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El conteo preliminar de la Registraduría Nacional determinó que Abelardo De la Espriella, el abogado penalista que irrumpió al margen de los partidos tradicionales con una propuesta de derecha, es el nuevo presidente de Colombia al obtener el 49,6% de los votos frente al 48,7% de Iván Cepeda, candidato de izquierda. La diferencia de apenas 0,9% —248.315 sufragios— es la más estrecha de la historia.

La ley establece que la Registraduría realiza un conteo rápido, o preconteo, basado en las actas transmitidas por los jurados y procesadas en su software. Aunque no tiene efecto legal, históricamente ha sido muy preciso y por eso tiene impacto político. Luego se realiza el escrutinio oficial, avalado por jueces y notarios, que constituye el resultado definitivo. En la primera vuelta la diferencia entre ambos fue de apenas 0,1%.

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Seguidores de Abelardo de la Espriella

Tras el anuncio del preconteo, Iván Cepeda —filósofo y defensor de derechos humanos con el que la izquierda buscaba prolongar su permanencia en el poder, inaugurada por Gustavo Petro en 2022— declaró que “nuestro grupo de testigos, decenas de miles, abogadas y abogados, están procediendo a impugnar 33.000 mesas en todo el país. Una por una deberá ser objeto del escrutinio”.

Agregó que "una vez se produzca el resultado final del escrutinio, se hayan hecho las verificaciones correspondientes, reconoceremos el resultado oficial del escrutinio".

Al conocerse el preconteo, Abelardo De la Espriella declaró: “Estamos agradecidos con Dios por este milagro que ha obrado en medio de tanta situación compleja: el voto fusil, la compra de votos, la campaña que ha hecho el presidente de la República, los funcionarios repartiendo contratos. A pesar de todo eso pudimos derrotar al régimen y eso solo es posible con el favor de Dios”.

Iván Cepeda

De la Espriella convenció a la mitad de los colombianos con una propuesta de mano dura frente a los grupos armados, reducción drástica del Estado y un liderazgo que divide entre “los que nunca hemos gobernado” y “ellos, la clase política corrompida”. Sumó un ideario conservador —rechazo al aborto y defensa del trípode de Dios, patria y familia— que terminó de darle rostro a un movimiento respaldado por Donald Trump, quien contará con otro aliado en el hemisferio.

Durante gran parte de la campaña, Cepeda se dedicó a actos públicos en los que leía sus discursos con voz pausada y escaso uso de las redes sociales, mientras De la Espriella copaba ese universo con videos y piezas elaboradas con inteligencia artificial.

Analistas consideran que lo que hoy se ve en Colombia —ese ejército de ciudadanos que se entregan al discurso de derecha de Abelardo De la Espriella— es, en buena medida, el resultado de cuatro años de un gobierno de izquierda que se encerró en su propio relato. El “petrismo”, señalan, levantó un muro de sectarismo y soberbia, construyó un país ficticio donde solo sus seguidores eran “el pueblo” y todo lo demás quedaba reducido a una élite criminalizada.

Seguidores de Abelardo de la Espriella

“El peor error que ha cometido el petrismo es que ha hecho viable figuras como Abelardo de la Espriella”, dice Ronal Rodríguez, politólogo de la Universidad del Rosario.

Añade que “De la Espriella es uno de esos fenómenos de populismo por fuera del establecimiento que tenemos en América Latina” y advierte que su ascenso también se explica por el conservadurismo de las nuevas generaciones, profundamente tradicionales y sin conexión partidista. “Figuras como De la Espriella logran capitalizar parte de ese seguimiento, lo cual no deja de generar preocupación”, señaló.

“El Tigre” —como se hace llamar De la Espriella— tendrá el reto de gobernar un país dividido, con una izquierda que representa a la mitad del electorado y a la que ha amenazado sin tregua: “Sepan ustedes, señores de la izquierda, que en mí tendrán siempre un enemigo acérrimo, que hará todo lo que esté a su alcance para destriparlos”, prometió.

En respuesta, Gustavo Bolívar, exsenador y aliado de Cepeda, advirtió: “Los empresarios quedan notificados, los dueños de este país, del poder económico, quedan notificados, que de triunfar la alternativa violenta y de extrema derecha, este país se va a incendiar”. Si De la Espriella opta por continuar atizando la división las calles de Colombia podrían calentarse muy pronto con una izquierda volcada a hacerle oposición.

Abelardo de la Espriella

Ronal Rodríguez considera que muy probablemente el gobierno de “El Tigre” estará marcado por “una política retaliativa con una altísima confrontación y una altísima violencia”, profundizando la radicalización que ya atraviesa al país.

Además de la fractura en la sociedad colombiana, el nuevo mandatario tendrá sobre la mesa tres crisis de difícil solución.

La violencia

De la Espriella prometió romper con el plan de Paz Total impulsado por Gustavo Petro, un proyecto que buscó desarmar simultáneamente a la narcoguerrilla y a las estructuras criminales mediante mesas de diálogo que terminaron en un proceso desgastado, con avances mínimos y rupturas sucesivas.

Explicó en la campaña que contempla pedir ayuda a Estados Unidos e Israel para combatir a los grupos armados, incluso bombardeando campamentos. “En los primeros 15 días voy a capturar 10 cabecillas, capturándolos o dándoles de baja cuando se resistan, te aseguro que van a saber lo duro que muerde el tigre”, prometió.

