22 de junio de 2026 16:26 hs

Con el preconteo de la Registraduría Nacional —que históricamente ha coincidido con el escrutinio final avalado por jueces— la victoria de Abelardo De la Espriella en las presidenciales de Colombia trasciende el ámbito interno: se convierte en un capítulo más del viraje continental que desplaza a la izquierda y consolida a la derecha como fuerza dominante en América Latina.

Considerando el giro en Colombia y el virtual triunfo de Keiko Fujimori en Perú, entre 2023 y 2026 las fuerzas de derecha, con sus matices, se han impuesto en doce elecciones presidenciales de América Latina. El nuevo mapa reduce a la izquierda a cuatro gobiernos: México, Guatemala, Uruguay y Brasil, dejando al margen a Venezuela donde la intervención militar de Estados Unidos ha generado un tutelaje sobre el gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez.

Este giro marca una nueva etapa en las tendencias políticas de los últimos veinte años. A comienzos de siglo, líderes de izquierda capitalizaron el descontento con las reformas de mercado de los 80 y 90. La “marea rosa” se sostuvo en el auge de las materias primas impulsado por el ascenso de China y, hacia 2006, la izquierda prevalecía en la región con mandatarios como Hugo Chávez, Evo Morales, Lula y Néstor Kirchner.

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Cuando el auge económico se apagó, centristas y conservadores recuperaron espacio en países como Argentina, Chile y Brasil, pero pronto se volvieron impopulares por el estancamiento de ingresos y el bajo crecimiento. La desigualdad y la justicia social dominaron la agenda. Entre 2018 y 2023, los votantes castigaron a los gobiernos en la gran mayoría de las elecciones y llevaron al poder a figuras de izquierda como Gabriel Boric en Chile y Gustavo Petro en Colombia. Esta segunda marea rosa, sin embargo, fue breve y frágil.

Rasgos comunes

Henning Suhr, director de la Fundación Konrad Adenauer, explica en su análisis El panorama político latinoamericano a la derecha que la mayoría de los nuevos presidentes llegaron al poder prometiendo mano dura contra el crimen, el narcotráfico y la corrupción. Al mismo tiempo impulsan políticas de libre mercado para atraer inversión y reactivar las economías, y se presentan como defensores de valores tradicionales —familia, religión e identidad nacional— frente a las agendas de izquierda.

La mano dura contra los grupos criminales es un rasgo común de la nueva derecha

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De la Espriella encaja en ese patrón regional. En medio del auge de la violencia y el fortalecimiento de los grupos armados, planteó retomar los bombardeos con apoyo de Estados Unidos y construir megacárceles. En paralelo, propuso reducir el tamaño del Estado para ampliar el rol del sector privado y se acercó a sectores religiosos con posturas conservadoras sobre temas como el aborto y la adopción por parejas del mismo sexo.

“Un rasgo notable de esta derechización es la participación de las nuevas generaciones”, señala Henning Suhr. Jóvenes votantes, incluso primerizos, se han convertido en la principal base de apoyo de líderes de derecha o antisistema. La narrativa progresista que hace una década seducía a la juventud perdió brillo, y hoy predomina una apertura hacia soluciones no convencionales.

Para muchos jóvenes, las dictaduras del siglo XX son un recuerdo lejano que no pesa en su visión política. En cambio, su experiencia está marcada por escándalos de corrupción, crisis económicas y el estancamiento social bajo gobiernos de izquierda. Ese trasfondo explica por qué se muestran más receptivos a discursos de derecha o antisistema.

Partidarios de De la Espriella

Partidarios de De la Espriella

“Las redes sociales han sido catalizadoras del cambio, permitiendo a los candidatos derechistas llegar a jóvenes con mensajes emocionales y simples, que captan el espíritu del momento y se viralizan rápidamente”, explica Suhr.

El politólogo Jesús Castellanos sostiene que hay distintas variables a considerar, pero afirma que los triunfos recientes de la derecha en la región no obedecen principalmente a una confrontación ideológica, sino al desgaste de los gobiernos salientes y al peso de figuras con fuerte arraigo. “Debe quedar claro que estos personalismos afectan significativamente el voto en varios países de la región”, subraya.

Destaca que en Perú, la disputa sigue marcada por el fujimorismo y el antifujimorismo; en Bolivia, la figura de Evo Morales continúa condicionando el escenario político; en Ecuador persiste la influencia de Rafael Correa; y en Colombia, tanto el cuestionamiento a la gestión de Petro como el apoyo del expresidente Álvaro Uribe incidieron en el triunfo de De la Espriella.

El virtual triunfo de Keiko Fujimori en Perú también inclina el péndulo a la derecha

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La Casa Blanca

Tras conocerse el resultado del preconteo en Colombia la Casa Blanca no ocultó su entusiasmo. El secretario de Estado, Marco Rubio, señaló que “gracias a nuestra estrecha cooperación bilateral y bajo el liderazgo del presidente electo De La Espriella, los mejores días de Colombia están por venir”.

Asimismo el secretario del Tesoro, Kenneth Bessent, escribió en su cuenta de X que “Colombia es el último ejemplo de cómo los votantes de toda América Latina rechazan las políticas izquierdistas fallidas y optan, en su lugar, por apoyar a defensores del mercado y del crecimiento, que abogan por la prosperidad económica y las libertades”.

Cuando De la Espriella encabezó la primera vuelta y aseguró su pase al balotaje del pasado domingo Donald Trump lo apoyó explícitamente señalando que “los resultados de estas elecciones son muy importantes para el futuro de Colombia y su relación con Estados Unidos” y agregó que “debido a sus tremendos logros en la vida y a su apoyo político hacia mí, personalmente, es para mí un honor dar a Abelardo mi completo y total respaldo”.

De la Espriella agradeció a Donald Trump su “apoyo decidido” y prometió fortalecer las relaciones entre Estados Unidos y Colombia “como nunca antes”. Durante la campaña adelantó que, al igual que Keiko Fujimori en Perú, busca sumar a Colombia al Escudo de las Américas, la alianza creada por Trump con gobiernos de derecha de la región y definida como una coalición militar para erradicar los carteles criminales.

De la Espriella, abogado de 47 años, vivió en Miami y en 2023 se naturalizó como ciudadano estadounidense. “Es fundamental entender que los Estados Unidos de Norteamérica son determinantes para combatir el crimen, el narcoterrorismo y poder liberar a Colombia de una vez de tanto dolor y de tanta violencia”, dijo durante la campaña.

Los nuevos gobiernos de derecha ven más oportunidades que riesgos en alinearse con Washington. La administración Trump ha prometido respaldarlos, estrechar los lazos comerciales y ayudarlos a estabilizarse, como ocurrió con el apoyo al presidente boliviano Rodrigo Paz en medio de las protestas sindicales. Los mandatarios han respondido con pragmatismo, buscando apoyo económico y estratégico de la Casa Blanca. Ahora, Colombia se suma a la lista.

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