18 de mayo 2024
16 de abril 2024 - 15:12hs

El mundo es un lugar fantástico hasta que empieza a sonar la música impredecible de la guerra.

Acostumbrado a sobrepasar a sus enemigos con un manejo asombroso del timing político, esta vez a Pedro Sánchez no le funcionó esa habilidad que tantas veces lo rescató a tiempo.

Desde hace dos semanas, el presidente de España trajina los aviones (el Falcon del estado español por el que tanto lo critican) con una propuesta contracíclica: conseguir socios para la consolidación del estado palestino.

Más noticias

Con esa bandera tricolor, se ha fotografiado con los gobernantes de Jordania, con el Emir de Qatar (el país que le da asilo a los jefes terroristas de Hamás) y con el monarca heredero de Arabia Saudi, Mohamed bin Salman, el reformista moderno y principal sospechoso de haber ordenado descuartizar al periodista saudí Jamal Kashoggi en 2018, dentro del consulado de Arabia Saudita en Estambul.

Su viaje como intermediario a favor de Palestina siguió en estos días en Noruega, Irlanda y continuaba en Bélgica.

Pero el fin de semana lo encontró chocándose con la ofensiva de Irán disparando drones y misiles contra ciudades de Israel.  

Pedro tenía buenas razones para avanzar con su iniciativa. La imperdonable ley de Amnistía; el oscuro Caso Koldo y ahora las denuncias contra su esposa, Begoña Gómez, por supuesta intermediación a favor de empresas privadas, lo tienen contra la espada y la pared.

La política interna se le viene convirtiendo en un infierno y están a la vuelta de la esquina las elecciones en el País Vasco (21 de abril), las de mayo en Cataluña y las legislativas de junio para el Parlamento Europeo.

La bandera palestina le permitía sumar simpatías entre los muchos militantes antijudíos de la izquierda española y también entre los nacionalistas vascos y catalanes a los que necesita en estos tiempos electorales.

Sánchez criticó con ferocidad la ofensiva israelí en Gaza (y los miles de muertos en ese territorio) mientras que el ataque iniciático del 7 de octubre, en el que Hamas asesinó, secuestró y violó a cientos de mujeres judías no le ocupó más que menciones aisladas en sus discursos progresistas de campaña.

Hasta la moderación extrema de Joe Biden y del gobierno de EE.UU. parecían favorecerlo.

Pero los drones y misiles iraníes cruzando el cielo de Oriente Próximo cambiaron el escenario y dejaron a Pedro Sánchez desnudo sobre el paraíso europeo.

Además de EE.UU., el Reino Unido, Francia, Alemania y, sobre todo, la Unión Europea con su secretario general a la cabeza (el español Joseph Borrell), condenaron enérgicamente el ataque iraní.

El llamado tibio dela noche del sábado a evitar una escalada regional dejó a Sánchez ubicado en una situación de soledad respecto del resto de las democracias importantes de Europa.

Comparen”, tuiteaba en la noche del sábado la diputada del Partido Popular, Cayetana Alvarez de Toledo, contrastando la energía de los socios europeos con la insoportable levedad del comunicado del presidente español. Las cosas habían cambiado.

Hasta Alberto Núñez Feijóo, dueño de una moderación que suele exasperar a sus compañeros del PP, no dudó en hacer pública su condena al ataque de Irán, acompañado por el entusiasmo público de los terroristas de Hezbollah y el silencio incómodo del resto de los países árabes.

La ofensiva iraní mereció la condena de gobiernos que suelen pronunciarse en contra de cualquier idea que provenga de Israel. Es el caso de Canadá, gobernada por el liberal Justin Trudeau, y hasta por México, liderado por el populista de izquierda Andrés López Obrador.

El costo político creció dramáticamente durante la madrugada del domingo.

Tanto, que Sánchez se vio obligado a hacer una condena mucho más convincente en la mañana del domingo en San Sebastián, mientras alentaba a sus candidatos para las elecciones en el país vasco. A destiempo y con sabor a nada.

Habrá que ver cuánto dura el empeño palestino de Sánchez y el entusiasmo de algunos socios europeos que venía recolectando. Todo parece estar cambiando muy velozmente con el cielo de Jerusalen iluminado por el haz de los misiles disparados desde Teherán.

En el otro extremo de Pedro Sánchez, el argentino Javier Milei suspendió su gira por EE.UU. y Dinamarca para volver a Buenos Aires y convocar a su gabinete en apoyo inequívoco de Israel en estas horas de incertidumbre.

Milei ya ha dejado en claro que sus alianzas geopolíticas irrenunciables pasan por Washington y por Jerusalén, adonde quiere llevar la embajada argentina del mismo modo en que lo hizo su amigo Donald Trump con la representación estadounidense.

Es un caso especial el de la Argentina. Hace treinta años, pagó su alineamiento con EE.UU. con un atentado terrible a la AMIA, el edificio de la mutual judía en Buenos Aires que dejó 94 muertos y más de 300 heridos.

Esta misma semana, la Justicia argentina acaba de condenar a Irán como estado terrorista y responsable de aquel ataque al que declaró imprescriptible. Un argumento más que justifica la posición que Milei había dejado en claro desde el comienzo mismo de su campaña electoral.

Son tiempos difíciles para enarbolar la histórica tercera posición que Juan Domingo Perón popularizó en la Argentina de hace ochenta años.

En estas noches de misiles y drones que llevan la destrucción a través de los cielos, Pedro Sánchez también deberá elegir si se queda del lado de la luz europea o si sigue intentando aprovechar el refugio de la oscuridad, siempre con la idea única y sospechosa de aferrarse al poder.

 

Temas:

España pedro sánchez Israel argentina Javier Milei Hamás

Seguí leyendo

Más noticias

Más noticias