El reto, sin embargo, es mayúsculo: la Fundación Ideas para la Paz, dedicada al estudio del impacto del conflicto armado, precisa en su último informe que los grupos ilegales se han fortalecido, aumentando su número de combatientes y afianzando su control territorial.

“A diciembre de 2025, estas estructuras sumaban más de 27.000 integrantes, entre hombres en armas y redes de apoyo, lo que representa un crecimiento del 23,5% respecto a diciembre de 2024. En solo un año, más de 5.000 personas se incorporaron a estas organizaciones ilegales”, señala el documento.

Los grupos armados ya no solo disputan corredores estratégicos: ejercen gobernanza criminal, capturan instituciones locales y diversifican sus economías ilícitas, que mueven recursos equivalentes al doble del presupuesto de Defensa. A ello se suma la ventaja tecnológica —con cerca de 500 ataques con drones explosivos registrados desde 2023— y el debilitamiento del Estado, cuya Fuerza Pública perdió 60.000 integrantes desde 2021 y apenas conserva el 46 % de su capacidad operativa.

Cifras en rojo

Impulsada por subsidios, alzas salariales y el buen desempeño del turismo, Petro deja una economía con bajo desempleo, reducción de la pobreza y un crecimiento discreto de 2,6% en 2025, pero también una bomba fiscal y un endeudamiento preocupante. El desbalance entre ingresos y gastos trepa al 6,4% del PIB, casi el doble del promedio histórico de 3,4% registrado entre 1990 y 2022. La deuda equivale al 61% del PIB, el nivel más alto de la historia contemporánea, mientras la recaudación tributaria sigue muy por debajo de las metas oficiales.

S&P y Moody’s rebajaron la calificación de Colombia, enviando una señal clara: prestar al gobierno es ahora más riesgoso. Esa percepción tiene consecuencias inmediatas, pues cuando la confianza se debilita el país se ve obligado a endeudarse a tasas más altas, incrementando aún más el costo de financiar al Estado.

Durante la campaña, De la Espriella se limitó a una receta sencilla: “recoger lo que hay sobre la mesa”, acabar con exenciones, corrupción y evasión, y con esos recursos activar motores como el agro, el turismo y las nuevas tecnologías. En paralelo, prometió dar “seguridad física y jurídica para recuperar la confianza de los inversionistas”.

Gustavo Petro

El Fondo Monetario Internacional advirtió en su último informe que Colombia necesita un ajuste fiscal “decisivo y creíble” para recuperar la confianza, reducir los costos de endeudamiento y mejorar el manejo de la política económica. La tarea recaerá en el vicepresidente Juan Manuel Restrepo, economista con trayectoria y exministro de Hacienda, quien deberá liderar desde ya un plan de reestructuración de la deuda con apoyo del organismo.

Salud en terapia intensiva

El 13 de febrero de 2026, en Bogotá, murió Kevin Acosta, un niño de siete años con hemofilia severa. Su tratamiento dependía de un medicamento que debía recibir cada 28 días, pero la empresa encargada de su atención dejó de suministrarlo desde diciembre. Tras una caída en bicicleta que le provocó una hemorragia intracraneal, el sistema de salud no reaccionó con la rapidez necesaria y el caso expuso la crisis del sector.

La mayoría de los colombianos está afiliada a Entidades Promotoras de Salud (EPS), que reciben recursos del Gobierno para gestionar convenios con médicos, hospitales, farmacias y laboratorios. Sin embargo, la cadena de atención está fracturada y amenaza con colapsar.

Las EPS alegan que el Estado no les asigna suficientes fondos y acumulan una deuda cercana a 7.000 millones de dólares con clínicas y hospitales, lo que se traduce en escasez de medicamentos y demoras de meses en la atención. Petro, en cambio, las acusa de corrupción y de inflar costos, por lo que recortó la financiación. También intentó una reforma legal para cambiar el modelo, pero el Congreso bloqueó la iniciativa.

Crisis de la salud en Colombia

De la Espriella ha prometido que en los primeros 90 días de gobierno dispondrá de un fondo para estabilizar el sistema: “En 90 días garantizo medicamentos y tratamientos, y pago a las EPS que cumplen, así como a médicos y personal hospitalario”, aseguró.

No obstante, no ha precisado de dónde saldrán los recursos. El vicepresidente José Manuel Restrepo sostiene que provendrán de una reestructuración interna: “Hay que recuperar dentro del sistema los recursos que están mal administrados”, afirmó.

Colombia ha dado un salto hacia una derecha dura, pero gobernar será mucho más difícil para De la Espriella que hacer campaña sobre la ola de polarización que lo llevó al poder. Como advierte Ronal Rodríguez, “tenemos problemas en el mediano, corto y largo plazo que ha dejado la administración Petro, que no se van a resolver con arengas”.

El nuevo gobierno llega además con un Congreso recién elegido en el que el Pacto Histórico, que agrupa a las fuerzas de izquierda, y el Centro Democrático, la derecha liderada por el expresidente Álvaro Uribe que apoyó a De la Espriella, concentran las mayorías. La negociación para asegurar gobernabilidad será compleja: la reforma tributaria, los cambios en salud y otras medidas de alto impacto deberán pasar por un Capitolio fragmentado.

El discurso de El Tigre encendió las plazas; gobernar la tormenta será mucho más arduo que agitarla.

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