13 de febrero 2026 - 12:59hs

El Café Pli, ubicado en el número 38 de la rue du Faubourg du Temple, en el distrito 11 de París, permite a sus clientes escribir cartas manuscritas para ser enviadas años o incluso décadas después, en una propuesta que recupera la correspondencia diferida.

Fundado en julio de 2024 por Geneviève Landsmann, es el primer “café de cartas” de Europa y el segundo del mundo, inspirado en Nuldam Space, un espacio de concepto similar en Seúl, Corea del Sur.

La iniciativa ofrece la posibilidad de redactar mensajes dirigidos a uno mismo o a otras personas, sellarlos y elegir una fecha futura para su envío, que puede extenderse hasta veinte años.

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Cómo funciona el primer café epistolar de Europa

Los clientes disponen de sobres, postales, pegatinas, bolígrafos, lápices y lacre para escribir sus cartas en el propio local, donde pueden acompañar la experiencia con una bebida incluida en el precio básico.

Una vez cerrados, los sobres se colocan en una pared con compartimentos asignados a cada día del año, y el equipo del café se encarga de enviarlos en la fecha seleccionada.

El servicio cuesta 15 euros si la carta se conserva hasta un año, 25 euros si se retrasa cinco años y 45 euros si el envío se programa a veinte años vista.

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Tarifas, garantías y envíos internacionales

El precio incluye bebida y material de escritura, mientras que el franqueo internacional tiene un recargo de cuatro euros para destinos fuera de Francia, sin distinción de continente.

En caso de cierre del establecimiento, los responsables aseguran que las cartas serán conservadas y enviadas por una persona designada, y los cambios de dirección pueden gestionarse por internet con un suplemento de diez euros.

Aunque el coste supera el precio habitual de un sello nacional, la propuesta se centra en la demora como elemento diferencial, al ofrecer la experiencia de escribir hoy para leer en el futuro.

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Un espacio cultural en el distrito 11 de París

El Café Pli funciona también como centro cultural, con talleres de escritura creativa, caligrafía, linograbado y acuarela, en un entorno cercano al Canal Saint-Martin y la plaza Jules Ferry.

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En el interior, mesas redondas ocupadas por clientes que redactan sus mensajes conviven con buzones repletos de sobres dirigidos a destinos como Francia, Canadá, Brasil, Sudáfrica, Alemania o Turquía.

La propuesta combina la práctica de la escritura manuscrita con la expectativa de reencuentro futuro, en una experiencia que transforma la nostalgia en un envío programado a largo plazo.

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