, porque el Rey Felipe ha leído a Neruda y a tantos otros maestros de las letras españolas mucho más que Pedro Sánchez. Y porque, entre esas personas retenidas, está por ejemplo Rafael Tudares Bracho, el esposo de Mariana González, y el yerno de Edmundo González Urrutia, el presidente electo de Venezuela y exiliado en Madrid después del fraude chavista de Maduro y sus compinches.

El yerno de González Urrutia lleva un año retenido en alguna cárcel de Caracas. Su esposa y sus dos hijos pequeños lo buscaron en El Helicoide, y en algún otro pozo en el que pueda haber caído.

Es un preso político. Por más que les pese al Rey, a Pedro Sánchez y a Rodríguez Zapatero.

A nadie engañan ya diciendo personas retenidas. No en Venezuela. El mundo está alumbrando fenómenos extraños. Y uno de ellos es el de llamar, con mucha mayor frecuencia, a las cosas por su nombre.

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